El drama de quienes huelen mal

Por más agua y jabón, por más uso de perfumes y cosméticos, hay personas que igualmente huelen mal.  Eso, porque hay ciertas patologías que se asocian con los aromas fuertes, fundamentalmente en la boca, axilas, pies y en la zona genital. No se logra mucho con enmascarar los olores si no se actúa acompañado de los cuidados médicos y de cambios en la alimentación. No hay estudios tan precisos, pero se consulta bastante por estos males incómodos, más aún hoy, donde lo social es tan importante y donde la belleza se extiende a todos los sentidos.

El apolíneo Leonardo Di Caprio no usa desodorante y se baña poco para ahorrar agua. Dicen que su aroma no hace “juicio” a su fama y que su presencia se huele a metros.  Maluma encanta a sus cuatro babys, pero sólo hasta que se saca los zapatos, y muchos esquivan a Brad Pitt, porque su boca no se siente tan espectacular como su apariencia.

Oler bien es una parte esencial de la salud, de la belleza y también de la cultura. Ser higiénicos es sinónimo de buenas costumbres, pero por más  afán que algunos le pongan a la limpieza, su olor natural les juega malas pasadas. Conviven con la tragedia cotidiana de la vergüenza y de ser condenados socialmente por hedores asociados a su genética o a enfermedades que incluso no saben que padecen.

Susana lo pasó muy mal por varios años. Los pololos no le duraban mucho, por más empeño que mostraba en sus relaciones. Recuerda que un día “llorando las penas” con una amiga, ésta le lanzó una bomba: “Y no has pensado que quizás sea por el problema de tu aliento”, le dijo. “Quedé pálida, porque de verdad no sabía que se sentía tan intenso. Siempre había sido cuidadosa, soy fanática de lavarme los dientes y aunque sentía algunos signos de olor por las mañanas, yo pensaba que se iba con los cepillados. Pero no”, relata todavía con algo de tristeza por aquella vivencia.

Fritz Rüdiger Poloni, odontólogo.

Su diagnóstico fue sinusitis crónica, que además le hacía disminuir su capacidad olfativa. Esto era acompañado de cálculos en las amígdalas que la hacían expulsar unas bolitas blancas y apestosas desde su garganta.

Dice que cuando empezó el tratamiento y la operación que también fue necesaria, muchos se sinceraron con ella y le confirmaron que su olor era tan desagradable, que no se atrevían a comentarlo y que intuían que podía ser algo patológico, pues ella siempre cuidó su presentación. “Cuando lo supe sentí mucha vergüenza. Ojalá alguien me hubiese advertido para haber actuado antes. Ahora estoy mucho más alerta de que algo así no vuelva a suceder. Mi halitosis, que se originaba en una infección de los senos paranasales, se transformó en un problema para  desenvolverme. Hay gente que te evita y a la que haces sentir mal. Uno es víctima de una patología y las demás personas también en cierta forma, porque tienen que aguantar algo molesto y fingir que no existe para no hacerte daño”.

Según explica el odontólogo Fritz Rüdiger Poloni, experto en rehabilitación oral, la halitosis se encuentra relacionada en un 80 por ciento con problemas de higiene. Sin embargo, el 20 por ciento restante no depende de los hábitos de limpieza, pues por mucho que el paciente se higienice no tendrá resultados positivos.

“Hay distintos factores que la originan. Un porcentaje es causado por la flora bacteriana natural que hay en nuestra boca y por los alimentos que ingerimos. El otro se relaciona con factores externos. Por ejemplo, el mal aliento de la mañana se debe a que en la noche se reduce la producción de saliva, que es un antiséptico natural que contiene sustancias antibacterianas y que nos ayuda como enjuague reduciendo la acumulación de bacterias y alimento. Mientras más seca está nuestra boca, peor es el aliento”, agregó.

El facultativo señala que las enfermedades también originan olores distintos y potentes. Una de ellas es la Diabetes Mellitus, que provoca un aliento un tanto acetónico o frutal por la acumulación de acetona en la sangre. Asimismo, la cirrosis o los daños hepáticos son afecciones que influyen en el aroma bucal, como también sucede con la enfermedad renal crónica y los pacientes trasplantados, quienes presentan un olor urémico en la boca.

