El mito de las drogas por contacto

 

Dolor de cabeza, sensación de debilidad, hormigueo en las extremidades, náuseas, mareos y hasta pérdida de conciencia son parte de los síntomas que dicen sentir quienes declaran haber sido posibles víctimas de las drogas por contacto. Sin embargo, la ciencia recalca que no se tiene conocimiento de alguna sustancia que, en contacto con la piel, pueda causar tales efectos, menos de la forma tan inmediata que se describe.

Por Cyntia Font de la Vall P.

 

Eran cerca de las 18 horas del martes 17 de mayo cuando Nicole (22), estudiante de Auditoría en la Universidad de Concepción, llegó al paradero ubicado casi en la intersección de Vilumilla con Maipú, en Concepción. Mientras esperaba la micro, un hombre se le acercó para preguntarle una dirección. Al decirle que no sabía dónde quedaba, el sujeto puso su mano en el hombro de la joven, diciéndole que no importaba y que le agradecía de todas maneras. A Nicole le incomodó ese toque forzado, e instintivamente pasó su propia mano por el lugar, como “limpiando” ese contacto que -ahora piensa- duró demasiado.

En ese momento pasó el bus que esperaba y lo abordó, cosa que también hizo el individuo, sentándose un par de filas más atrás. “Avanzamos unas cuantas cuadras y comencé a sentirme mal… Me faltaba el aire, la vista se me nubló. Como iba sentada sola, miré a mi alrededor, buscando a quien pedirle ayuda… El hombre que me había tocado me estaba mirando. Quise pararme, pero las piernas no me respondieron. Tenía mucho miedo, el corazón me latía muy rápido, y supe que esto no era normal, y de inmediato lo asocié al toque del tipo en mi hombro”, narra la joven.

Testimonios como el de Nicole (quien pidió no dar su verdadero nombre) se repiten hasta el cansancio en redes sociales desde principios de año, acrecentándose con el regreso a la presencialidad de colegios y universidades. Y si bien los casos parecieran concentrarse en la Región Metropolitana -donde incluso hace un par de meses cerraron una estación de metro por un aviso en rrss de que habrían rociado los pasamanos con alguna droga-, lo cierto es que también en otras ciudades se han conocido casos de posibles víctimas. Y no solo se trata de estudiantes.

Hace poco comenzó a circular en redes sociales un comunicado que provendría de un colegio en Concepción, en el que advertían que una apoderada habría encontrado en la manilla de la puerta de su auto un flyer, el que retiró al subirse. Tras solo unos segundos de haberlo tocado, su mente quedó en blanco y, si bien iba manejando, no recuerda el trayecto o cómo llegó hasta su casa.

Tremendamente parecido es otro relato que también se ha difundido por las redes sociales. Se trataría también de una apoderada, esta vez de un colegio en La Reina, quien habría sido drogada al tocar un volante puesto en la puerta de su vehículo. Tras solo unos segundos del contacto, habría comenzado con malestares, pérdida de memoria y parálisis.

Otra historia similar apareció en medios de Antofagasta, en los que se da cuenta de una mujer a la que, mientras esperaba locomoción, le entregaron un panfleto. Si bien luego de tomarlo, se echó alcohol gel en las manos, rápidamente comenzó a sentirse mareada y con taquicardia, debiendo pedir ayuda en un jardín infantil cercano.

¿Existen las drogas por contacto?

Con tantas historias de este tipo difundiéndose en grupos de WhatsApp y plataformas digitales -y aún más por el boca a boca, generando temor y sensación de inseguridad-, es inevitable preguntarse ¿existen realmente drogas que al solo contacto con nuestra piel o ropa puedan generar un efecto tan potente y en tan poco tiempo?

“No, científicamente hablando, no hay evidencia de que exista nada así”, es la enfática respuesta del químico farmacéutico y Dr. en Toxicología, Claudio Müller Ramírez, profesor de la Facultad de Farmacia UdeC.

Claudio Müller Ramírez.
Claudio Müller Ramírez

El académico explica que si bien existen las llamadas “sustancias facilitadoras de asaltos” o “drogas de sumisión”, estas no actúan por contacto, sino que deben ser administradas por vía oral.

