El “Conce” no se va

/ 25 de Mayo de 2016

No tiene títulos en primera división y su historia se ha caracterizado por líos en el ámbito administrativo, teniendo en varias oportunidades problemas financieros que, a fin de cuentas, se convirtieron en su peor rival. Aun así, Deportes Concepción tiene una historia fascinante, con altos muy altos y bajos muy bajos; partidos inolvidables, una hinchada incondicional, personajes que dejaron huella, y capítulos imborrables que en esta edición relatan sus protagonistas y testigos de las hazañas de un equipo que se identifica con la ciudad, porque aunque lo hayan desafiliado del fútbol profesional, el “Conce” no se va de los corazones penquistas.

 

Nace un sentimiento y una rivalidad (1966)

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Primer plantel de Deportes Concepción, 1966. De fondo, el águila, que en ese entonces era la insignia del Club.
“Con destreza, amor y sacrificio enfrentamos la justa de honor. A luchar siempre noble hemos vencido, la victoria es nuestra Concepción”. Si algún hincha “lila” está leyendo ahora estas palabras, seguramente debe estar viniendo a su mente el himno del club de sus amores, equipo que hoy vive el momento más negro de su historia, luego de ser desafiliado del fútbol profesional, en abril pasado, por su inviabilidad económica producto de millonarias deudas.
De volver a competir, lo podría hacer en la Tercera División B del amateurismo, recién, el 2017.
Un duro golpe para una ciudad que se identifica con sus colores pero, especialmente, para sus seguidores y, cómo no, para esos socios fundadores que durante 50 años han seguido domingo a domingo al “León de Collao”. Uno de ellos es Luis Toledo, quien a sus 79 años recuerda con detalle cómo nació el club. “En esa época los conjuntos más populares de acá eran el Lord Cochrane y Fernández Vial, que estaban en el amateurismo y participaban del Torneo Regional. En 1965 estas instituciones intentan fusionarse para tratar de entrar a la Asociación Central de Fútbol y estar en el profesionalismo, pero al final los del “Vial” no quisieron hacerlo. El mismo año, Ramón Guerrero, presidente de la Asociación de Fútbol de Concepción, formó Deportes Concepción, que se unió con el Lord Cochrane y pasó a llamarse Concepción-Lord, pero esa unión sólo duró pocos meses. Finalmente, el 15 de abril de 1966 se fusionan otros equipos: Liverpool, Juventud Unido, Galvarino y Santa Fe, dando vida a Deportes Concepción. Así, el club fue admitido para representar a la ciudad a nivel nacional en el campeonato de la entonces Segunda División (Hoy Primera B).
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Luis Toledo es socio fundador de Deportes Concepción. En su negocio de timbres, en la galería Alessandri, exhibe fotos de los hitos más importantes del Club.
Para su camiseta escogieron el morado, color de la asociación penquista, y para su insignia adoptaron el águila de la bandera municipal de Concepción”.
En su negocio de timbres en la galería Alessandri, lugar inconfundible, porque los artículos y fotos que recuerdan a los “lilas” son protagonistas, Toledo asegura que en 1966 también nació el clásico penquista por excelencia: Deportes Concepción versus Arturo Fernández Vial. Sin embargo, los ferroviarios se quedaron en el amateurismo y no fue hasta 1982, en el marco del torneo de la entonces Segunda División, que se enfrentaron por primera vez de forma oficial en el estadio Collao con un empate a cero. En sus primeros años no hubo caso, Deportes Concepción no pudo batir al “Vial” hasta 1989, cuando por fin acabó con una historia de derrotas y empates.
El amor incondicional que Luis Toledo siente por su club lo traspasó a sus cuatro hijos, 10 nietos y un bisnieto. Con ellos, justamente, fue al último partido del “Conce” en el estadio Ester Roa Rebolledo, cuando el equipo venció 4 a 0 a Deportes La Serena, un triunfo que alimentó el sueño de pelear un cupo para ascender a la serie de honor del fútbol chileno, pero que quedó sólo en un anhelo porque días más tarde se sentenciaría el destino del club.

