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Si realmente Chile cambió es algo que se verá más adelante, cuando entren en régimen las reformas sociales, políticas, económicas y de temas sobre seguridad propuestas por el Gobierno como respuesta al estallido social. Ahí veremos el impacto que estas tendrán en la vida de los chilenos, y cuánto de solución aportarán a los problemas para los que hoy se demandan respuestas en las calles. Lo que sí está más claro es que la sociedad que surgió tras la crisis, o que se fue moldeando con ella, exigirá estándares más rigurosos en el actuar de quienes detentan posiciones de poder en el entramado social: de los políticos, de quienes ocupan cargos en el gobierno o de elección popular, de los empresarios y, también, una forma de comportamiento tal vez más comprometida para los mismos ciudadanos.

Académicas, politólogas, representantes de organizaciones sociales y un empresario opinan sobre estos desafíos, de lo que ya existe y de lo que falta por hacer.


Paulina Astroza: “Existirá un mayor control público”.

Abogada egresada de la Universidad de Concepción y Doctora en Ciencias Políticas y Sociales. Es profesora de Derecho Internacional, Relaciones Internacionales e Integración Europea, y titular de la cátedra Jean Monnet de la Unión Europea. También es columnista de medios escritos y de televisión.

Paulina Astroza, Doctora en Ciencias Políticas y Sociales.

-¿Qué requisitos, desde el punto de vista ético, deberían cumplir los políticos en este nuevo Chile?
”Primero, deben tomar verdadera conciencia de que, como servidores públicos, tienen que trabajar para lograr el bien común, es decir, el bienestar general de la sociedad. No son elegidos para fines particulares, sean del partido al que pertenecen, lobbies, grupos de interés y, menos aún, personales. Es necesario recuperar la ética en la política en todo sentido. También deben desarrollar la empatía, ponerse en el lugar de los demás, abandonar las burbujas en que las élites en general suelen moverse y que las desconectan de las necesidades de la ciudadanía. Tercero, trabajar por la dignidad de las personas, independientemente del poder adquisitivo o influencia social que tengan. Igualdad de trato”.

-¿El perfil de una autoridad electa deberá ser distinto del de una autoridad designada?
“Ambas deben cumplir con lo señalado anteriormente. La ética en la política no depende del origen del nombramiento. Una autoridad designada o que surja de las urnas debe cumplir en el desarrollo de sus cargos con honestidad, transparencia, empatía, conexión con la ciudadanía y velar porque gracias a sus decisiones se tenga una sociedad más justa, equitativa y con dignidad de las personas. Esto, que uno piensa para las autoridades públicas, la verdad es que corre igual para el resto de la sociedad. Obviamente que cuando además se cuenta con la confianza de los electores, la responsabilidad es aún mayor y se tiene que actuar en consecuencia por la fe pública depositada en ellas”.

-¿Cómo debería ser una regulación que efectivamente evitara los conflictos de intereses de quienes desempeñan cargos políticos?
“Hoy existe normativa que rige este punto, y que es aplicable. Siempre se puede mejorar y perfeccionar. En relación con otros temas vinculados a la pregunta, particularmente con los cargos de elección, me parece interesante incorporar lo relativo al control de las promesas electorales, básicamente por la medición objetiva y pública del cumplimiento de lo ofrecido. Hoy es muy fácil prometer lo que sea, sabiendo que no se genera ninguna consecuencia posterior. Por lo menos que haya cuenta pública… Hoy existirá un mayor control público, no porque las normas lo establezcan, sino porque la ciudadanía estará aún más atenta a las promesas electorales, y exigirá rendición de cuentas”.

 


 

Jeanne Simon: “Los políticos deberán ser responsables, solidarios, empáticos y autodisciplinados”.

Cientista política con maestría y doctorado de la Universidad de Denver (EE.UU.). Originalmente de Estados Unidos, vive en la Región del Biobío hace más de 20 años. Es profesora asociada del Departamento de Administración Pública y Ciencia Política, de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UdeC.

Jeanne Simon, Cientista política.

