DE RECTORES, RECTORÍA Y UNIVERSIDADES

col-contreras

Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
Abogado, Máster y Doctor en Derecho. D.Gr. en Criminología. Dr. en Ciencias Políticas y Sociología.

Hace unos pocos días los académicos de la Universidad de Concepción debimos concurrir a las urnas para elegir entre los tres candidatos a rector en una primera vuelta eleccionaria. Sabido es que en la ocasión no salió humo blanco y que debimos votar en una segunda vuelta entre dos candidatos. Tanto en la primera como en esa segunda instancia todos y cada uno de los competidores de indudable capacidad y valía.
En el caso, tengo una historia de más de 40 años de trabajo en esta casa de estudios superiores. Es decir, una vida. Inicié mi camino como ayudante alumno en la década de los setenta. Hoy, he llegado a la culminación de mi estatus académico, sintiéndome auténticamente feliz de haber recorrido esta ruta. Cuarenta largos años como profesor de aulas. Para mí el auténtico profesor. Para otros, que suelen hablar de investigación por sobre la docencia, un profesor de rango menor. En esta universidad tuve la suerte de alcanzar a conocer a figuras tales como David Stitchkin, enorme rector, hombre del Derecho, cultísimo. Luego supe de la bonhomía e inteligencia de Edgardo Enríquez, detrás de él caminé protestando por las calles de Concepción en defensa de nuestra universidad. En fin, otra figura notable, mi querido profesor, ex decano y rector Augusto Parra, magnífico orador. Fui su alumno y desde entonces me he sentido su amigo. Y, así, de pronto llegamos a la figura de Sergio Lavanchy, ingeniero de vastísima experiencia profesional y académica, reconocido por sus pares. Llegó en momentos extraordinariamente difíciles para nuestra universidad. Conformó un notable equipo de colaboradores académicos, logrando equilibrar la desgastada situación por la que atravesaba nuestra casa de estudios superiores. Nadie puede alegar lo contrario. El que lo hace es un mal agradecido.
La última vez que había reflexionado sobre rectores, rectorías y universidades fue en un viaje a Europa, hace algunas décadas, en medio del Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid, con uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Me refiero al filósofo Julián Marías, sin duda, el más grande de las últimas centurias, sabedor por excelencia del tema. Sí, el mismo que había estampado la sentencia o frase “trozo de vida humana objetivada”, y que había fundado aquella vieja teoría que desde siempre hiciera mía, me refiero a la “del mal agradecido”. Execrable teoría que recordé cuando Sergio Lavanchy no alcanzó el triunfo en la primera vuelta. Pero, más pudo lo justo por naturaleza y hoy los académicos de una vida en el campus de la Universidad de Concepción nos sentimos felices, puesto que la vieja teoría de Julián Marías no pudo con su mala uva destrozar las riberas del Bío Bío ni superar la magnífica sombra del Cerro Caracol, patrimonio de todos los penquistas, de igual forma y manera que la Universidad de Concepción.

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