Un león en la defensa (1967)

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Haroldo Peña en una portada de la revista Estadio en 1967.
“Fue un fin de semana. Llovía, pero igual llegaron cerca de 300 o 400 hinchas al velorio. Fueron ellos quienes hicieron las gestiones en la municipalidad y consiguieron que les prestaran un salón del estadio Ester Roa, que ya estaba cerrado porque iba a empezar su remodelación para ser sede de la Copa América”. Era junio de 2013 y fue la última vez que el verdadero “león” del fútbol, el defensa Haroldo Peña, estuvo en el estadio que lo vio triunfar. Había fallecido horas antes en el Hospital Regional de Concepción de  un paro cardiovascular. El relato es de Manuel Muñoz, periodista del diario La Estrella de Concepción y autor del libro “León hay uno solo”, que comenzó a escribir poco antes de la muerte del defensa con la idea de rescatar a quien finalmente inspiró no sólo el apodo más famoso del club, sino que también un cambio de insignia.
“Haroldo Peña jugó sólo el año 1967 en Deportes Concepción. Venía de Trasandino de Los Andes, de donde es oriundo. Si hay algo que lo caracterizaba eran su garra y su potencia. De hecho, jugando contra San Bernardo Central, dejó aturdido al arquero rival Simón Kuzmanic, luego de que un remate suyo le diera en la cabeza y lo hiciera chocar contra el palo, terminando de manera abrupta el juego para el guardavalla, quien en ambulancia fue llevado al hospital”, asegura Muñoz.
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El plantel de Deportes Concepción que subió a Primera División en 1967, ya con Haroldo Peña entre sus filas.
Haroldo Peña tenía una fuerza incontrolable que, incluso, llegaba más allá de la cancha, sacando en un par de ocasiones la pelota del estadio cuando la golpeaba, por lo que su forma de jugar jamás pasó inadvertida. “Hubo un periodista de la época, Luis García, a quien le decían El Maestro, que cubría a Deportes Concepción. Él en sus crónicas empezó a referirse a Haroldo Peña como el ‘león’ y que el ‘Conce’ tenía un león porque era tan aguerrido que se parecía a este animal. Un apodo que luego se oficializó tras un partido de los ‘lilas’ contra la Universidad Técnica del Estado. Ese encuentro lo ganó apenas Deportes Concepción por 1 a 0, pero debió haber perdido en realidad, debido a que el equipo contrario llegó muchas más veces al arco. Pero ahí estuvo Peña que despejó todo. Al terminar el partido y al preguntarle al técnico rival por dónde había pasado la derrota, él dijo: Perdimos, porque Concepción tenía a un león en la defensa”, afirma el periodista.
Una temporada en la institución bastó para que Haroldo Peña se convirtiera en ídolo. Esa pasada por el club contribuyó a que Deportes Concepción ascendiera tras ganar su primer título en la Segunda División, en 1967. Su partida no hizo olvidar a los hinchas su legado, ya que ellos fueron los encargados, a través de lienzos y cantos, de hacer perdurar el apodo, que a fines de los noventa se inmortalizó en el escudo del club.

”Pata Bendita” (1968)

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Héctor Alarcón Manzano.
Las calles de Copiapó fueron testigos de un joven vendedor de diarios y lustrador de zapatos que en sus ratos de ocio frente a una pared golpeaba un balón con su pierna izquierda. Una zurda que se hizo famosa y que llevó a un adolescente Osvaldo Castro a debutar a los 18 años en el fútbol, en 1965, defendiendo la camiseta de Unión La Calera contra O’Higgins. Su equipo perdió 3 a 2, pero él anotó los dos goles.
Un año más tarde ya jugaba en la Selección Chilena y alguien escribió sobre su mayor cualidad: “Siniestra, pierna, siniestra”. Así lo relata el Premio Nacional de Periodismo Deportivo, Héctor Alarcón, quien no sólo conoció a Osvaldo Castro, a quien apodaron “Pata Bendita”, sino que también lo vio jugar. Su popularidad traspasó ciudades, y en Deportes Concepción pusieron sus ojos en la promesa. “En 1968 viajaron tres dirigentes a Calera, entre ellos el secretario del club, pero que allá dijeron que era el tesorero. Los ‘cementeros’ pedían 60 mil escudos por el pase, y los personeros penquistas ofrecieron pagar el 50 por ciento con dinero del club y, el resto, con los aportes que hacía la Asociación Central de Fútbol a cada institución por concepto de recaudación de entradas. Sin embargo, Deportes Concepción no pudo pagar el porcentaje prometido y tuvo que cancelar gran parte del pase del jugador con los aportes. Incluso los hinchas habrían colaborado con dinero para traerlo y un diario vespertino publicaba estas cooperaciones”, afirma el profesional penquista.
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Osvaldo Castro: “Pata Bendita”.
La campaña de Osvaldo Castro en Unión La Calera fue increíble: en 95 partidos marcó 72 goles. Convertido en figura, su zurda era implacable. “Calzaba 37 o 38 pero, por lo mismo le pegaba con todo el pie a la pelota y era tanta su potencia que los rivales no querían estar en la barrera cuando pateaba un tiro libre. Una vez mandó al hospital a un jugador luego de pegarle en el pecho. Estuvo desde 1968 hasta 1971 en Deportes Concepción, donde anotó 31 tantos.
En 1970 incluso arañó el récord de goles hechos en una temporada que ostentaba Luis Hernán Álvarez con 37. Ese año, el “Pata Bendita” hizo 36 jugando por el “León de Collao”.
Su carrera siguió en México, donde continuó su racha goleadora hasta alcanzar en toda su vida futbolística los 373 goles, una marca que lo encumbra en la cima del balompié chileno.

