El clima como una variable peligrosa

Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

Hace medio siglo las estaciones climáticas estaban bien marcadas en Chile. Hoy no es así, y nos encontramos con extraordinaria frecuencia en medio de un caos climático en que días y noches de verano se transforman en ejemplos de invierno. Y a la inversa. En lo criollo, nuestros agricultores del sur sabían con exactitud respecto de siembras y cosechas. Hoy eso no existe y, de pronto, donde pareciera imposible por la ubicación geográfica y estacionalidad del año, nos encontramos con lluvias y tormentas que hasta generan desastres naturales.

La prevención es prácticamente imposible, y las políticas de planificación resultan de una probabilidad estadística mínima. Se pierden las cosechas, se inutilizan las siembras. Incluso nuestras ciudades son víctimas de los efectos de la naturaleza.

Recuerdo que en mi niñez jamás un verano se transformó en un invierno mañoso y latente, que destrozara los proyectos de cualquier tipo que se engarzaban con la naturaleza que les correspondía en tiempo y forma. Viví esa época acompañando a mi abuelo agricultor en Temuco. Tantas veces estuve junto a él montado en la trilladora escuchando la cantidad de sacos que se anticipaba como una media positiva en la productividad de aquel hermoso campo. Hoy ese anticipo resulta una quimera, porque en cualquier momento el cielo se oscurece, la lluvia y el viento atraviesan el páramo y todo lo prevenido para mejor se transforma en lo peor.

Cuando viví en Europa, el vergel español producía de una manera exultante, y las tierras de la península ibérica proveían en demasía no sólo para los peninsulares, sino que para el mundo entero. Era otra época. Andalucía tenía características marcadas. La riada gallega no tenía nada que ver con el sur de España, presentando un clima totalmente diferente. Los españoles sabían a qué atenerse en cada sitio de su mapa pródigo y bello. Pero, a poco andar, me tocó vivir ya en los años ochenta en Madrid, con fríos grados bajo cero, prados sobre calles y veredas que hacían resbalar a cada rato.

Acostumbrados a la rigurosidad y enmarque climático que recién había vivido en Chile, comenzó a parecerme increíble la polarización climática que observaba y que los estudiosos señalaban como progresiva y peligrosa. Dos palabras comenzaban a provocar temor reverencial: “Cambio Climático”, fenómeno unido a otros de igual o peor proyección, como la falta de agua.

Si recorre Chile observará la extraordinaria necesidad de este íntimo elemento, oteando el norte de Chile y buena parte de su zona central. Los conceptos de sequía se transforman en armas mortales en contra del mejor desarrollo chileno. El régimen de las personas y de los bienes depende antes y primero de tales conceptos, lo que nos lleva a recordar que paradojalmente todos ellos son abstractos; no obstante, cuando hace sed, sencillamente, no hay abstracción que valga, así como cuando la tierra árida y seca necesita refrescarse para su mejor producir.

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