Educación Técnico Profesional: capital humano para el desarrollo

En los últimos años hemos sido espectadores y también protagonistas de una dificultad excesiva para implementar medidas que apunten a la descentralización de nuestro país.

Roger Sepúlveda,
Rector de la Universidad Santo Tomás
Concepción – Los Angeles.

Las regiones hemos sufrido con el precario avance en esta materia, a pesar de las promesas de nuestros legisladores y gobernantes, independiente del color político que representen. Las fórmulas propuestas son poco efectivas o no logran concretarse. Uno de los enfoques que no se aborda con el énfasis necesario, y que las naciones que no son centralizadas han incorporado como un eje estratégico, corresponde a la inversión que han realizado estos territorios en educación, y cómo han logrado vincularla con las infraestructuras productivas. Este espacio se encuentra invirtiendo decididamente en educación superior técnico profesional.

La rápida obsolescencia de los conocimientos, en particular de la tecnología en estas últimas décadas, y las transformaciones impulsadas por la globalización, obligan a considerar a las carreras técnico-profesionales como un elemento de primera necesidad si queremos insertarnos como un país competitivo en el escenario internacional. Una nación donde se pueda garantizar una base laboral calificada, confiable y productiva, dando pruebas de una especialización de sus trabajadores, de una preocupación por las actitudes y conductas de las personas que son contratadas como trabajadores, valorando esta característica de un modo similar a sus capacidades técnicas de base, las cuales deberán ser renovadas continuamente.

Erróneamente se piensa que quienes acceden a la educación superior técnico-profesional lo hacen como una alternativa ante la imposibilidad de ingresar a una universidad tradicional o privada. Hoy en día ese paradigma está cambiando. Muchos jóvenes y adultos encuentran en las instituciones y carreras técnicas respuestas a una fuerte vocación que aún las universidades no han podido incorporar en sus generalmente rígidas estructuras curriculares. O, también, encuentran una formación con un alto componente práctico que les permite un acercamiento inmediato a las realidades laborales.

Por otro lado, la conocida pirámide invertida que da cuenta de la existencia de 5 o 7 profesionales por cada técnico en nuestro país, y que es aún más desigual en regiones, hace eco de una necesidad país ampliamente insatisfecha. La experiencia indica que en la medida que se incorporan técnicos calificados a las organizaciones, la productividad y eficiencia mejoran. Así ha quedado demostrado en sectores como salud, minería, agroindustria, salmonicultura, entre otros, los que, por cierto, son rubros que permiten distribuir valor compartido en las regiones en que operan.

Para que esta plataforma crezca, deben superarse algunas falencias como los diferenciales de remuneraciones que ofrecen las empresas de regiones a este tipo de titulados en comparación con la Región Metropolitana; aumentar las posibilidades de financiamiento y becas con que cuentan los estudiantes en este nivel fuera de Santiago; mejorar la potencialidad de articular y continuar estudios, y la calidad de la docencia impartida en algunos de los institutos profesionales y centros de formación técnica.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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