Un loco en la Libertadores (1991)

En 1988 la convicción de un argentino se radicó en Deportes Concepción. “Cuando llegué dije que íbamos a clasificar a la Copa Libertadores y todos se rieron de mí. Pasaron unos años y lo conseguimos”, cuenta el exarquero del “Conce”, Nicolás Villamil, una de las figuras de la campaña de 1990, que le entregó al club un cupo para, junto a Colo Colo, representar a Chile, en la “Libertadores”, tras ganar la liguilla en Santiago.

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Equipo de Deportes Concepción, 1991.
“Cuando llegamos a Concepción, como a las seis de la tarde, había cientos de personas en Carriel Sur esperándonos, y luego nos siguieron en caravana hasta la plaza y estuvimos ahí hasta las once de la noche. No podíamos andar en la calle y entrenábamos con cuatro mil personas en Nonguén. Era algo ilógico, pero muy lindo”, recuerda.
En la Copa Libertadores de 1991 estuvieron en el Grupo 2, junto con los “albos”, la Liga Deportiva Universitaria y Barcelona, ambos de Ecuador. Dos triunfos, dos derrotas y dos empates sentenciaron que los “lilas” pasaran a la siguiente fase. En segunda ronda jugaron contra América de Cali. El partido de ida en Concepción partió mal para los locales, ya que terminado el primer tiempo perdían 2 a 0. Nada mejoró, especialmente luego de que se sumara una invitada de piedra. “No se veía a más de un metro de distancia por la niebla. De repente, la pelota picó en el agua que había, se resbaló y entró (…) no sé de dónde vino, pero fue gol de los colombianos y eso que lo mejor que yo tenía era la vista”, añade el arquero. La vuelta se jugó en Venezuela, producto de las guerrillas en Colombia. Allá empataron a 3, lo que los dejó eliminados del torneo que finalmente ganó Colo Colo.
DC-portada VillamilUn equipo recordado, en especial Villamil por una personalidad que lo distinguía. “Acá me apodaron el ‘loco’, porque yo hacía cosas fuera de lo que comúnmente acostumbraban los chilenos (…) cuando en esos años estaba de moda para las mujeres hacerse la permanente en el pelo, yo también me la hice y eso les parecía raro. Igual a mis camisetas y guantes que eran de un color, yo les agregaba otras cosas llamativas. Era un adelantado”, dice.
Singularidades que hacía, como cuando era el tercer arquero de Estudiantes de La Plata, en Argentina, y en un entrenamiento se puso de espaldas para contener un penal… y lo atajó. Lo que nunca jamás imaginaron en su equipo era que repetiría esa hazaña en un partido oficial, pero la excentricidad era lo suyo. “Fue en La Bombonera frente a San Lorenzo. Lo más suave que me gritaban era ¡payaso!, pero cuando lo atrapé fueron aplausos. Después lo hice jugando por el “Conce” contra Unión Española y Huachipato, y en las dos me resultó (…) era una forma de distraer a los rivales y por suerte salió”, sentencia quien con sus locuras quedó en el corazón morado y hoy en redes sociales es un hincha más aleonando a la manada para no darse por vencidos por la desafiliación.

