El desafío de perseverar en la universidad

Si bien las cifras de deserción en educación superior han disminuido en los últimos años, es un problema que sigue preocupando y que precisa la labor de todos los involucrados. De acuerdo con un estudio del Servicio de Información de Educación Superior, SIES, del Ministerio de Educación, la tasa de retención en primer año en 2017 fue de 74 % en las instituciones en general. Según el informe, el porcentaje llegaba a un 69,5 %  en 2013 y a un 71,2 % en 2015, lo que demuestra una progresiva mejora en este indicador.

Fernando Quiroga Dubournais
Vicerrector Sede Concepción
Universidad San Sebastián

No obstante, al desagregar las cifras se evidencian diferencias. El número de estudiantes que continúa en la misma carrera e igual institución en segundo año es más alto en las universidades (78 %) que en los institutos profesionales (70 %) y centros de formación técnica (68 %).

El informe entrega otros datos que pueden servir para implementar programas remediales. Las mujeres desertan menos que los hombres, con cinco puntos de diferencia; en las carreras diurnas la retención es mayor, al igual que en los programas del área de la salud y educación. Por el contrario, en ciencias básicas, ingenierías y humanidades la retención tiende a ser menor. Como era previsible, los estudiantes que provienen de colegios particulares tienen mayor probabilidad de mantenerse en sus estudios.

¿Por qué es relevante analizar estas cifras? Porque la deserción en cualquier nivel genera un alto costo para los estudiantes, sus familias y el país. Si un joven abandona su carrera, coarta sus posibilidades de mejorar su calidad de vida en el futuro. De acuerdo con distintos estudios, una persona que sólo cursa la enseñanza media accede, en promedio, a ingresos similares al salario mínimo, en tanto, aquellos que logran un título universitario pueden, dependiendo de diversos factores, aspirar a sueldos superiores al millón de pesos en sus primeros años de ejercicio profesional. Asimismo, es un alto costo para las familias que hacen esfuerzos para que sus hijos ingresen a la educación superior. Por ende, es necesario enfrentar esta situación abordando sus causas.

En general, los jóvenes abandonan sus estudios por factores económicos, vocacionales y académicos. En el primer ítem debemos, como país, hacer esfuerzos para que ningún estudiante talentoso se vea obligado a dejar sus estudios por falta de recursos, independiente de la institución que haya elegido.

En cuanto a los factores vocacionales, los establecimientos de enseñanza media deben implementar actividades que sirvan para que sus alumnos descubran sus potencialidades y gustos. Y para abordar los factores académicos, las instituciones de educación superior debemos acoger a los estudiantes con sus déficits y ayudarlos a nivelar sus conocimientos. Sin embargo, en este desafío el compromiso, trabajo, tenacidad y responsabilidad del estudiante son fundamentales. Finalmente, perseverar en la carrera depende, en buena parte, de cada joven.

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