“En general, es difícil que una droga entre por la piel, porque es una muy buena barrera. Tendría que ser una formulación especial, y de muy alta concentración que, además, se mantuviera en contacto estrecho con la piel por un periodo muy extenso. Circunstancias muy distintas a las descritas en redes sociales, donde apenas tocan a la persona y el efecto es casi inmediato”.

-¿Y si se tratara de una droga en polvo que la víctima inhalara, o algún spray que le rociaran a la cara?

-“Es cierto que la vía inhalatoria es más permeable, porque está diseñada para el intercambio de gases. Entonces, podría ser que -de haber una droga en formato de polvo en el aire, o aerosol-, aumentara su capacidad de absorción. Pero, nuevamente, implicaría que se presentaran condiciones súper específicas: un espacio cerrado, sin ventilación y una droga que estuviera en una muy alta concentración. No bastaría con un spray o algo que te soplaran a la cara”.

Berta Schulz Bañares,
Berta Schulz Bañares.

Coincide con las opiniones del Dr. Müller, la Dra. en Toxicología Berta Schulz Bañares, químico farmacéutico y también académica de la Facultad de Farmacia UdeC. “A pesar de lo mucho que se especula en redes sociales, hasta el momento no tenemos ningún reporte de drogas de sumisión inhaladas o por contacto (…) Es difícil que una sustancia entre por la piel, y para que traspasara las mucosas nasales debería ser una aplicación muy cercana, en forma de gas, en gran cantidad y por un tiempo muy prolongado. Algo así como estar en una habitación cerrada y con mucho humo en el ambiente. De otra forma, no es posible”, afirma.

La temida burundanga

Si bien el uso de supuestas drogas por contacto con fines delictuales está en el tapete en estos meses, la verdad es que se trata de un tema que cada cierto tiempo reflota, haciendo eco en la ciudadanía, y causando sensación de vulnerabilidad sobre todo en mujeres.

Ya en 2015 encontramos en un diario de Valparaíso la historia de una joven a quien un sujeto en la calle le habría entregado un cepillo de dientes que -se sospechaba- habría estado impregnado de burundanga, “una sustancia que funciona al tacto y que la hizo desplomarse casi inmediatamente cuando lo tocó”, dice el periódico.

Pero, ¿es cierto? ¿Podría la burundanga estar detrás de estos incidentes que provocan pérdida de conciencia y de funciones motoras en las víctimas?

El Dr. Claudio Müller explica que, químicamente hablando, la escopolamina (popularmente conocida como burundanga) es un alcaloide que genera una interacción a nivel de sistema nervioso, inhibiendo el estado de alerta. “Dicho en palabras sencillas, dependiendo de la cantidad o dosis, esta sustancia puede provocar desde la pérdida de conciencia hasta la sumisión química, que es la pérdida de la voluntad. Eso implica que un delincuente podría lograr fácilmente que le dieras tu clave del banco, o que tú mismo le entregaras todo tu dinero, y todo de manera ‘voluntaria’, porque estarías bajo los efectos de la escopolamina”.

Y es que las drogas de sumisión al llegar al torrente sanguíneo generan una suerte de estado de hipnosis, que hace que la víctima obedezca órdenes y siga instrucciones. Sin embargo, no sería posible someter a una persona solo con tocarla. Para que la droga se absorba y provoque esos efectos, la escopolamina debe ingresar al organismo a través de la vía oral o digestiva. “Es conocido que los delincuentes suelen poner el polvo o la pastilla de escopolamina en el trago de la persona de la que quieren aprovecharse. La víctima bebe, y la sustancia comienza a hacer efecto”, detalla el académico UdeC.

-¿Qué tan rápido es el efecto de esta droga, y cuánto dura?

-“Siempre existe un tiempo de latencia, que suele ser entre 15 y 30 minutos, para que la sustancia comience a hacer efecto. Eso en la generalidad, pero también va a depender de otros factores, como si la persona había ingerido alimentos antes, o qué está bebiendo. Si no ha comido y está tomando alcohol, la droga se va a absorber más rápido y hará efecto antes. Además, es probable que su efecto se vea potenciado por el alcohol.

Y en cuanto a la duración, también es relativo. Dependerá de la pureza de la sustancia, de su concentración, de la dosis, etc. En general, se habla de unas cuantas horas, sin alcohol. Con alcohol, puede ser mucho más. Incluso, hay quienes pierden la conciencia, se duermen y despiertan al otro día, sin acordarse de lo que les pasó, pues hay pérdida de memoria de corto plazo con esta droga”.