Libertadores una década después (2001)

En el 2000, una vez más en la Liguilla por la Copa Libertadores, Deportes Concepción llegaba a una final contra la Universidad Católica en Talca. Era algo así como David contra Goliat; los penquistas ya tenían problemas económicos y administrativos frente a un equipo “millonario” que, entre otros, tenía a Néstor Gorosito en sus filas. Fue un encuentro inolvidable y Alejandro Rodríguez, contertulio lila en el Show de Goles, lo recuerda así: “Viajé solo en bus, me bajé en la carretera y empecé a buscar el estadio, porque no conocía Talca. Allá me encontré con más gente y me acuerdo que el primer tiempo del partido se dio de una forma hermosa, ya que con dos goles de Mauricio Pozo estábamos ganando y era no menor por el rival. En el complemento, el técnico Óscar Garré sacó a los delanteros para defender el resultado y la Católica nos empató. Terminaron los 90 minutos del partido y en el tiempo extra se jugaba con gol de oro. Yo realmente creía que perdíamos, porque era difícil hacer un gol. Sin embargo, me acuerdo claramente: hubo un centro de Pozo y en el borde del área grande el ‘Chiqui’ Chavarría cabecea y hace el gol. Fue tremendo”.
Barra Conce_2Este médico radicado en Santiago reconoce que lloró de emoción al ser testigo de la segunda clasificación morada, esta vez a la Copa Libertadores 2001. Para el torneo había que prepararse y el portero Fernando Navarro-Montoya llegó como el gran refuerzo lila, convirtiéndose en una de las figuras del plantel. Compartieron grupo junto a Nacional de Uruguay, Jorge Wilstermann de Bolivia y San Lorenzo de Argentina, dirigido entonces por Manuel Pellegrini, y con el Loco Abreu en el conjunto.
En el papel, asegura Rodríguez, el “Conce” y los bolivianos eran los equipos más débiles. “Así nos veían los rivales e incluso para el último partido de la fase de grupos, la única posibilidad para que pasáramos a la otra ronda era ganar 3 a 0 a Jorge Wilstermann y que San Lorenzo no venciera a Nacional. De hecho, los argentinos estaban tan confiados que jugaron sólo con juveniles. Me acuerdo que San Lorenzo iba empatando a uno y nosotros ganando 2 a 0. Quedaban dos minutos, Montecinos tira un centro y Bautista hace el gol de cabeza. Clasificamos por diferencia de goles, eliminando a San Lorenzo. Collao en ese momento se vino abajo”, rememora. En la segunda fase se encontraron con el Vasco da Gama que trajo a Romario a jugar a Collao, donde los “lilas” cayeron 3 a 1, y luego 1 a 0 en su visita a Brasil, diciendo adiós a la copa, pero dejando en el recuerdo momentos imborrables en sus hinchas ese 2001.
 

De la Copa Libertadores a la Primera B (2002)

Sólo un par de meses le bastaron al “León de Collao” para borrar la campaña del 2000 y la participación en la Copa Libertadores 2001. “Para el partido contra Vasco da Gama por la Libertadores, el estadio en Collao estaba llenísimo, pero la DC-alejandro Rodríguez 2organización informó que asistieron 24 mil personas, es decir, como seis mil menos de las que obviamente había”. El periodista Pablo Veloso pone este ejemplo para dar cuenta de la poca claridad económica con que en esa época se manejaba a Deportes Concepción. Es difícil explicar qué pasó con el dinero que dejaron los premios por participar en la Libertadores; lo único certero es que parte de él se ocupó para sueldos, y para este hincha no fue raro lo que sucedería a fines del 2002. La base de ese plantel fue la Sub 19 que había sido campeona en 2000, entonces se reforzaron sólo algunos puestos, confiando en lo que podía hacer ese grupo con bastante poca experiencia en el fútbol profesional. Ese año, por primera vez se juega con la modalidad de play-offs en dos torneos anuales con una fase grupal y otra eliminatoria.
En el Apertura, Deportes Concepción no clasificó a la siguiente ronda, y en el Clausura, por esas cosas raras del fútbol chileno, pasa a la postemporada aun cuando ya estaba descendido por puntos (en ambos torneos consiguió solo 28 unidades de 90, ocupando el decimoquinto lugar entre 16 conjuntos). En esa instancia eliminó a Cobresal y en cuartos de final se enfrentó a Cobreloa, que finalmente dejó fuera a los “lilas” del campeonato, y en Calama tras perder 2 a 1, se concretó su descenso a la Primera B. “No fue tan dramático, porque se armó un equipo tan débil en cuanto a jugadores y a estructura que no se pudo nunca consolidar el juego, así es que los hinchas sabíamos que lo más probable era que bajaríamos”, sentencia Veloso, y añade que “históricamente, el club se ha caracterizado por un mal manejo administrativo, por lo tanto, descender tras haber jugado una Copa Libertadores y lo que eso podría haber significado, no fue tan extraño”. Dos años permanecieron en la Primera B, hasta que el 2004 logran el ascenso para jugar el próximo torneo en la división de honor, fue la última temporada antes de recibir un primer castigo de parte de la ANFP por los problemas económicos.
 

