El día en que el terremoto silenció la música en Concepción

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Hablan los músicos. Algunos nacidos y criados en la capital de la Región del Biobío. Otros la conocen a fondo por ser cuna de sus padres o por protagonizar alguna etapa de su vidas. Por ello, una vez ocurrida una de las mayores catástrofes de las últimas décadas, y tras las surrealistas imágenes de saqueos y miles de damnificados, todos tuvieron algo que decir.
Son las cuatro de la madrugada del fatídico y ya inolvidable 27 de febrero de 2010. Hacía poco más de 20 minutos que un sismo de enormes proporciones había azotado a una buena parte del país. Particularmente a la Región del Biobío. Los casi nueve grados registrados en la escala de Richter mantenían a la población en un estado que mezclaba el shock, el pánico y la incredulidad. La oscuridad total, las casas y edificios destruidos; las explosiones y la interrupción total de todos los servicios otorgaban el escenario perfecto para una sensación de fin de mundo. Y aunque el 27 de febrero será una noche en la que todos tendrán por siempre algo que contar -incluyendo los miles de testimonios de sobrevivientes- decidimos, en esta ocasión, constatar las experiencias de algunos de los músicos que más han consagrado el nombre de Concepción a nivel nacional e internacional. Aquellos que -nacidos o vinculados a la ciudad- llevan al río Biobío, la niebla costera, la garúa y al campanil universitario en su corazón. Estos son algunas de sus historias y testimonios.

“No era nada un temblorcito”

“Estaba solo en mi departamento, ubicado en calle Tucapel, entre Cochrane y Chacabuco. Aunque era viernes, ese día justo me había portado bien, pues esa semana tuve un ataque al colon y los remedios para el dolor me tenían en un sueño profundo. Por ello me costó reaccionar al principio. Primero, entre sueños, pensé que era sólo un temblor, hasta que de repente sentí demasiado movimiento: escucho que se quiebran vidrios, y veo que casi se cae encima mío mi colección de cientos de VHS; ése fue el indicador de que no era nada un temblorcito, sino otra cosa, algo descomunal” recuerda Mauricio Melo, ex miembro de bandas señeras de Concepción, como Emociones Clandestinas y Santos Dumont.
Ese fue sólo el comienzo de un constante estado de preocupación y tensión que se acrecentaría en los días siguientes para el actual líder de “Amigo Imaginario”. “Me vestí, pesqué dos botellas de agua y partí a la casa de mis viejos, por el sector de Avenida Inglesa en Chiguayante. Caminé como una hora, hice dedo, pero nadie me llevó. Había olor a tierra, como un calor húmedo, constantes réplicas, y muchas familias en el parque (Ecuador) preocupadas por la posibilidad de un tsunami”, recuerda.
En tanto, entre las cientos de personas en las calles, una de las más fundamentales  bandas nacionales observaba perpleja, casi en pijama, lo que ocurría en la ciudad: eran Los Jaivas, que justo ese día se habían presentado exitosamente en el Estadio Atlético, en el marco del “Día de la chilenidad” (ver entrevista aparte). Juanita Parra, entre llamados a no separarse y preguntando por su tío Claudio Parra -el pianista- asumía el rol maternal,  el de la cohesión. Sin embargo, tras escuchar una radio, sus palabras dejaron de ser alentadoras: “Dicen que hay alerta de tsunami en toda Sudamérica”. A su lado, reinaba el estupor.
Más hacia el Biobío, en el bohemio “Barrio Estación” de la ciudad, cientos de noctámbulos  intentaban salir de los pubs y discotecas, mientras se reponían del susto de sus vidas. El derrumbe casi total de algunos inmuebles, más la hora y día del sismo -viernes a las 3:34 de la madrugada- hizo temer, en un primer momento, por las vidas de cientos de jóvenes. Melo, tras una visita posterior al lugar, recordaría después a un portal web: “Pasé por el barrio Estación, y está desolador. Quedó lleno de zapatos botados, zapatos de mujeres, y se veían charcos de sangre. Hubo otros locales que tuvieron derrumbes: al local del Bar del Frente se le cayó un buen pedazo. Una amiga que estuvo allí (la periodista Mónica Reyes) me contó que se cortó la luz, que todos trataban de huir, y que se hizo una pequeña herida producto de la estampida”, cuenta.  En Puerto Varas, a cientos kilómetros de allí, Germán Estrada, dueño del recordado local, trabajaba sin sospechar lo que iba ocurrir.
“Estaba tocando como Dj en el “Bar Barómetro”. Allí se sacudió fuerte y se cortó la luz, pero nada grave. Acababa de poner la canción La Escoba de Chico Trujillo y, literalmente, quedó la escoba”, recuerda. Sólo la conversación con un par de conocidos al día siguiente haría vislumbrar al músico electrónico la dimensión del daño producido en Concepción.  A partir de entonces, la incomunicación comenzaría a ser un calvario para él. Tras llegar a Temuco y constatar la ausencia de buses, se las ingenió para que “alguien” lo transportara hasta Concepción por los caminos rurales. “Comencé a constatar la gravedad de la situación por el estado de los caminos; intentaba comunicarme con Conce y cero posibilidad. Estaba muy angustiado por mi gente, mi familia y mis compañeros de trabajo del bar”, confiesa el fundador del mítico pub noventero “Cariño Malo”.

