Educación: Proliferadora Ineptitud

A cuatro décadas de haber egresado de la educación media e ingresado a la Universidad de Concepción, me atrevo a decir que la suerte de la educación chilena “está echada”, así como en la heroica faceta del Rubicón… pero, al revés.
Nos ha tocado vivir la incomprensión e incompetencia de los “expertos en educación”, los mismos que un día cualquiera acabaron sin más con los mejores profesores que este país haya tenido en su historia: los profesores normalistas. Además, terminaron con el Bachillerato e impusieron la Prueba de Aptitud Académica, un fracaso que, para mí, es el primer factor criminógeno de frustraciones juveniles al por mayor en la educación chilena. Ahora, los mismos “expertos en educación”
deciden que la Prueba de Selección Universitria (P.S.U.) superará todas las expectativas. Dudo, dijo el experto en cacho y dominó, puesto que se trata de otro invento de quienes han jalonado su quehacer profesional de errores constitutivos de lesa majestad, en un continum de unos y otros desaciertos. Horroroso prontuario el que han ido escribiendo los expertos de la educación chilena. Truncaron a tantos de nuestras generaciones y ahora pretenden hacerlo con nuestros hijos y nietos. El descriterio se ha institucionalizado en estos gurús mágicamente capaces de definir el presente y futuro de la vida humana de un ciudadano por una milésima más o menos de puntaje en las mentadas pruebas. Criminal en solemnidad tal conclusión, que ignora del todo la adecuación de sentido de la palabra vocación. ¡Cuántos sueños de jóvenes hombres y mujeres chilenas se han ido al tacho de la basura! Es que la vocación no se decide por milésimas ni por centésimas, es bastante más que eso. Me recuerda alguna discusión académica que alguna vez mantuve con un profesor universitario, quien decía era capaz de distinguir en respuesta cualitativa a una pregunta del mismo tipo, la nota 3,944 de la nota 3,945 (la que sube a 3,95 y se traduce en un 4 final). El 3,944 significa repetir un año más de estudios, fracaso y desazón individual y familiar.
Cuando estudiantes y dirigentes estudiantiles de educación media protestamos, cuando universitarios protestamos. Ahora como profesores continuamos protestando. Ayer adolescentes fracasamos en nuestro intento de cruzar el Rubicón. Hoy, otras voces juveniles reverberan el eco de nuestros mejores sueños para la educación chilena. Sin embargo, ayer como hoy, la ineptitud e incompetencia constituyen la regla de la mentada soberbia que con su añejo y equivocado discurso tienen las aulas entre paros.
Debemos arrebatar la educación chilena de las manos de estos pseudos expertos, porque la auténtica expertez consiste en hacer bien las tareas. Inútil buscar la mejor solución para nuestra educación en una Ley. Ni los 86 artículos de la LOCE, ni la sumatoria de preceptos de una nueva Ley de Educación pondrán a la misma sobre una lógica de lo razonable. Los únicos capaces de ponerle el cascabel al gato son las familias chilenas. Vamos, ya es hora de un referéndum en que la ciudadanía chilena y no otros intermediarios, políticos o pseudo expertos, decidan por nosotros. Dato final: a la fecha sólo he podido realizar en algunas universidades el 50% de mis clases en el semestre. Tomas y protestas del alumnado dan cuenta de una proliferadora ineptitud ¿Hasta cuándo?

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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