Comienza el fin (2006)

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Pablo Veloso, periodista e hincha de Deportes Concepción.
“Ese 2005 hicimos una campaña muy buena y de hecho tuvimos al goleador del torneo (Cristián Montecinos), pero a fin de año nos dicen que tenemos que pagar una plata a la ANFP y que si no lo hacíamos, no podríamos participar. Esto era por la no cancelación de imposiciones. Hicimos una Concetón, una Noche Lila contra Colo Colo a la que fue mucha gente, y se pudo pagar al plantel y al cuerpo técnico. Sin embargo, igual nos castigaron con una suspensión de un año y no pudimos jugar el 2006”. El entonces jugador y referente morado, Patricio Almendra, relata las circunstancias que pavimentaron la llegada de las Sociedades Anónimas al club.
El año de la suspensión, a Deportes Concepción lo dejan participar en la Tercera División pero sólo como invitado, por lo que muchos parten, entre ellos, Almendra, quien regresa en 2007 cuando el equipo retorna a la Primera División tras cumplir el castigo, y en junio de ese año, ya una vez más con deudas, el plantel es vendido a la concesionaria León de Collao S. A., la que se suponía traería inversiones alemanas: dinero fresco y la promesa de un proyecto para construir un polideportivo.
“Todos los días había reuniones y nos decían que el dinero iba a llegar. Pasamos momentos muy duros, ya que nos adeudaban cinco meses y dentro del club se vivía una situación catastrófica. Sin embargo, teníamos la confianza en lo que nos decía Mario Munzenmayer y Marcos Ulloa, los representantes de los supuestos alemanes. Yo trataba con ellos y nos mostraban documentos de traspasos hechos desde el extranjero (…) una vez hasta celebramos la llegada de dinero, pero al otro día no teníamos ni para el taxi”, confiesa el futbolista.
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Patricio Almendra, junto a jugadores “lilas”.
Tras una irregular campaña en 2007, la concesionaria logró saldar algunas deudas a principio de año, pero la historia se repetiría. “Todo esto sale a la luz pública a mitad del 2008, cuando habíamos hecho una gran campaña con Jorge Garcés, incluso partidos jugados con algunos juveniles, porque parte del plantel no quiso entrar por los problemas económicos. Uno de ellos fue contra el Colo Colo de Lucas Barrios, que sin muchas expectativas terminamos empatando a 2.  De todas formas nos quitan puntos por los líos que había”. No inscripción de jugadores y sueldos impagos fueron las razones de la ANFP para castigar a Deportes Concepción. Tras ello, la primera debacle: autodespidos, la certeza de que las platas alemanas nunca llegarían, cheques sin fondo y problemas judiciales de los controladores del club, lo que finalmente significó la segunda suspensión del equipo que no pudo participar del Clausura 2008 y es descendido a la Primera B y se termina la concesión.
 

El día más triste (2016)

Concepción se mantuvo desde 2009 jugando en Promera B, ya con la concesionaria Fuerza, Garra y Corazón a la cabeza.

