El ilusionista: La ilusión de “casi” ver una película perfecta

Me tincaba una película sobre magia. Debe ser porque, desde tiempos inmemoriales, la magia fue ciencia para muchos pueblos pre- cristianos (o zoroastrianos), entregando una sabiduría que desafiaba las leyes físicas del espacio-tiempo, mediante cábalas y conjuros.
Mitos y leyendas de la antigua Edad Media sobre la espada Excálibur y el mago Merlín parecen resabios de otra época con otra humanidad, otra visión, otra moral. Pero bueno, lo que hace el popular mago Eisenheim (Edward Norton) en “El ilusionista” (dirigida por Neil Burger) en realidad no es magia, sino más bien ilusionismo. Es decir, por distintos medios crear la ilusión de que algo imposible está ocurriendo, como apariciones, desapariciones, transformaciones, levitación, lecturas de la mente y diversos fenómenos que desafían una explicación racional.

Este es, en el fondo, el meollo y conflicto que se discute en la película: ¿Eisenheim era efectivamente un mago –es decir tenía poderes sobrenaturales, como se decía que los tenían los antiguos magos persas- o sólo era un hábil artista en el manejo de trucos? El debate no es antojadizo, sino un elemento que contribuye a dar seriedad y prolijidad a la época en que se desarrolla la historia: la Viena de finales del siglo XIX. Justamente en esos días, el húngaro Harry Houdini, conocido en la vida real como el más grande ilusionista de todos los tiempos, dedicaba su vida a desenmascarar a los falsos mediums, a través de escritos en diversas publicaciones. Pero vamos a la trama.

Eisenheim es un mago de origen humilde, cuya increíble habilidad asombra a la alta sociedad de su época. Esta incluye al príncipe Leopold (Rufus Sewell) y a su prometida Sophie (Jessica Biel). El conflicto comienza cuando se descubre que Eisenheim y Sophie tuvieron un intenso romance en su adolescencia, el que revive gracias a un fortuito encuentro durante una función. Pero el príncipe Leopold no hará las cosas fáciles: la bella Sophie es parte esencial en su complot para tomar el poder por la fuerza, y por ello encarga al corrupto inspector Uhl (Paul Giamatti) que investigue al mago para denunciarlo como farsante y conspirador contra la monarquía.

Esta es una película donde en principio todo funciona bien y bonito: grandes actuaciones de Norton (un habitué en encarnar papeles mesiánicos como Tyler Durden en “El Club de la pelea” y Derek Vinyard en “America X”) y Gimatti (cada vez más ascendente desde su protagónico en “Entre copas)”, buen montaje, ritmo y clásica narrativa. Me imagino que los fundidos a negro circulares son un homenaje a “Viaje a la luna” (1902) de Georges Méliès, justamente un mago que vió en el naciente arte del cine una oportunidad de extender sus habilidades.

Qué puede haber en contra: un final bastante predecible (como un truco muy visto o mal hecho) y un romance más bien impuesto para lograr un guión redondito a los cánones tradicionales. Pero de todas formas, “El ilusionista” no deja de ser una de las mejores entretenciones de la temporada. Vaya verla, no se arrepentirá.

Por Nicolás Sánchez

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