Dueñas de la pelota

Llegaron al fútbol por distintas vías. Pero todas coinciden: Les encanta, les entretiene y las hace vibrar. Son pequeñas que desafían al género y que al compás de la pelota se ilusionan  con ser grandes cultoras de la pasión de multitudes. Su escenario: la cancha.


¡Peroooocóoooomoootelaganaaaaunaaaniñiiiitaaaaaaaa!”, grita un señor de parka de roja casi en mi oreja. La mayoría lo escucha, porque se da vuelta a devolverle con miradas su estruendoso comentario. Es domingo, día de un clásico futbolero. Mientras la hinchada nacional se preparaba para ver el desempeño de la Sub 20, en el mundial de su categoría versus Ghana, padres y sus pequeños desfilan hacia la elipse del Club Hípico de Concepción. Es día de partidazos pasionales. Blancos enfrentan a azules.  Colo Colo versus Universidad de Chile, en frasco chico. Las series menores de las escuelas de fútbol de ambas instituciones que tienen sede en la zona se miden en una jornada que tiene mucho entusiasmo, pasión y también “chochería familiar”.
Los barreros al borde de la cancha sí que son bravos. Se escucha de todo, desde los análisis técnicos, instrucciones para el plantel, los saludos a la mamá del árbitro y un montón de otras frases para el bronce pelotero.
En medio de la calidez del match, emergen dos figuras en el pasto: Catalina Fuentes y Antonia Alarcón, camiseteadas de azul, corren a la par con los niños de la Chile, se encuadran ante el rival y con clase, con elegancia fémina, van tejiendo el juego y aportando a que el espectáculo y los resultados sean aún más llamativos.
Cristián Lara, el hombre a cargo de la escuela de fútbol de la Universidad de Chile en Concepción, dice que poner a jugar a las chicas en el equipo de varones se dio por casualidad. Había un par de niñas con condiciones y cómo no hacerlas jugar.

“Ellas realmente tienen habilidades, incluso hay ciertas características en las mujeres que son mucho más notorias que en los hombres. La conciencia de grupo, la visión global del juego, a esa edad está en ellas  la disciplina que es bien importante. Entonces, sumado a que las niñas realmente tienen condiciones, me llevó a plantearlo. Y la decisión fue un éxito, porque también las otras escuelas han incluido mujeres en los campeonatos”, explica Cristián.
Reflexiona eso sí que el fútbol mixto tiene su duración, que él prevé que para las niñas no es tan recomendable que sigan jugando con varones después de los 12 años, porque ahí las condiciones físicas cambian para ambos. Se nota la potencia menos controlada de los hombres en desmedro de las chicas, y a su vez ellas tienen flancos más expuestos a los golpes en su anatomía.
Por ahora, eso no se ve en la cancha.  Sólo se advierten dos jugadores notoriamente más largos que el resto, estilizados y de pelo a los hombros.Al mirar con detención se distinguen sus rostros dulces y el estilo que imponen a la indumentaria.
“Creo que en el fútbol no ha habido un cambio cultural con respecto al gusto de las niñas por este deporte. Éste es una actividad de códigos y siempre ha estado el interés de jugar. Ahora se han atrevido a participar, a divertirse en el campo y dado ese interés incluso los colegios se están atreviendo a armar las ligas femeninas”, sentencia Lara.
Vamos junto a las tendencias entonces. Sí, porque en el mundo son 40 millones de mujeres que se han dejado seducir por el fútbol… Y no hablamos de Shakira ni de Victoria  Beckham. Es esa cantidad de jugadoras en cualquiera de sus formatos, sea  profesional, universitario o de barrio.
Sólo en Chile son 30 mil mujeres peloteras, donde un alto porcentaje se lo ha tomado en serio, pues pertenecen a clubes en donde les sacan el jugo. Igual que los profesionales, entrenan a diario y se someten a exigencias propias del deporte.  Son 10 clubes afiliados a la ANFP que juegan en el campeonato oficial de Fútbol Femenino y que tuvo su primer partido con todas las de la ley en mayo de 2008.
Los padres de las niñas futbolistas tienen mucho en común. Al principio, algo de resistencia por los prejuicios de un deporte tradicionalmente masculino. Pero cuando las ven jugar todo cambia. Quedan maravillados y chochos, porque talento y habilidad les sobra.

El papá de Antonia trabaja en un banco, la mamá es profesora de Educación Física. Antonia tiene 12 años, es estudiante del IHC y recién en 2013 integró las filas universitarias. “Me encanta el fútbol, es tan divertido, es tan simple, es tan emocionante y lo mejor es que se puede jugar de a muchos, donde todos tienen una función. Yo, al menos, puedo jugar en cualquier puesto, pero me queda muy bien jugar en defensa…  Y por qué me interesé… No sé, me gustó y ya, pero creo que influye que  a toda la familia le guste y que te apoyen”, comenta antes de llevar sus piernas interminables y delgadas hasta el pasto, minutos antes del partido con Colo Colo.
Él la sigue a todas partes… cada vez la quiere más. El papá de Antonia  la observa desde el borde de la cancha con cámara y trípode, esperando que la “9” tenga un partido memorable. “Sí, trato de ir a todas partes donde juegue, creo que es importante apoyarla en esto que le apasiona”, sentencia mientras no despega un ojo de su nena.
Fue su hermano que la indujo a jugar fútbol, igual que a Catalina. “Antonia no jugaba, pero relataba los partidos de su hermano. No podía jugar, pero disfrutaba mucho.Hasta que un día se atrevió a jugar, y tenía condiciones y habilidades. Está todo el día con la pelota, le regalan balones, porque todos saben lo que esto significa para ella. La identifican por su afinidad con el fútbol”, señala.
Dice que sí, que fue complicado aceptar en los comienzos que una niñita jugara y más encima con hombres… Pero si le gusta, lo disfruta y no es un peligro para ella, bienvenido sea, indica Ronald Alarcón. “Creo que el fútbol la ayuda a crecer y a su personalidad. Es fuerte, tiene clarito lo que quiere y lo que no quiere. Yo creo que eso es fundamental y el principal logro en este tema educativo”,  asiente.