Entonces, si bien los efectos de la burundanga coinciden con los síntomas descritos por las víctimas, no hay evidencia científica que respalde que pudieran causarse solo con tocar la piel de una persona o depositando en ella un papel impregnado con esta u otra sustancia. Así lo confirmó en el mes de abril el Sistema de Alerta Temprana de Drogas (SAT), desde donde dijeron que “no se conocen antecedentes de ninguna droga que funcione mediante el mecanismo de administración sugerido en las publicaciones, con la rapidez que se denuncia. Esto, ya que absorber drogas por vía cutánea no podría conseguir un efecto sistémico tan agudo como el que las víctimas describen”.

Angustia y ansiedad masivas

Pero si no existen las drogas por contacto, ¿qué es lo que está causando los síntomas que decenas de personas refieren? La respuesta más plausible sería un trastorno de somatización, fenómeno que ocurre cuando un individuo, sometido a un elevado nivel de estrés o ansiedad, comienza a manifestar síntomas físicos de diversa índole, sin que existan razones físicas que lo expliquen.

Ciertamente, eso podría explicar las sensaciones que dicen sentir quienes creen que fueron intoxicados por alguna droga de contacto. De hecho, en todos los relatos existe un factor común: el miedo extremo a la situación en sí, o a lo que podría pasarles.

El psiquiatra Vicente Aliste aporta otra mirada: “La exposición a eventos traumáticos o de riesgo vital, así como sentirse amenazado por otros, habitualmente genera una respuesta posterior de miedo y angustia, y un estado de hipersensibilidad a eventos similares, ya sea que se den en el presente o en el futuro. Es lo que habitualmente se conoce como trastorno de estrés postraumático”.

 

 

Dicho trastorno, explica el profesional, no solo se presenta en quienes viven un hecho traumático, sino que también podrían desarrollar una sintomatología similar de ansiedad (de una manera más colectiva) las personas que son testigos presenciales del hecho o, incluso, quienes toman conocimiento del suceso a través, por ejemplo, de medios audiovisuales. “Entonces, considerando los tiempos de gran inmediatez noticiosa que vivimos, nuestra constante presencia en redes sociales, y nuestra alta exposición a situaciones de impacto noticioso, que involucran abusos sexuales, robos, agresiones y amenazas, es fácil concluir la factibilidad de ocurrencia de fenómenos de ansiedad o angustia masiva a nivel de la población”, sostiene el profesional.

A eso se sumaría la mala calidad de la salud mental de los chilenos, lo que implicaría que tenemos una “mala base emocional” para gestionar lo que sentimos frente a amenazas o eventos de agresión que nos afecten a nosotros, o a otros. Y, por supuesto, afectaría más a mujeres que a hombres dada la sensación de indefensión y vulnerabilidad que viven a diario.

Vicente Aliste Araneda

Sería entonces la somatización de ese miedo lo que nos llevaría a sentir un abanico de síntomas -variando de persona a persona-, que irían desde opresión en el pecho o dificultad para respirar, atribuibles a una crisis de pánico o de ansiedad, hasta pérdida de control del cuerpo y pensamientos. Esto, aun cuando también existe registro de una base de cuadros ansiosos y de trastornos de pánico -que se manifiestan de forma similar- en forma paralela a esta “sugestión”.

Nicole, con quien abrimos esta nota, confirma haber sentido “un profundo miedo”, que solo comenzó a pasar cuando fue auxiliada por una joven que al subir a la micro se sentó a su lado. Decidieron descender del bus, y Nicole llamó a su papá para que la fuera a buscar. “La niña se portó ‘un 7’. Me acompañó todo el rato hasta que llegó mi papá. No sé cómo le afectó el haberse quedado conmigo, quizás llegó tarde a clases o a su casa, no sé. Pero todo fue tan confuso que al irme le agradecí a la rápida, y ni siquiera le pregunté su nombre… Si lee esto, que sepa que siento que le debo la vida, de verdad, porque cuando estaba en la micro estaba segura de que me iba a morir”, declara.

