No es un secreto que el estallido social impactó de forma significativa la actividad económica del país. El principal referente mensual de la actividad económica nacional (IMACEC) mostró una contracción de un 3,4 y 3,3 % durante los meses de octubre y noviembre de 2019, y una expansión de 1.1 y 1.5 % en los meses diciembre 2019 y enero 2020, respectivamente. Por otro lado, la tasa de desempleo, aparentemente más resiliente, no cambió y se mantuvo en 7 % a nivel nacional, aunque mejoró en la región, pasando de 7,3 a un 6,3 % en el trimestre móvil octubre diciembre del año pasado.

A diferencia de la tasa de desempleo, el IMACEC no cuenta con una contraparte regional. Su único símil sería el PIB regional (PIBR), que es de frecuencia anual y publicado con un desfase de, al menos, ocho meses por el Banco Central.

Bajo este escenario, cuantificar las posibles repercusiones de este tipo de eventos de baja probabilidad y alto impacto en la economía regional es una misión difícil.

La falta de información regional de fácil acceso y frecuencia oportuna solo contribuye al ambiente de incertidumbre y de especulación. Como ya mencionamos en columnas anteriores, el departamento de economía de nuestra Facultad desarrolló un Índice Trimestral de Actividad Económica (ITAE), que se basa en una metodología de indicadores líderes compuestos para los diferentes subsectores de la economía, los cuales podemos observar en forma oportuna y con mayor frecuencia.

La figura uno muestra la proyección del PIB regional, previo al estallido social, versus la realización del PIB regional observado, basado en nuestro índice. De acuerdo con nuestras estimaciones, si no se hubiese producido el estallido social, el PIB regional debería haber crecido un 0,30 % el último trimestre del año 2019, implicando un crecimiento anual de 1,66 %.

Sin embargo, producto del estallido, observamos una caída de 6,71 % en el último trimestre de 2019, implicando un crecimiento anual de -0,39 %. Lo anterior significa que, producto de la crisis social, el PIB en el último trimestre de 2019 fue un 7 % más bajo y en frecuencia anual un 2,05 % menor, impacto que desagregamos por sector económico en la Tabla 1 y que muestra, por ejemplo, que los sectores construcción, vivienda e industria manufacturera fueron los más afectados por la crisis.

La existencia de indicadores nos permite generar una cuantificación del impacto, cuya precisión depende de los datos existentes. Por ello se requiere desarrollar estadísticas regionales e incluso comunales que sean lo más robustas posibles, de manera que quienes toman las decisiones cuenten con información oportuna y fiable. Así, además, se pueden mejorar las políticas públicas locales, focalizarlas y evaluarlas oportunamente, reduciendo el costo de su aplicación y ahorrando valiosos recursos al Estado.

“Ahora que estamos frente a otro desastre económico con proyecciones insospechadas, originada por el Covid-19, donde se espera que la actividad económica caiga en forma similar o mayor que la del último trimestre del 2019 -dependiendo de la duración del episodio-, la información oportuna es más valiosa que nunca”.

Ahora que estamos frente a otro desastre económico con proyecciones insospechadas, originada por el Covid-19, donde se espera que la actividad económica caiga en forma similar o mayor que la del último trimestre del 2019 -dependiendo de la duración del episodio-, la información oportuna es más valiosa que nunca. Los impactos serán nacionales, pero también localizados en algunas comunas que han sido más afectadas por la pandemia. Por desgracia, en el país no contamos con información altamente desagregada en forma periódica, como sí existen en muchos países desarrollados.

Académicos del departamento de Economía FACEA UCSC

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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