Los padres coinciden que los efectos colaterales de la práctica del fútbol son el comportamiento, el respeto y la noción del trabajo grupal.
Eso también lo aplaude Cristián Fuentes, papá de Catalina, alumna del Saint John´s. La 11 de la Universidad de Chile es más grande que cualquier otro niño en el campo y es seca. Sí, seca. De hecho, el tipo que grita “¡Peroooocóoooomoootelaganaaaaunaaaniñiiiitaaaaaaaa!”, hace referencia a una notable jugada de la crespa delantera.
Al hablar con Cata parece una niña de pocas palabras. Dice que a su papá le gusta la Chile, que por eso llegó al Club. Que su hermano futbolero también la encaminó y que ya lleva dos de sus 11 años jugando en la U.
“Para mí el fútbol es una gran diversión. Me encanta. Juego donde pueda, aparte del club, también integro el equipo de mi colegio. Me parece entretenido poder jugarlo con mis amigos, es importante que sea grupal. Me llevo muy bien con todos, porque muchos de los niños con quienes juego son mis compañeros de curso. Me encanta que mi entrenador me diga que juego bien y que me haga entrenar mucho más para ser mejor”.
Los papás de Catalina son médicos. Él es radiólogo y Paula especialista en Salud Familiar. Los dos también muy deportistas. “Cata practica hace años, desde que es Sub 8 nosotros la acompañamos y vibramos, porque le gusta demasiado el fútbol. Juega en el club, en el colegio y cuando tiene ratos libres quiere que la acompañemos a chutear. Es tanto, que de pronto es una decisión difícil. Su entrenador nos ha dicho que empecemos a pensar la posibilidad de que Cata se dedique por completo al fútbol y bueno… se verá. Por ahora, que lo pase bien jugando, que mejore y que tenga una linda experiencia. Por ahora, con los niños no se notan diferencias y creo que es el mejor momento para que entienda el concepto del fútbol”, argumenta Cristián.

Millaray Torres no está en el campo ese día. Ella viste la camiseta cruzada. Es Ca-tó-li-ca-u-ni-ver-si-dad-ca-tó-li-ca.  Tiene ocho tiernos años y es un remolino con el balón. Su mamá, Carolina Hinojosa, explica que se mueve todo el día detrás del balón, que se entusiasma tanto que hasta en el colegio, el SSCC, le paran la pelota en los recreos. Es mucho el entusiasmo. “Es que me gusta tanto jugar, no sé por qué, pero es como que los pies se me van solos a buscar una pelota. Lo paso bien, me gusta Messi, y eso. Quiero seguir jugando por siempre”, dice Millaray en una tarde recreativa de su curso, donde hay juegos, pruebas, comida… Adivinen dónde está… Sí, con la pelota.
También juega en forma mixta y cada sábado defiende la camiseta universitaria, el club también de sus amores.
Nicole Innocenti, también empezó chiquitita y le gusta Messi. Igual que a Millaray. “Juego desde siempre, desde que tengo noción. En el colegio, con los amigos, en la calle y ahora en la Universidad de Chile”, dice. Aunque está en los partidos y en el mejor de los casos juega un tiempo completo, es la única mujer que lo hace en estos encuentros de hombres.Ella ya tiene 14.“Yo siento un poco de frustración porque no hay tantos espacios para las mujeres todavía. Siempre quise un deporte con más acción y balón.  Y el fútbol calzaba con mis intereses. Yo me siento súper bien con mis compañeras, nunca me sentí  discriminada o algo así. Todo lo contrario. He recibido apoyo, porque a veces los rivales llegan a dar susto. Nunca me he lesionado y por eso  mi ilusión es que se den los  espacios para las mujeres, porque habemos hartas que jugamos con harta entrega y responsabilidad”.
-Y qué opinas de los que dicen que las mujeres no sirven para el fútbol, que apenas se pasan un poste… Y cosas así.
“Que me vean jugar, que me muestre alguna que vaya a jugar sólo por cumplir. Las mujeres somos más disciplinadas, sabemos la importancia del juego, ninguna se la quiere jugar sola porque el resultado es en equipo. Los hombres que opinan eso, son generalmente personas machistas que ven esto como una oportunidad de demostrar la fuerza bruta. No la esencia del fútbol, la inteligencia,  la complicidad, la ayuda y el compromiso del equipo. Eso que debería ser una característica humana de todos, dentro y fuera de la cancha”. Golazo.

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