Conce, Get back

Desde la distancia, otros destacados penquistas también se vieron afligidos ante la imposibilidad de obtener noticias de Concepción. A Álvaro Henríquez el terremoto lo sorprendió en su casa de Santiago. Confiesa que entre el corte de luz y la poca información que obtenía desde una radio a pilas, la incertidumbre lo fue progresivamente enrollando. “Al minuto siguiente de la catástrofe traté de comunicarme con mis familiares y fue imposible,  hasta ayer (NR: el 4 de marzo, día anterior al inicio de “Chile ayuda a Chile”). Era tan poca la información y era tanto el rollo que uno se pasaba, que uno no sabía muy bien de dónde agarrarse; afortunadamente, al final mis familiares y los familiares de nosotros están todos bien, aunque hay mucha gente que lo está pasando mal”, declara el líder de “Los Tres”. Su compañero, Ángel Parra, también quedó marcando ocupado durante días. “Bueno, yo soy el santiaguino acá… pero me duele igual, porque he tocado toda mi vida con gente de Concepción, así que tengo una relación estrecha, y mi abuela Violeta nació en San Javier, que también es de la Octava Región. Mi condominio no  tenía luz y escuché todo por la radio. Nosotros estuvimos en el verano tocando ahí, fue algo impresionante. Tocamos en Cobquecura, en Pelluhue, por todos esos lugares, así es que ver ahora cómo quedó es súper fuerte”, reflexiona el guitarrista.
No lo pasó mucho mejor su colega Mauricio Durán. El guitarrista de la exitosa banda “Los Bunkers” está radicado desde hace más de un año en México, DF. Justo se iba a dormir cuando un amigo le avisó del terremoto en Chile, aproximadamente media hora después de sucedido. “Me levanté, me metí a internet y comencé a revisar la poca información que había. Llamé a los demás miembros del grupo y todos hicieron lo mismo. Esa noche me acosté a las 10 de la mañana (13 hrs. Chile), con la angustia de no tener información de mi familia ni de mis amigos. Obviamente desde un comienzo intenté comunicarme por teléfono, pero no había líneas ni de celulares, ni de red fija. Cuando me fui a dormir un rato, le pedí a una amiga que insistiera con las llamadas. Ella logró comunicarse con mi padre, quien nos mandó a decir que la familia estaba bien, mi hijo, mi madre, mi abuela, tías, etc.”

La ciudad de la furia

Tras su periplo nocturno por la ciudad, Mauricio Melo finalmente llega, cerca de las cinco de la madrugada, hasta su hogar paterno. Sus padres, para su tranquilidad, estaban bien, y los daños en infraestructura no fueron demasiados. Pero la pesadilla recién se iniciaba. “Luego vino el pánico por los rumores de saqueos a barrios completos. A Germán Estrada, por su parte, las cosas no se le hicieron más fáciles. “En el camino me conecté con alguien que me contó que el bar estaba lleno esa noche, y que se cayó. Llegué deshecho a Conce, y lo peor fue encontrarme con un escenario de guerra civil contra nadie. La gente armada, tiroteos en calle Los Carrera, edificios destruidos y centros comerciales en llamas.

