Educación de calidad ¿Aspiración legítima, eslogan o quimera?

 

Roger Sepúlveda Carrasco,  Rector de Santo Tomás Concepción
Roger Sepúlveda Carrasco,
Rector de Santo Tomás Concepción

Mucho se ha cuestionado la calidad de la educación superior chilena y han aparecido diferentes visiones respecto de su significado que, si bien son diferentes, coinciden en un fondo pesimista. Esta compleja situación recuerda el mito griego de Quimera, un monstruo imaginario muy temido por la población, por voraz y feroz.

Sin duda, la educación pública y privada deben ser evaluadas respecto de su calidad, y es necesario que ésta sea el principio ordenador de las decisiones en materia de inversión, política pública y desarrollo. Lamentablemente, los indicadores de prestigio y ránking de las instituciones están asociados a la selectividad, a la exclusividad, al volumen de investigación o a la infraestructura y no necesariamente a su calidad, término usado como comodín para valorar los atributos de una institución o de la formación entregada a sus estudiantes.

Por su parte, la evaluación por resultados también tiene limitaciones, porque en países como Chile, el quintil más rico tiene el mejor puntaje PSU, mejores rendimientos académicos, mejor empleabilidad por red de contactos y más opciones de estudios de postgrado y de finalizarlo exitosamente. Esas condiciones materiales, que evidentemente son necesarias, no son las únicas.

Una vez un profesor nos preguntó por la calidad de los lápices que portaba. Uno era el tradicional Bic y el otro de una marca de lujo. Surgió una rica discusión sobre los atributos de ambos. La mayoría se inclinaba por el segundo, cuyo precio se asociaba con mayor calidad, pero al rato el debate se enfocó en la prestación principal, que era la escritura; en minutos cambió la apreciación y la clase concluyó que el primer bolígrafo era de excelente calidad por confiable, accesible, simple y efectivo.  Un ejemplo tan básico como éste nos permite entender la complejidad tras este concepto.

Por ello la calidad debiera ser tutelada bajo parámetros normativos claros, para que no se transforme en una exigencia carente de contenido o de interpretación antojadiza, a la que cada quien da la forma tal como los antiguos griegos a la mitológica Quimera.

Chile ha avanzado en cobertura de educación superior y estamos en el momento oportuno para introducir reformas que aumenten la calidad y equidad en el acceso a ella en el largo plazo, considerando los errores y aciertos de la experiencia internacional.

Así como Quimera fue derrotada finalmente por Belerofonte y Pegaso, debiéramos cambiar el foco por el de una mejora continua y que la calidad sea el camino, en lugar del fin último.

 

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