Desarrollo tecnológico “made in Chile”

Hace un tiempo se firmó, finalmente, el acuerdo de colaboración en materia de ciencia, tecnología y energía entre Chile y Alemania. Ni el cambio de Gobierno ni el cataclismo de febrero detuvieron este convenio, aunque, naturalmente, lo retrasaron. Desde las primeras manifestaciones de intenciones, tardó más de dos años en concretarse. Ahora vale preguntarnos cómo impactará a nuestro país y qué es lo que viene.
Lo más próximo es la llegada a Chile -centro estratégico para el resto de Latinoamérica – de un exitoso modelo de negocios para servicios de investigación aplicada y desarrollo tecnológico. Esto no es una apuesta delirante ni arriesgada. No es una idea desproporcionada, ambiciosa o inviable. Al contrario, es exactamente lo que nuestro país está en condiciones de hacer hoy y ahora. Y Alemania lo sabe.
Chile tiene un interesantísimo abanico de actividades industriales que sostienen nuestra economía, dominan nuestras exportaciones y consumen y demandan nuevas tecnologías.
Es prioridad del Gobierno apoyar la actividad industrial y consolidar el posicionamiento de Chile en los mercados internacionales, en rubros tan diversos como minería, acuicultura, agricultura, vitivinicultura y forestal, entre otros.
En este escenario, y gracias al apoyo de Corfo, desde ahora nuestro país ofrecerá un servicio que seguirá el probado y efectivo modelo del instituto alemán Fraunhofer. Tengo el gusto de conocer de primera fuente este modelo de negocio, tras desarrollar mi postdoctorado en el Instituto Fraunhofer IME, de Aachen y Schmallenberg, en Alemania.
En el modelo del Instituto Fraunhofer, ingenieros e investigadores crean, moldean y mejoran tecnologías y productos de diseño, según las demandas de la industria y su mercado. La clave es que todos los esfuerzos de investigación y desarrollo están enfocados exclusivamente en las necesidades concretas de la sociedad.
En el centro Fraunhofer, en Chile, convergerán las necesidades de las industrias nacionales con los científicos e ingenieros más audaces y creativos de nuestro país y de Alemania. Sus actividades están respaldadas por una sólida red internacional de colaboración, experiencia e historias de éxito probadas, y por el apoyo político y financiero comprometido por ambos países.
El impacto que este convenio tenga sobre el desarrollo económico y tecnológico de nuestro país en los próximos diez años dependerá, en gran medida, de cómo aprovechemos esta oportunidad. Es fundamental que todos los sectores y actores que puedan aportar significativamente a esta iniciativa converjan en este proyecto, y que los participantes busquen -y encuentren- un rol y una vía de participación activa, constructiva y concreta. Este tren es grande y poderoso. Actuando con seriedad y eficiencia, lograremos conducirlo y que nos lleve al desarrollo. Ciertamente, estamos preparados.
Ana María Molina Rugiero
Directora de Investigación
Universidad San Sebastián

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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