-¿Qué requisitos, desde el punto de vista ético, deberían cumplir los políticos en este nuevo Chile?
“Desde la ciencia política, reconocemos que un político busca el poder, pero también la democracia requiere que ellos cumplan valores éticos mínimos. Primero, deben velar por el buen funcionamiento de la democracia y una justicia imparcial. Así, en su actuar no puedan usar su cargo para buscar un interés individual, sino que deben orientarlo para facilitar la deliberación pública y la convivencia pacífica entre intereses en conflicto. Otro requisito mínimo es ser honesto/a y transparente en sus decisiones, en especial con las grandes empresas. A estos valores yo agregaría responsabilidad, solidaridad, empatía y auto-disciplina”.

-¿El perfil de una autoridad electa deberá ser distinto del de una autoridad designada?
“Hay ciertas características que toda autoridad debe tener. Entre ellas, el conocimiento de las responsabilidades de su cargo y suficiente conocimiento técnico para tomar decisiones. Como las autoridades elegidas deben responder a sus electores, las mejores tendrán la capacidad de interpretar las diversas demandas y transformarlas en políticas y programas. En contraste, las mejores autoridades designadas deben responder al gobierno, implementando de manera efectiva y eficiente las decisiones tomadas por otros. Debido a estas diferencias, las autoridades elegidas son más cercanas a la ciudadanía, pero esta cercanía puede debilitar su visión estratégica al concentrarse solo en satisfacer demandas cortoplacistas”.

-¿Cómo debería ser una regulación que efectivamente evitara los conflictos de intereses de quienes desempeñan cargos políticos?
“Considerando que la ciudadanía todavía percibe que los intereses privados de las autoridades inciden en sus decisiones políticas, es fundamental fortalecer la regulación actual para poder prevenir y castigar el uso indebido del poder político. En particular, se requiere establecer mecanismos preventivos para la función parlamentaria. Dos mecanismos comúnmente utilizados son: el deber de abstenerse de votar asuntos en los que tengan interés directo y la exigencia de dedicación exclusiva, prohibiendo otras fuentes de remuneración. Finalmente, se deben fortalecer los organismos que visibilizan y verifican los conflictos de interés, para evitar que se transformen en un delito”.

 


 

Lesley Briceño: “Los estándares vinculados a la probidad deberán aumentar”.

Doctora (c) en Ciencia Política. Diploma en Estudios Avanzados (DEA) en Ciencia Política, grado equivalente a Magíster en Ciencia Política, y Licenciada en Historia de la Universidad de Valparaíso. Coordinadora académica de pregrado de la Facultad de Gobierno de la UDD.

Lesley Briceño, Doctora (c) en Ciencia Política.

– ¿Qué requisitos, desde el punto de vista ético, deberían cumplir los políticos en este nuevo Chile?
“En un nuevo escenario es necesario implementar niveles éticos mayores a los tradicionales que se deben esperar de cualquier persona. En general, uno podría pensar que lo ‘mínimo’ que se le debería solicitar a un político son los mismos niveles de probidad que deberíamos cumplir todos los ciudadanos de un país; pero, pensando en que representan (ya sea a través del resultado de la competencia electoral o como representantes del mundo político partidista) a la sociedad civil, es fundamental que los estándares, especialmente vinculados al tema de la probidad, aumenten. Los recientes escándalos vinculados al financiamiento de las campañas políticas, las acusaciones de corrupción y tráfico de influencias, como además los temas de los sueldos de algunos cargos políticos, hacen necesaria la urgencia de replantearse no solo los requisitos éticos, sino que además los privilegios de los que algunos de ellos gozan”.

-¿El perfil de una autoridad electa deberá ser distinto del de una autoridad designada?
“En algunos aspectos es necesario que las autoridades designadas tengan un perfil distinto, pensado en competencias más técnicas (asociadas al cargo y funciones que deben cumplir). Es importante privilegiar experiencia en el cargo o similares, como también la idoneidad como autoridad designada, y que puedan desenvolverse mejor y más profesionalmente en el ámbito del servicio público. Por ello, quizás, una de las necesidades más imperiosas en estos momentos de la coyuntura chilena es realizar una modernización efectiva del Estado, que no pasa por la digitalización o disminuir algunos aspectos burocráticos a trámites en línea, sino que generar la idea de un estado del siglo XXI, donde además de moderno y descentralizado, se apunte a un servicio público eficiente y especializado técnicamente, el cual pueda perdurar en el tiempo evitando los constantes cambios que se generan una vez finalizado un gobierno”.

