De vacunas y esperanzas

Roger Sepúlveda Carrasco, Rector Universidad Santo Tomás, Región del Biobío.

“¿Quién dijo que todo está perdido?” dice la frase que da inicio a Yo vengo a ofrecer mi corazón, una maravillosa canción de Mercedes Sosa que, de la mano de bellas melodías y mensajes de anhelo por tiempos mejores, pareciera regalarnos una esperanzadora calma. Y es que después de más de un año de cruel pandemia, con noticias y escenarios de desesperanza, dolor, enfermedad y muerte, este mensaje emerge con fuerza desde la oscuridad, tal como la esperanza que sentimos gracias al gran esfuerzo que Chile está llevando adelante con la campaña de vacunación contra el Covid 19 a lo largo de todo el territorio nacional.

Es que, quizás, como nunca antes en el mundo esta vacuna tiene un significado tremendamente esperanzador. Ya el primer día de inoculación en Chile, unas 140 mil personas recibieron su primera dosis, en un proceso que buscará alcanzar en marzo un total de 5 millones de vacunados, según ha informado el gobierno. El programa de inoculación masiva comenzó con las personas mayores de 90 años, quienes dieron el ejemplo acudiendo de manera ordenada y con gran sentido de responsabilidad (y esperanza) a uno de los 1.422 recintos habilitados en todo el país.

Centros de salud, consultorios, universidades, estadios, dependencias municipales y plazas fueron algunos de los lugares escogidos para esta tarea. Todo Chile estaba pendiente de ello, y sus habitantes, con la más firme disposición para derrotar la desesperanza y el miedo a través de esta “simple” vacuna. Y fueron los chilenos más longevos, quienes más han sufrido en esta pandemia, los que nos hicieron comenzar a darnos cuenta de que no todo estaba perdido, demostrando que sus años no eran impedimento para querer seguir viviendo, para continuar soñando, y que dar el ejemplo era la mejor forma de enseñar al resto de la población.

El mundo nos mira expectante, gratamente sorprendido, pues Chile aparece liderando las campañas de vacunación contra el Covid-19 en el mundo entero. Una bofetada para aquellos países, incluso vecinos, que al inicio de la pandemia en 2020 criticaron nuestro manejo de esta cruel enfermedad. Hoy, el volumen de la pregunta “¿Quién dijo que todo está perdido?” pareciera acallar, y con fuerza, esas comparaciones y burlas.

Como pocas veces, los chilenos estamos unidos para hacer frente a este desafío, complacidos de poder sentirnos orgullosos y esperanzados de lo que, como país, estamos haciendo.

Con meses de antelación, Chile generó convenios para comprar cerca de 36 millones de dosis de vacunas contra el Covid-19 a los laboratorios Pfizer, Sinovac, Johnson & Johnson y AstraZeneca. Por ahora, no hay pacto con Moderna, pero no se descarta próximamente avanzar también en las negociaciones para obtener la vacuna rusa Sputnik V. Pero, mientras tanto, la campaña de inoculación gratuita y voluntaria a lo largo de todo Chile sigue avanzando, día a día, sin interesar si se es de Fonasa o Isapre, sin que importe o se mida el poder adquisitivo de cada inoculado, o sin importar si llegas a vacunarte en tu ciudad de origen o en otra.

¡Qué país tan grande seríamos si este espíritu de unidad, trabajo y confianza prevaleciera siempre! Hoy Chile es un ejemplo para el mundo, y nadie duda que quizás ahí esté la clave para salir adelante, para que Chile y sus habitantes avancen de la mejor manera. “Hablo de países y de esperanzas… hablo por la vida” continúa diciéndonos la canción de Mercedes Sosa. Al menos hoy, a pesar de la pandemia (o gracias a ella) hemos aprendido que siempre hay esperanza, que no todo está perdido y que la única forma de salir adelante es trabajando juntos. El camino ya está trazado.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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