El auge de la bipolaridad

María Angélica Blanco

La  presión de las familias que no podían costear el tratamiento de alguno de sus integrantes afectado de bipolaridad y la incapacidad del sistema para acoger la creciente demanda de atención de personas que la padecen provocó que dicho trastorno fuera incorporado recientemente al Plan Auge. Una buena noticia y un enorme avance para  proteger la salud mental de los chilenos.
¿Quién no ha pensado que posee una pizca de bipolaridad, cuando los estados de ánimo oscilan como un péndulo y varían desde la tristeza a la alegría desbordante? A mí me ocurre y no me da pudor confesarlo. Los días grises, nublados, abúlicos y apáticos me hacen ver todo color gris. El sol, en cambio, me produce efectos alucinógenos. La vida se convierte en un arco iris. Mientras manejo, escucho música y canto. A veces, con la ventanilla del conductor abierta. Me atisban ojos  intrigados desde los autos vecinos y desde las micros. Pensarán que me fumé un pitillo de marihuana.
Pero la verdad es que el trastorno bipolar se traduce en conductas que van mucho más allá de los vaivenes del estado anímico. Es una patología severa y persistente. En muchos casos, crónica. Obviamente, debe ser tratada por siquiatras y sicólogos, pues no sólo se atenúan sus síntomas con sesiones de terapia, sino con gran cantidad de medicamentos, benzodiazepinas, antisicóticos, antidepresivos, carbonatos de litio y quetiapinas para evitar alucinaciones.
En el área  literaria, musical y pictórica de alto vuelo hay abundancia de famosos que sufrieron de bipolaridad en sus diversos grados. Sus alteraciones recibían el nombre de “crisis maníaco depresiva” y los médicos prescribían medicamentos correspondientes a la época. Muchos de ellos llegaron al suicidio, como  es el caso de Virginia Woolf, Vincent van Gogh, Ernest Hemingway y Sylvia Plath. Igualmente diagnosticados como bipolares fueron Charles Baudelaire, Sergei Rachmaninov, Edgar Allan Poe, Hermann Hesse y Charles Dickens. Entre las estrellas de cine que no han tenido tapujos para dar a conocer su enfermedad están la bella Catherine Zeta Jones y el comediante Jim Carey.
El trastorno bipolar más agudo se caracteriza por la presencia de fases muy marcadas. La hipomanía, que se manifiesta en cuadros eufóricos, verborrea apabullante, sociabildad extrema y hasta despilfarro de dinero. En la maníaca se presentan alucinaciones e ideas delirantes. La última fase es la depresión severa que puede conducir al suicidio. Al calor de un par de cafecitos, el año pasado compartí una larga y grata conversación con el conductor de programas de televisión, dramaturgo, actor y empresario Vasco Moulian. Nunca ha ocultado su condición de bipolar. Más bien, se convirtió en un ícono que logró doblarle la mano a su mal. Su receta es seguir al pie de la letra los consejos de sus médicos e ingerir la medicación indicada. El resto, lo ha puesto él. Perseverancia, ganas de vivir, disfrutar los instantes, llenarse de buenas vibras, subirse a los escenarios, dictar charlas motivacionales y trabajar, trabajar, trabajar. En Irade, en un gran encuentro femenino, abordó el tema: ”Haz de tu vida y tu trabajo una pasión”. Y no cabe duda que Vasco vive con pasión cada segundo del día. Como para sacarle molde.

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