La catástrofe y la actitud a tomar

Mucho se ha hablado sobre las causas y efectos del terremoto geológico ¿pero qué pasa con el denominado terremoto social, el de los desbandes y robos? Como agentes culturales, los artistas locales también tienen algo que decir al respecto.  Para Melo, las causas serían varias: entre ellas, una tardía reacción de las autoridades, y, más de fondo, el sistema social y económico “No había para qué llegar tan lejos con el saqueo. Salvarse solo, eso es puro egoísmo”.
Para Germán Estrada, los tiempos de lamentos ya pasaron. Su foco, ahora, es la reconstrucción de su local, labor de la que informa casi diariamente a través del sitio de El Bar del Frente” en Facebook. “El daño en mi bar fue grande, pero afortunadamente los muros que cayeron lo hicieron hacia el exterior; sólo hubo tres heridos leves, y tanto el sistema de señalización e iluminación de emergencia, así como el equipo humano, operaron de forma valiente y eficiente, impidiendo una catástrofe mayor”. Estrada cuenta que está a la espera de los informes que determinarán si podrá reconstruir su bar en el mismo lugar, y lanza una reflexión final: “el daño que hizo el terremoto fue grande, pero ya, a dos semanas, vemos que es algo que en algunos años se reconstruirá, y servirá, acaso, para repensar una nueva y mejor ciudad. Pero la ciudad armada, descontrolada, en pánico y sin ley, el abuso y la maldad, son heridas que nada borrará”, se lamenta.
Incluso, algunos ex penquistas o descendientes ilustres también envían sus saludos a Concepción. Pancho Sazo, vocalista de Congreso, quien vivió su adolescencia en la ciudad penquista, asegura ser un gran conocedor de la zona. Por eso, confiesa que le dolió especialmente presenciar la destrucción de Talcahuano, puerto que siempre le ha parecido “un Valparaíso chiquitito”. Afirma que se muestra esperanzado en la recuperación de todo el territorio devastado: “soy lafkenche, y tengo la idea de que cien veces nos hemos levantado, y cien veces nos vamos a levantar de nuevo.  No nos queda otra”, sentencia. También expresó su afecto  el querido y recientemente homenajeado Tío Valentín Trujillo, cuya madre fue nacida y criada en Concepción. “A mí, Concepción me duele muchísimo (…) ¿Cuántos son los saqueadores, 200, 300? No vale la pena ni comentar sobre ellos. Hay mucha gente mucho más valiosa a la cual vale la pena recordar. Estoy seguro que Concepción se volverá a levantar y será una ciudad linda, como siempre lo fue, muy importante, por gente que se jugó la vida por sus ideas. Tuve muchos amigos allá, mi amigo Giolito (José Arturo, fundador de “Giolito y su combo”) y tanta gente tan talentosa y valiosa. Por todos ellos, ¡viva Concepción!

Los Jaivas: ”Éramos una tribu de nuevo”

