Derecho: Crisis interpretativa

De lo más hermoso de nuestro querido Chile son los aforismos y frases populares. Esas que reflejan sin más aquello que es así y no de otra manera, como diría el capataz del fundo del tío Robinson, en las riberas del río Toltén: “Se cae de maduro”.
En la casuística jurídica el asesino está confeso, y la confesión es la reina de las pruebas. Pero, de pronto, el barroquismo jurídico representado en el criterio de algún juez o magistrado, hace que teniendo presente un mínimo procesal, se le permita doblar la mano al criterio jurídico preñado de justicia, ese que “se cae de maduro” y se deja al imputado libre. Y, una vez más las familias chilenas ven estupefactas cómo el criminal queda libre gracias al requiebro procesal o de otro orden que pese a su nimiedad es capaz de valer más que una vida humana. Tenemos un tremendo problema con la interpretación jurídica, lo que se transforma en una indeseable fábrica de inseguridades que la ciudadanía atónita no puede entender. Por cierto, la tarea de hacer justicia es difícil. Situación que no debe abrir la puerta a la incerteza e inseguridad jurídica, como lo viene apreciando progresivamente la ciudadanía chilena en esta delicada área del Derecho en que campea el descriterio y se pasea la lógica de lo irrazonable.
Nuestra magistratura, que históricamente constituye razón de orgullo nacional, no debe olvidar que antes y primero el Derecho es un trozo de vida humana, que luego se objetiva en una norma, precepto, ley, código, constitución. Esa magnífica perspectiva raciovitalista (de razón y de vida humana) es la que hace del Derecho Occidental un bien extraordinariamente preciado desde su primera formación hasta nuestros días. Es que desde la época de Ariosto constituye un axioma el que el valor de tan solo una vida humana es francamente inestimable. De manera que, cualquier apéndice procesal o de ilógica jurídica debe necesariamente permanecer a distancia sideral.
La población chilena, con esta increíble línea de evidentes desaciertos sentenciales, se pregunta con razón ¿Qué le esta pasando a nuestro Derecho? ¿A qué se debe tal crisis interpretativa? Continuar por esa injusta senda interpretativa es en sí misma una violación al criterio jurídico. Resulta del todo imperioso volver a la otra lógica, a la lógica de lo razonable. Hasta pareciera, a decir de las gentes y familias chilenas que el sentido común es el menos común de los sentidos en este codo sur de América. No, no puede ser que la fase más excelsa del Derecho, el de la interpretación jurídica, se esté constituyendo en una insalvable barrera entre el ciudadano y sus apreciados Tribunales de Justicia. Ese, sería el mundo al revés.
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
Dr. en Ciencias Políticas y Sociología.

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