“DEJAD QUE EL VIENTO DANCE ENTRE VOSOTROS”

Una de mis hijas me comentó que sentía mucha tristeza porque otra de sus amigas se había separado.  ¿Cuánto duró ese matrimonio? Un año y medio.  “Matrimonio express”, pensé de inmediato y me puse a buscar un libro que muchos pensarán que está obsoleto.  Cuando encontré “Los Hombres son de Marte,  las Mujeres de Venus”, de John Gray, y lo releí, comprobé su vigencia, no tiene nada de “out”, sino de “in”.
Entendí muchas cosas y traté de encontrar una pista, un indicio del por qué tanto fracaso.  A mi juicio, el elemento básico y crucial es que las mujeres no tenemos idea cómo piensan los hombres y los hombres ni la más remota información de cómo pensamos y sentimos las mujeres. Entonces sobreviene el quiebre.
Las mujeres somos como las olas, nuestra autoestima sube y baja con movimientos ondulantes.  Nuestros estados de ánimo sufren cambios repentinos.  Un día estamos pegadas al techo y al otro, bajoneadas o pasándonos “rollos”.  Hasta el clima nos influye.  Un día gris, para mí, es un día fatal.  ¿Y cómo reaccionamos frente a este cuadro? Hablando. Hacemos catarsis con nuestras amigas y hasta con nuestras peluqueras.
Lo que está claro es que los hombres necesitan ser admirados por sus logros, y las mujeres necesitamos ser amadas, valoradas y escuchadas.
Cuando un hombre se torna repentinamente silencioso y ausente tenemos que poner ojo.  O dejó de estar enamorado y hay que comenzar la reconquista de nuestro macho, o tiene un problema relacionado con su entorno laboral.  ¿Y qué hace?  No habla de ello. Para sentirse mejor, los hombres se meten en cuevas, como los cavernícolas, para resolver sus problemas solos.  Entonces surgen diálogos típicos, como los siguientes: “Siento como si no estuvieras aquí”, dice ella.  “Por supuesto que estoy aquí” ¿Acaso no me ves? contesta él.  “Ya no me amas”, vuelve ella a la carga.  “ No necesito repetírtelo cien veces al día”, aduce él.
¿Qué hacer cuando nuestros cavernícolas se meten en sus cuevas? Dejarlos tranquilos.  No desaprobar su necesidad de retirarse.  No sentarse junto a la puerta de la cueva hasta esperar que salga.  No atosigarlos.  Esta palabra es clave y válida para hombres y mujeres.  Después de transcurrido el período de enamoramiento y lo que era dependencia (“no puedo vivir sin ti”) se transforma en rutina, es importante llegar a la plena maduración dual y buscar una mayor autonomía personal.
Válido, y bellos son los versos del maestro hindú Khalil Gibrán:  “amaos, pero no hagais del amor una atadura.  Haced del amor un mar móvil entre las orillas de vuestras almas.  Cantad y bailad juntos, pero que cada uno de vosotros sea independiente.  Las cuerdas de un laúd están separadas, aunque tiemblen con la misma música.  Y permaneced  juntos, pero no demasiado juntos.  Porque los pilares sostienen el templo y están separados y así, dejad que haya espacios en vuestra cercanía y dejad también que los vientos del cielo dancen entre vosotros.  Así permanecerán  juntos para siempre hasta cuando las blancas alas de la muerte esparzan vuestros días”.

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