Aquel 27 de febrero se habían presentado exitosamente en el Estadio Atlético de Collao, en el marco del “Día de la chilenidad”, y a las siete de la mañana partirían raudos al aeropuerto para dirigirse a Viña del Mar, donde homenajearían a su fallecido líder “Gato” Alquinta. Hasta que la madre tierra, en un arrebato de ira, los dejó “atrapados” durante dos días en Concepción.
-Entiendo que el terremoto los pilló en el séptimo sueño, al día siguiente partían al Festival….
-Claudio Parra: Estábamos en el Hotel Terrano, en la calle O’Higgins, a una cuadra de la Torre O’Higgins. Bajamos todos a los tres minutos del temblor.  Estaba cada uno en su pieza, no se podía hacer nada, uno no se podía mover. La Juanita se colocó debajo del umbral…
-Juanita: Yo me paré, abrí la puerta de la habitación y me paré en esa parte, porque así me habían enseñado. Yo sabía que ellos dos estaban en el mismo piso (Claudio y Mario Mutis) y no habrían las puertas, entonces les empecé a gritar “¡levántense, abran las puertas, párense en las puertas!”. Mario me contestaba “¿Qué?” (risas) entonces por lo menos yo sabía que mis tíos andaban cerca, pero era al mismo tiempo era una desolación, una oscuridad…
-¿Cuál fue la primera sensación que tuvieron? Muchos recuerdan que primero todo partió como un temblorcito…
-Mario: Era un temblorcito que después se fue alargando y alargando y se transformó en un terremoto.
-Juanita: Yo esperé que terminara el movimiento, y justo la puerta de mi habitación estaba frente a la escalera de escape. A ese hotel hemos ido mucho, así que yo sabía que estaba ahí. Paró un poquito y bajé por la escalera a toda velocidad, sin zapatos, en pijama, saliendo de este lugar que podía irse abajo completamente.  Fuimos hacia el cerro.
-Claudio: Estaba el pánico del tsunami, porque sabemos que Chile es un país de tsunamis. Además, después del tsunami de Tailandia, en todas las ciudades costeras ves avisos en caso de que venga uno… así es que el pánico era saber qué pasaba. Preguntábamos, y los de Concepción nos decían “no, no se preocupen, porque si hay tsunami pasarán las sirenas, y aquí ya hemos hecho preparativos, etc”. Y de repente había una radio en un auto prendida. Yo me acerqué al auto y decía que no había alerta de tsunami, que había habido una alerta, pero ya no. Dijimos, de todas maneras vamos al cerro (Caracol).
-Juanita: En todo caso, a las dos cuadras, una familia nos dijo que estaba colapsado el cerro.
-Me imagino que al día siguiente pensaron en partir como sea…
-Juanita: Sí po, a las ocho partimos al aeropuerto.
-Claudio: Lo más increíble fue esto: cuando amaneció fuimos a las piezas a recuperar las cosas, las maletas y todo, después el hotel lo cerraron. Y nos quedamos en la calle con todas estas cosas, y curiosamente llegan dos van amarillas que decían “Municipalidad de Concepción” a ubicarnos para llevarnos al aeropuerto.
-Juanita: Respetaron lo acordado…  yo decía “qué nos van a venir a buscar”, y llegaron las van municipales. A las 7 y media se estacionaron, y nosotros ¡vamos! Nos subimos arriba. Increíble, que la Municipalidad –con todo lo que estaba pasando en la ciudad- se haya preocupado y haya cumplido con nosotros. Vamos a Viña, entonces. Llegamos al aeropuerto y nada po, había un administrador que nos decía “desalojen  inmediatamente el lugar, salgan todos”; entonces, ahí sí que empezamos a decir “ahh no, a Viña no vamos a llegar”.
-Mario: “Entonces vámonos en bus”, dijimos (risas generales).  Fuimos al terminal de buses y era peor… volvimos al hotel, porque ahí nos había visto todo el mundo y era más fácil que alguien nos ubicara ahí, que en otra parte.
-¿Les tocó presenciar los saqueos masivos?
-Juanita: De repente descubrimos -como ya conocemos bien Concepción- que el Hotel Holiday Inn (en el que nos trataron muy bien) es bajo y súper sólido, y además estaba cerca del aeropuerto. Listo, vámonos ahí. Nos amontonamos todos en las piezas, y estando frente al mall empezamos a ver cómo empezó a cambiar la gente que andaba afuera, e iban con los carros, hasta balazos escuché yo en un momento.
-Mario: El paseo de los plasmas, de los robos, y la policía disparando al aire para que se dispersaran. Bueno, estaba la luz cortada, había un generador, daban 15 minutos para bañarse, y comíamos lo compartido entre todos.
-El regreso a la comunidad…
-Mario: Claro, éramos una tribu de nuevo (risas).
-Claudio: Al día siguiente yo recuerdo que Concepción estaba, no sé como llamarlo, desamparado. No había celular ni ningún servicio… de repente pasaba una micro…
-¿Qué mensaje les dejarían a la gente de Concepción?
-Mario: Nosotros estuvimos ahí con ellos sin agua, sin buses, sin aviones, sin hotel durante muchísimas horas, así es que sabemos lo que fue. Vimos el pillaje, como también vimos a la gente que se portó bien. La gente del Holiday Inn, por ejemplo, nos acogió, tenían el hall lleno de gente a la que le prestaban una silla, almohada y la gente pasaba la noche ahí, segura, sin que se les fuera a caer nada en la cabeza.
-Carlos Cabezas: Tenemos que respetar el planeta. Ayer leía un reportaje de un surfista chileno que es el cinco del mundo, y que está en Estados Unidos. Le preguntaron por el terremoto, y que le parecía, ya que había hecho surf en las costas chilenas; y él dio una explicación muy clara, que me dejó muy pensativo y que le dejó tarea para la casa a los ingenieros. El dijo que nosotros estábamos ocupando el espacio del mar chileno, que cómo se nos ocurría construir ciudades en la arena, que ese espacio le pertenecía al mar. Nosotros, Los Jaivas, hemos estado en Pelluhue, en Constitución, y todos esos lugares están construidos en la arena. En el fondo, le estamos faltando el respeto al mar, no teníamos temor del mar, y ahora estamos viviendo estas catástrofes.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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