-¿Cómo debería ser una regulación que efectivamente evitara los conflictos de intereses de quienes desempeñan cargos políticos?
“Lograr evitar los conflictos de interés ha sido siempre bastante complejo, no solo en Chile, sino que en toda la política a nivel mundial, pero se puede avanzar en estas temáticas. Uno de los avances que se ha hecho en el país tiene que ver con limitar el gasto electoral, pero además se puede avanzar en temas de transparencia de donaciones (determinando un máximo de dinero que puede ser donado en forma anónima). También, en ese mismo punto, aumentar el financiamiento por parte del Estado. Si bien para muchos no es una medida muy popular, desde la teoría se puede garantizar que las campañas y el financiamiento de la política no se vean influenciados por los conflictos de interés. Esto también dependerá mucho del actuar ético de los que desempeñan estos cargos: la posibilidad de inhabilitarse por tener conflictos de interés, y de transparentar reuniones o asociaciones con grupos o personas que puedan generar este tipo de conflicto. Y por otro lado, está el rol que debe cumplir la ciudadanía en esta misma temática: si son representantes de la sociedad civil, el proceso de ‘rendición de cuentas’ debe ser exigido cada vez más por los ciudadanos”.

 


 

Edgardo Condeza: “Las instituciones deben respetarse”.

La participación está en el ADN del médico Edgardo Condeza. Fue uno de los organizadores de la consulta simbólica de 1987 en Concepción, donde 50 mil personas votaron entre tener elecciones libres o plebiscito. Como presidente del Movimiento por la Consulta y Derechos Ciudadanos ha organizado consultas ciudadanas en 25 comunas, en las que han participado 2 millones y medio de votantes.

Edgardo Condeza, Médico

-¿Qué características deberían tener los ciudadanos para responder a los requerimientos y complejidades de este nuevo Chile?
“Antes que todo hay que tener en cuenta que las sociedades no son eternas. No lo fue el servilismo, no lo fue la esclavitud, aun cuando por mucho tiempo se creyó que esas realidades no cambiarían. Hoy los ciudadanos debemos tener claro que la sociedad capitalista en la que vivimos está en tránsito, que va a cambiar, porque aunque trajo progreso, no es suficiente. Quienes tengan este concepto claro van a orientar su actividad a que las cosas se modifiquen, pero no en contra de otros, sino a favor de todos. Sin esa conciencia, la gente persistirá en la actitud pasiva e individualista, pues se mantendrá pensando que todo seguirá igual. Es fundamental que la gente tenga ideales, ética y esperanza. Esos son los principios que traen buenos cambios para la sociedad”.

-¿Quiénes son o podrían convertirse en los representantes de quienes han salido masivamente a las calles a manifestarse por sus demandas? Esto ya que hoy no se aprecian liderazgos reconocidos y aceptados por todos, como sucedía en el pasado.
“Los estudiantes vienen luchando desde hace muchos años por cambiar la educación. Creo que por ese trabajo, ellos, en conjunto con las organizaciones sociales, con quienes se comprometen con su trabajo voluntario, son los llamados a liderar la participación en los próximos actos principales que habrá en el país”.

-¿Cómo debería articularse de ahora en adelante la participación ciudadana para contribuir al fortalecimiento de la democracia?
“El desafío más próximo es prepararse para el plebiscito de abril, para lograr una buena participación y, luego, sacar una buena Constitución. Y aunque nada se ha dicho, si hablamos de contribuir a la democracia desde la participación, es fundamental que los candidatos al órgano constituyente por nuestros distritos sea gente de nuestra zona. No podemos permitir que vengan santiaguinos a ser candidatos por esta Región. La participación debe articularse con estos resguardos para asegurar la voz de las regiones en un acto tan importante para el futuro del país”.