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Patricio Almendra.
En marzo de este año salieron a la luz los problemas financieros cuando a través de los medios, el plantel exigió el pago de los sueldos de febrero. Deuda que con el correr de los meses aumentó al mismo tiempo que lo hacen las promesas al viento de cancelarlas. El 13 de abril, dos días antes de cumplirse el aniversario número 50 de la institución, los hinchas se tomaron los campos deportivos de Nonguén para presionar a la administración. En la ANFP se analizaba el caso y una dura sanción se veía venir por el reiterado comportamiento financiero “lila”. Hubo marchas, banderazos y un llamado a paralizar la actividad, al mismo tiempo que el directorio del fútbol profesional ponía en manos de los clubes el futuro de Deportes Concepción por su inviabilidad económica: votar por la desafiliación y la posibilidad cierta de dejar de existir.
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Samuel Silva, histórico utilero de Deportes Concepción.
El martes 26 de abril es quizás el día más triste de la familia morada. “Ese día falté a la universidad y con mi mamá, mis primos y mi sobrino nos pusimos nuestras camisetas y fuimos a la plaza. Iba con la esperanza de que todo saldría bien y tendríamos los votos para quedarnos. Cuando dieron el resultado no lo podía creer, me caí de rodillas dos veces al suelo. Era impotencia, desesperación de sentir que te sacaban algo de tu corazón y que te mataban una pasión”. Como miles de hinchas, Catalina Luengo siguió atenta la votación de presidentes. Como muchos, ella pensaba que alcanzarían los once sufragios para no ser castigados, pero la realidad dijo que sólo hubo cuatro votos, y el resto ya es historia.
Con 35 años trabajando en el club, Samuel Silva, utilero del primer equipo, fue a trabajar el 26 de abril. “Tuvimos práctica el lunes, pero por lo que estaba pasando, ese martes le dieron el día libre a los jugadores. Nosotros también estábamos confiados, pero en un momento, los chicos de la inferiores que estaban entrenando se reúnen al centro de la cancha y unos empiezan a llorar: ahí nos dimos cuenta lo que sucedía”. Tiene pena, pero está tranquilo. Con cuatro hijos adultos, aún le cuesta creer que el “Conce” desaparezca. No ha dejado de ir a los campos deportivos, asegura que es su segunda casa y es difícil alejarse. Como gran parte de los funcionarios, tuvo que acudir a ahorros y “apretarse el cinturón”, como dice, y aunque no sabe qué hará en el futuro, la familia del fútbol se ha hecho presente con ofertas de empleo para un hombre que es un símbolo del “camarín morado”.
Concepción, 26 de abril 2016 Multitud de hinchas de Deportes Concepción llegaron hasta la plaza Independencia de la ciudad para apoyar al club en las cruciales horas que se viven, ad portas de ser desafiliados del fútbol profesional por la ANFP, por los problemas económicos y la mala administración realizada en los últimos años por los accionistas de la concesionaria Fuerza Garra y Corazón. www.agenciagradual.com
Con marchas por Concepción los hinchas “lilas” protestaron por la desafiliación del Club. Su grito de guerra: el “Conce” no se va.
La realidad de los futbolistas no es mejor. Instalados en la liguilla para pelear un cupo en la Primera División, fuera de la cancha les quitaron un sueño. Alejandro Gaete llegó en 2015 al plantel y fue parte de esta campaña. Ese día negro estaba en su casa, pero no pasó ni una hora para que junto al resto del equipo llegara a los campos deportivos “para ver qué iba a pasar con nosotros, qué pasos seguir y a buscar nuestras cosas”. Oriundo de Santiago, con dos hijas de 2 y 6 años, optó por quedarse en Concepción para no alterar la rutina de ellas. “No nos cancelaron lo que nos debían, no hubo finiquito, sólo ayuda económica del SIFUP. Ahora no queda más que esperar para ver la opción de jugar por otro equipo (…) Tengo fe, porque dentro de lo futbolístico lo dimos todo y eso demuestra el nivel de profesionalismo de todo el grupo”, concluye.
 

La esperanza es lo último que se pierde

Al cierre de esta edición, se reactivaba el Club Social Deportes Concepción gracias a la votación de sus socios que escogieron a la única lista directiva que se presentó y que trabajará para recuperar el club. Asimismo, el ámbito judicial, la Corte de Apelaciones de Santiago se declaró incompetente para tramitar el recurso de protección interpuesto por el abogado Roberto Coloma, que busca revertir la desafiliación y fue remitido a la Corte de Apelaciones de Concepción, corriendo la misma suerte y siendo devuelto a Santiago.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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