Dr. Jorge Monardes, dermatólogo.

Rüdiger argumenta que la amigdalitis y el estrés también pueden ser determinantes en la halitosis. “Esto es muy  frecuente hoy, por el ritmo de vida. El estrés provoca xerostomía (sequedad en la boca) y además estos pacientes si consumen ansiolíticos o antidepresivos también inducen resequedad, que genera a su vez un mal aliento”.

Si a lo anterior le sumamos conductas alimentarias como el consumo de aliños y especias, y malos hábitos, como beber alcohol y café, el riesgo de halitosis se dispara, ya que estos componentes pueden permanecer entre cinco a seis horas en nuestra boca, incluso si se ha cepillado los dientes.

La halitosis es la tercera causa de consultas dentales en Chile, después de la caries y la periodontitis. El 50 por ciento de los chilenos la ha padecido en algún momento. Esta patología genera un problema social y quienes viven con ella pierden la confianza en sí mismos y presentan un miedo constante de ofender a otras personas. “Es una situación muy agotadora que hace que disminuya su calidad de vida”, indica Rüdiger.

Lo bueno es que tiene remedio. Uno es la higiene, que variará según el diagnóstico que tenga el paciente o si usa frenillos, prótesis u otros. También la visita a lo menos dos veces al año al odontólogo  para  realizar una higienización. Esto es importante para disminuir factores de riesgo. “Si el paciente tiene caries o enfermedad periodontal por mucho que se cepille los dientes, igual va a tener olor a podrido en su boca”. También entrega otro dato: el uso de artefactos que ayuden a la higiene de la lengua, como el colutorio (enjuague bucal) o el raspador lingual, porque es uno de los principales lugares donde se acumulan las bacterias o células muertas. “Y la gente no está muy acostumbrada a lavarla”, destacó.

Sudor y lágrimas

El sudor es una función fisiológica necesaria y natural a través de la cual los seres humanos regulan la temperatura corporal. Gracias a él, tenemos la capacidad de perder calor y “refrigerarnos”. El problema surge cuando éste adquiere mal olor, porque se asocia inconscientemente a falta de higiene, cuando no necesariamente es así.

Nuestra piel mide, en promedio, unos dos metros cuadrados, y en cada centímetro cuadrado poseemos más de 600 glándulas productoras de sudor. Toda la superficie del cuerpo presenta bacterias que conforman la flora bacteriana, la que varía en función de cada individuo. De esta manera, el desarrollo de las bacterias cambiará dependiendo de la higiene, cantidad de vello o sudoración.

Generalmente, los malos olores se manifiestan cuando hay falta de higiene, especialmente en sitios húmedos, cálidos y poco iluminados, como las axilas, ingle y pies, idóneos para el desarrollo de bacterias y más proclives a expeler mal olor. Zonas en las que, además, las glándulas sudoríparas apocrinas son muy numerosas. De ellas emana un líquido más viscoso, que aparece en la pubertad, y está compuesto por agua, lípidos, feromonas y residuos metabólicos, que tiene un olor corporal ligero y que varía en cada persona.

Cuando las glándulas no funcionan correctamente aparecen patologías como la hiperhion una carga más fuerte de olor, un hedor que a veces es tan intenso que ni el uso de desodorante puede esconderlo.

“Es un colega mayor, distinguido, que llega perfectamente perfumado en la mañana. Pero pasadas un par de horas, con el calor del verano o la calefacción del invierno, es imposible resistir el olor que emana desde diferentes partes de su cuerpo. Cómo le dices ‘hueles mal’ a una persona que es más grande que tú, más experimentada y que tiene el respeto profesional de todos. Es incómodo y lamentable. Sabemos que no es falta de aseo, sino simplemente él es así de fuerte”, explica una compañera de trabajo de un “paciente no tratado”.

El dermatólogo Jorge Monardes, especialista del Hospital Regional e Inmunomédica, explica que efectivamente en ciertas ocasiones las personas que sudan mucho presentan mal olor como efecto secundario. Sin embargo, indica que es más frecuente que los pacientes consulten por la excesiva transpiración que por temas de aroma. “La transpiración de por sí tiene un olor que depende del tipo de alimentación, de la genética y que puede ser más fuerte o más suave. Hay personas que transpiran con un olor más potente, pero hay que tener en cuenta también que la percepción del olor es individual”, aclara.

