De los aprendizajes en las crisis y la educación

Roger Sepúlveda Carrasco, Rector de la Universidad Santo Tomás Región del Biobío.

De cada problema, el hombre ha sido siempre capaz de obtener un aprendizaje. Ya sea que se trate de temas personales, como buscar trabajo, o de otros mayores, que afectan a toda la humanidad.

Recientemente, los intentos por prevenir el contagio por Covid-19 nos han impuesto un drástico cambio en nuestra forma de vida, obligándonos a quedarnos en casa, a utilizar elementos de protección personal como mascarillas, guantes y alcohol gel, y a modificar nuestra manera de saludarnos y de reunirnos. Sin embargo, también nos ha hecho valorar, como nunca antes, la vida de nuestros seres queridos.

Las restricciones a la movilidad también nos fuerzan a cambiar los hábitos laborales, impulsando sistemas de trabajo flexible y de teletrabajo, haciendo mayor y mejor uso de las nuevas tecnologías. Esto es posible también gracias a que, en tiempo récord, los legisladores aprobaron la ley de Trabajo a Distancia y Teletrabajo, que dormía desde 2018 en el Congreso.

Esta norma introducirá mayor flexibilidad en la dinámica de trabajo, y brindará más oportunidades laborales, permitiendo a quienes se han visto alejados de sus lugares de trabajo para enfrentar la pandemia acceder a una nueva realidad laboral, la que podrán desempeñar desde la seguridad de sus casas.

Otro importante impacto generado por las medidas establecidas para la contención del Covid-19 ha sido el cierre de miles de escuelas y liceos. Así, en todo el mundo, casi mil millones de niños y jóvenes se mantienen sin asistir a sus lugares de estudio.

…nadie podrá negar que esta es una oportunidad única para repensar la educación, ampliar el aprendizaje a distancia y hacer que los sistemas educativos sean más resistentes, abiertos, inclusivos e innovadores”.

Esto ha exigido a las entidades educativas desplegar nuevos recursos para favorecer el aprendizaje a distancia de sus estudiantes. Así, en mayor o menor medida, todos han debido avanzar en el manejo de herramientas tecnológicas en pocos días. Algo que, de no ser por esta situación, habría tomado años. Es verdad que muchas instituciones han debido capacitar a sus docentes para enfrentar esto, y también que muchos jóvenes no estaban del todo preparados en materia digital, pero igual se avanzó hacia lo que todos suponemos que será la enseñanza del futuro.

Esto también puso en evidencia algunas materias pendientes de la política pública, como la importante desigualdad en el acceso a conectividad, la que se profundiza en relación con las diferencias socioeconómicas y a la condición de ruralidad.

Aun así, nadie podrá negar que esta es una oportunidad única para repensar la educación, ampliar el aprendizaje a distancia y hacer que los sistemas educativos sean más resistentes, abiertos, inclusivos e innovadores. Balzac decía que “en las grandes crisis el corazón se rompe o se curte”. Esperemos que la acción coordinada, sumada a la responsabilidad individual y colectiva, permita minimizar los daños humanos y económicos, y que el ingenio y la imaginación posibiliten descubrir nuevas oportunidades para nosotros y para toda la especie humana.

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