El inicio de la recuperación

La primera mitad de este año estuvo marcada por fuertes efectos de la crisis financiera, lo que se materializó en las mayores caídas en el PIB de la era posguerra. En particular, las cifras sugieren que en EE.UU. la producción se habría contraído un 1,0% t/t en el 2o09, mientras que en Europa y Japón los descensos serían más pronunciados. Como era de esperar, la economía chilena no estuvo alejada de esta realidad, lo cual ha quedado en evidencia por medio de una caída de 4,4% en el PIB del segundo trimestre, acumulando con ello una merma en el producto de 3,3% en el primer semestre. Aún cuando la lectura de estas cifras no es alentadora, creemos que existe una serie de elementos que nos llevan a estar más optimistas de cara al segundo semestre y pensar que lo peor de la crisis quedó en el pasado.
En el caso de Chile, una serie de elementos, como la mejora en el IPSA, el mayor crecimiento de la oferta monetaria, la caída en las tasas de interés de mercado y la recuperación de la confianza de los consumidores, estarían anticipando un segundo semestre con mayor dinamismo. En particular, luego de una eventual caída del PIB en alrededor 1,0% en el tercer trimestre, esperamos que la economía crezca alrededor de 3,0% (o posiblemente más) en 4o09, y que en los primeros meses de 2010 la economía alcance tasas de expansión cercanas a 5%. Sea por “rebote” o por tendencia, mejores cifras de actividad están por venir.
Uno de los principales determinantes que justifica nuestra visión respecto a la recuperación de la economía chilena dice relación con la evolución del escenario externo, donde actualmente las expectativas en EE.UU. se orientan a una reactivación de la actividad hacia el cierre de año. Considerando la historia de las recesiones de la economía americana, es razonable que nos preguntemos si enfrentamos a un escenario de crecimiento sostenido o a una “W”. Examinando la evolución de los inventarios, podemos pensar que el patrón de recuperación de EE.UU. será sostenido e impulsado en un primer momento por la inversión no residencial, para luego ser sustentado, además, por la inversión residencial y la recuperación cíclica de las existencias. Es decir, en EE.UU. veríamos algo más que un par de trimestres con buenas cifras de actividad. Este panorama es consistente con una mejora global en los índices de producción industrial, lo cual generaría un impulso adicional a economías productoras de alto valor agregado, entre las que se cuentan mayoritariamente países del G-8. En este cuadro podríamos esperar que la actividad industrial en Chile retome un nuevo impulso.
Aún cuando las razones para ser más optimistas son evidentes, no podemos perder la cautela y desconocer que los riesgos aún están presentes. El principal de ellos dice relación con la estabilidad de la recuperación en los países desarrollados, ya que la evidencia sostiene que luego de una crisis financiera el patrón de recuperación es más lento que en otros tipos de crisis, lo cual es especialmente importante para una economía con el nivel de apertura como la chilena. En el plano local, la principal interrogante dice relación con el impulso que provendrá del mercado laboral, ya que elementos como el incremento en los salarios reales y la caída en la productividad agregada podría retrasar la recuperación del empleo.

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