Lo importante es que todos estos problemas tienen tratamiento. “El sudor en general no huele mal. Las personas que transpiran con un olor más ácido pueden interpretar este factor como algo más incómodo. Estos síntomas se pueden tratar con sustancias que aminoran la sudoración, previa evaluación, y también hay desodorantes que traen sustancias antitranspirantes o antihongos, tanto para axilas como para pies, incluso se pueden usar en las manos. Eso para disminuir la transpiración, no para evitarla, pues no es recomendable eliminarla”, sentencia el doctor Monardes.

Puntualiza que el mal olor en la sudoración también puede estar relacionado con la presencia de hongos. En el caso de los pies, se pueden sobreinfectar por bacterias y así aumentar el mal olor, y eso también debe ser tratado con el especialista.

Los médicos en general recomiendan la depilación a las personas que sudan excesivamente, tanto a hombres como a mujeres, pues el vello contribuye a que haya más calor y, secundariamente, más traspiración.  Además, si la persona practica algún deporte, debe optar por un antitranspirante de acuerdo con su necesidad. En ocasiones, los productos no son suficientes y el dermatólogo podría recomendar un tratamiento con toxina botulínica para disminuir con mayor potencia la transpiración.

Somos (y olemos a) lo que comemos

Nuestra nutrición determina qué olores tenemos en la piel y cuáles afloran de nuestro organismo. La doctora Paulina Vega, médico especialista en Medicina Biorreguladora, Medicina Ortomolecular, Medicina Funcional y Deportiva, señala que en general el tema de los olores es poco abarcado, complejo y que tiene ciertos mitos.

“Hay ciertos alimentos que empeoran el equilibrio bacteriano de la piel y de los intestinos. Por ejemplo, una persona que come muchos productos  procesados de distinto tipo, ya sea alimentos refinados, carnes o embutidos, lo más probable es que va a tener un olor mucho más fuerte, ya que sus procesos de desintoxicación están más exigidos. Eso va a cambiar la flora de su piel y su flora intestinal. En cambio, alguien que se nutre con alimentos reales, es decir, naturales y mínimamente procesados, propiciará en su cuerpo una flora bacteriana más rica y que hace que los procesos sean más ligeros”, acotó.

Dice que es evidente que factores como el estrés desempeñan un rol clave en el olor, pues su presencia desencadena variaciones de adrenalina, cortisol y otras hormonas que estimulan las glándulas sudoríparas.

El pH de la piel oscila entre 4,7 y 5,75.  Por ejemplo, el agua pura tiene un pH de 7, que es calificado como neutro. Los pH inferiores se consideran ácidos y los superiores, alcalinos.

El pH de la piel es ligeramente ácido y varía un poco según el género, el lugar del cuerpo y  la edad.

Actualmente hay muchas empresas dedicadas a la venta de productos para neutralizar olores, pero no todos son recomendables, por lo tanto, es mejor consultar antes de adquirir un producto que puede ser perjudicial.

La doctora Vega  sentencia que los productos tópicos o productos asépticos que utilizan alcohol alteran el estado natural de la piel. Si una persona usa productos incorrectos para su caso, puede hacer que ciertas bacterias se multipliquen e incluso aumenten el problema de olor.  El ejemplo de lo anterior es el uso de jabones especiales para la zona íntima que se han puesto de moda. Admite que a pesar de ser comercialmente atractivos no son aconsejables, pues hacen una irrupción nefasta en la fisiología.

En síntesis, no siempre la higiene es la causante de los malos olores;  existen enfermedades, como el tabaquismo, presencia de hongos o bacterias, exceso de consumo de ciertos condimentos, o incluso puede variar de una persona a otra.

De cualquier forma el mejor camino es visitar a un especialista para abordar el caso y hacer que esta circunstancia no se transforme en una situación abrumadora que margine a las personas de su entorno y termine convirtiéndose en otro problema de salud.

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