El horror de los niños muertos, violados y maltratados en nuestro país

María Angélica Blanco Periodista y escritora.

Como mujer, mamá y abuela, veo con angustia las noticias que informan de niños maltratados, golpeados y asesinados, muchas veces por sus propios padres, padrastros, guardadores e, incluso, por otros personajes dentro del -por estos tiempos- controvertido Sename, institución creada para, precisamente, brindarles protección ante su situación de vulnerabilidad. Hace algunas semanas, un menor de cuatro años murió por la brutal golpiza que le dio su abuela porque no quería comer. De tan sólo pensar que tengo un nieto de la misma edad, me duele el alma, y me pregunto como todo chileno bien nacido lo haría, hasta cuándo seguirán cometiéndose estas atrocidades.

El caso de Ámbar, una creatura que aún no cumplía dos años, estremeció a Chile entero, levantándose un clamor colectivo para pedir justicia y la pena de muerte para quien sería su cobarde agresor, el conviviente de su tía. El sujeto se habría ensañado con la pequeña, violándola y asesinándola a golpes. Yo también exigiría que se revocase la ley que abolió la pena de muerte, para así castigar a los abusadores de críos indefensos a los que no sólo mutilan sus cuerpos, sino que rompen a pedazos el cristal de su inocencia para siempre.

Todavía recuerdo una carta que hizo pública Felipe Kast, quien contaba la historia de José, un infante que al año de vida que fue entregado a un hogar de acogida. José fue violentado continuamente hasta los cuatro años, momento en que su madre logró traerlo de vuelta con ella. El niño, como todos lo que son abusados, quedó con profundos traumas sicológicos y, años más tarde, cometió varios intentos de suicidio. La madre pidió ayuda, pero nunca la recibió, según denunciaba Kast en su carta. ¿Qué será hoy de José? Una pregunta sin respuesta.

¿Es Chile un país con una sociedad particularmente abusiva con sus niños? No tengo estadísticas, pero me parece que el maltrato a los menores ha aumentando sobre todo en el ensañamiento y crueldad demostrado por sus victimarios.

El actual gobierno ha dado muestras de querer instaurar grandes cambios, pero falta mucho por hacer. Tanto así que el primer acto público de Sebastián Piñera como Presidente fue visitar un centro del Sename para anunciar desde allí sus grandes lineamientos para la infancia.

El desafío es entonces trabajar desde la familia, la escuela, el trabajo y las políticas públicas para terminar con la cultura del abuso. Aquí no hay margen de error. Es la vida y el futuro de los niños lo que está en juego. El Estado debe protegerlos, brindarles apoyo y devolverles la alegría, esperanza y dignidad. La evidencia ha dejado muy claro que los niños no pueden esperar. Ya no más.

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