-¿Qué sucederá con ese porcentaje de manifestantes para quienes una salida institucional a la crisis no es una opción?
“Las instituciones deben respetarse, aunque uno no esté de acuerdo con ellas. Hoy no hay espacio para hacer las cosas fuera de la institucionalidad. Esta se va a desarrollar, va a ser distinta de lo que ha sido hasta ahora, pero el plebiscito va a ser institucional, también lo será la convención constituyente. Tenemos que trabajar por una participación democrática, tranquila, que se ajuste a las leyes, pero haciendo caso a lo que nos está planteando la ciudadanía. Si no lo hacemos, las cosas seguirán estando igual”.

 


 

Alessia Injoque: “Necesitamos ciudadanos que se informen e involucren”.

Es activista transgénero y lesbiana. A sus 35 se convirtió en la primera mujer trans en Chile en transitar en un cargo de liderazgo. Se hizo conocida por ser portada de la revista Qué Pasa en julio de 2017. Después de eso se ha mantenido activa trabajando por los derechos de la diversidad sexual y de género. Hoy es columnista y presidenta ejecutiva de la Fundación Iguales.

Alessia Injoque, activista transgénero.

-¿Qué características deberían tener los ciudadanos para responder a los requerimientos y complejidades de este nuevo Chile?
“Durante demasiados años el ciudadano virtuoso fue el autodenominado apolítico, que no participaba, pero se quejaba, y que miraba la política con desprecio sin hacer nada para cambiarla. Se nos vienen decisiones que van a redefinir las bases de la democracia chilena, y necesitamos ciudadanos que se informen e involucren, de manera que tomen decisiones y elijan representantes ejerciendo su voto de forma responsable; que se movilicen y se hagan escuchar, para que formen opinión y aporten ideas; ciudadanos que participemos de debates, manifestaciones y elecciones para impulsar nuestras ideas, sin olvidar que el objetivo de la democracia es que podamos coexistir con quienes no las comparten”.

-¿Quiénes son o podrían convertirse en los representantes de quienes han salido masivamente a las calles a manifestarse por sus demandas? Esto ya que hoy no se aprecian liderazgos reconocidos y aceptados por todos, como sucedía en el pasado.
“La fe en líderes idealizados que concentran el poder parece completamente antagónica al ethos de estas manifestaciones, que desconfían del poder y piden que se redistribuya. Nuestros líderes políticos se acostumbraron a llegar con soluciones bajo el brazo y a venderlas con nombres rimbombantes, como si fueran productos o una App. La venta fue exitosa, pero no lograron satisfacer la necesidad subyacente y solo generaron frustración. Hoy necesitamos líderes que sepan escuchar, canalizar la energía transformacional de las calles por vías institucionales y sean capaces de cruzar fronteras políticas para lograr acuerdos que hagan sentido a la ciudadanía”.

-¿Cómo debería articularse de ahora en adelante la participación ciudadana para contribuir al fortalecimiento de la democracia?
“Nos toca entender que la democracia es más que votar cada cuatro años por el candidato menos malo, y que su triunfo nunca significó adherencia ciega a su programa. Debemos establecer mecanismos de democracia directa para que las energías transformacionales se aboquen a procesos institucionales, como juntar firmas para llamar a plebiscito, establecer prioridad para la discusión de una ley o intervenir en una iniciativa municipal. No puede volver a ocurrirnos que parte de la ciudadanía sienta que la única forma en que son escuchados es con violencia. Asimismo, podríamos cambiar a un sistema parlamentario o semipresidencial, para reemplazar a la máxima autoridad en momentos de crisis como esta, y deberíamos tener procesos revocatorios de
autoridades”.

-¿Qué sucederá con ese porcentaje de manifestantes para quienes una salida institucional a la crisis no es una opción?
“Teníamos ya un abismo separando a la ciudadanía y el poder, las violaciones a los DD.HH. lo hicieron más profundo. Restablecer la confianza en las instituciones y partidos políticos va a tomar tiempo. Espero que durante el proceso constituyente se cambie la institucionalidad y habiliten mecanismos de participación ciudadana para que quienes quieren cambios canalicen sus demandas por estos medios. Esta crisis nace del dolor, hay heridas profundas en nuestro tejido social, pero espero que si se impulsa una comisión de verdad, justicia y reparación en DD.HH. y se trabajan reformas que ataquen la desigualdad y disminuyan los abusos, comencemos un camino que nos permita sanar”.

 


 

Javier Álvarez: “Hoy no basta con cumplir la ley”.

Ingeniero civil químico de la Universidad de Concepción. Empresario, consejero regional de la Sofofa, socio y presidente de Buses Hualpén, empresa con más de 40 años de trayectoria en la Región, de propiedad de su familia. Además es socio fundador y presidente de Pares&Alvarez, orientada a la consultoría, ingeniería y gestión de proyectos industriales y de infraestructura general.

Javier Álvarez, empresario

-¿Cuál es el perfil de un buen empresario para el Chile de hoy?
“El buen empresario es alguien capaz de identificar una necesidad y elaborar un proyecto empresa para satisfacer esa necesidad con innovación y eficiencia económica. Y, a través de esta acción empresarial, generar bienes sociales, tales como trabajo de calidad, mejoramiento del entorno, contribución con impuestos y ser un actor social relevante con opinión propia. Es decir, un buen empresario es quien se involucra con todos los estamentos con los cuales actúa: proveedores, clientes, colaboradores, entorno, medio ambiente, organizaciones sociales, y que es capaz de generar bienestar y progreso económico. Un buen empresario debe actuar con una alta ética social, con transparencia, con libertad hacia la competencia y el mercado”.

-¿Cómo deberá ser de ahora en adelante la relación de las empresas con sus trabajadores?
“Creo que no es bueno generalizar y pensar que las relaciones son malas o asimétricas. Hoy mayoritariamente la relación empresa- trabajador es buena. Hay casos de malas prácticas puntuales, pero que no son la generalidad y donde la justicia laboral funciona perfectamente. En cuanto al empleo por parte de empresas de mediano y gran tamaño, la relación es bien formalizada y buena, además, es donde las remuneraciones son mejores. El problema de relaciones equilibradas es donde la economía es más básica y donde las relaciones laborales son precarias y, a menudo, informales. Allí se debe hacer un esfuerzo para buscar una forma en que se apliquen políticas públicas correctas que permitan formalización del empleo para cuidar los derechos laborales de esos trabajadores”.

-¿Cuáles son los desafíos que tendrán las empresas para con las comunidades de los sectores donde están emplazadas?
“Hay un tremendo desafío en las empresas que tienen proyectos o actividades con impacto en las localidades. Es un deber ser un buen vecino y esto significa estar en comunicación con la comunidad, con sus instituciones formales y con las organizaciones sociales para considerarlas en las decisiones que tienen que tomarse, y explicar el rol de la empresa a través de la generación de empleo y recursos para el Estado a través de los impuestos. Las empresas comprenden que hoy no basta solo con cumplir la ley. Hay que hacerlo bien, involucrándose con la comunidad, cooperar en un acto de valor compartido. Que tus vecinos te quieran, te protejan… las empresas deben ser consideradas como algo deseable, no como algo negativo”.

-¿Cree usted que habrá que cambiar la mirada sobre lo que se considera una empresa rentable? Incluir en el balance no solo “número azules”, sino que también otras variables, como clima laboral, aporte a la sociedad y cuidado del entorno para evaluar su rentabilidad.  “Qué duda cabe, hace ya mucho tiempo que generar utilidades no es suficiente. Los números azules son necesarios para que la empresa crezca y mejore, pero por sí solas las utilidades son insuficientes para generar lo que hoy se conoce como capital social positivo. Esto significa básicamente que la empresa debe relacionarse con su entorno para generar confianza, afecto, identificación, estando atenta a las necesidades del entorno en el que participa. La constitución de capital social es algo que ha estado fallando en Chile, y prueba de ello es que una parte de la sociedad no tiene confianza en las empresas. Hay que trabajar en esto, acercar las empresas a las comunidades y explicar bien su rol económico y social. Y, por supuesto, parte de ello es condenar con fuerza las malas prácticas que vulneran las normas ambientales, laborales y de libre mercado, entre otras”.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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