La importancia de hacerse ver

Tras recogerla su padre, Nicole no concurrió a la policía a dejar la denuncia, ni a un centro asistencial para que la examinaran. Y, al parecer, tampoco lo habrían hecho otras afectadas. De hecho, consultados sobre el tema los departamentos OS7 de Concepción y Los Ángeles, a través del equipo de Comunicaciones de Carabineros, informaron que no han registrado denuncias por drogas de contacto en la Zona. Lo mismo ocurre con la Policía de Investigaciones, desde donde indicaron que en la PDI Concepción no han recibido denuncias por intoxicaciones con este tipo de sustancias.

Sin embargo, lo que más recalcan desde el mundo científico y policial es la importancia de denunciar estos hechos, ojalá de manera inmediata. Eso permitiría recopilar antecedentes, constatar síntomas o lesiones (en caso de haberlas), a la vez que esta información podría llegar al Ministerio Público, que podría ordenar una acción de investigación con calidad de urgente.

La Dra. Schulz hace hincapié en que una de las cosas que complica la detección de posibles sustancias usadas para drogar a alguien, es el largo tiempo que pasa entre que la víctima es supuestamente drogada hasta que llega a un centro hospitalario. “Primero, hay que aclarar que no todos los laboratorios tienen las capacidades para hacer este tipo de examen que, ciertamente, no es un testeo de rutina. Si bien existen test generales de drogas, se necesita uno más específico para descubrir la presencia de escopolamina, por ejemplo. Incluso, algunos exámenes solo pueden hacerse si hay una orden legal que lo dictamine. Entonces, todos estos trámites, sumado a que los test no se realicen en todos los laboratorios -más la consiguiente espera para ser atendido en un centro de salud- generan que pase mucho tiempo antes de poder contar con una muestra, lo que obviamente dificulta la detección de alguna sustancia en líquidos biológicos”, explica la académica.

-Más allá de no detectar la droga, ¿cuál es el efecto más grave que podría sufrirse por no concurrir prontamente a un centro de salud?

-“Lo más grave se da en asociación con alcohol porque, de tratarse de dosis muy altas, la combinación de ambas sustancias podría generar un efecto a nivel cardíaco o una insuficiencia respiratoria y, por ende, un colapso vascular y hasta la muerte. Además, producto de la asociación con alcohol, la víctima podría perder la conciencia, impidiéndole llegar a tiempo a un centro asistencial”.

-¿De cuánto tiempo estamos hablando?

-“En esto todo es relativo. Sin saber las dosis o combinaciones, no puedo proyectar en cuánto tiempo un organismo podría colapsar. Lo que sí te puedo decir es que hay evidencia, por ejemplo, de que la vida media de eliminación de la escopolamina son dos horas y media, lo que -desgraciadamente- nos da un margen muy pequeño para alcanzar a llegar a un centro y detectarla en orina. Menos aún en sangre. Por eso, se habla poco de detección del principio activo, y se actúa más bien basados en la sintomatología del paciente”.

Por esta razón, dice la Dra. Schulz, es fundamental que, apenas se sientan síntomas extraños, se concurra de inmediato a un centro asistencial. Eso podría marcar la diferencia en cuanto a la detección de una determinada sustancia pero, sobre todo, permitiría eliminarla rápidamente del cuerpo, evitando así una sintomatología más intensa o una intoxicación que comprometiera la salud de la persona.

Prevención ante todo

Tanto el Dr. Müller como la Dra. Schulz recalcan la importancia de la prevención y el autocuidado. “Si bien no hay evidencia de que existan sustancias que por el solo contacto generen efectos físicos o mentales inmediatos, las drogas de sumisión son una realidad. Por ello, es fundamental que las personas, y sobre todo quienes entran en el perfil que parece verse más afectado por ellas -estudiantes y mujeres jóvenes- tomen precauciones: ir atentos en la calle, no pendientes del celular o con audífonos, y también preocuparse de lo que se bebe o come en lugares públicos. Y siempre, ante cualquier evento extraño, denunciar. No importa si no se detecta nada, servirá para dejar un precedente y que se refuerce la investigación”, aconseja el profesional.

La Dra. Berta Schulz añade que en estos temas la clave es el autocuidado. “Moverse en ambientes de confianza, no andar solos, acompañarnos por personas conocidas, con quienes nos podamos proteger mutuamente. Y siempre denunciar. Es la única forma de que se genere un registro, que permita hacer seguimiento de los casos, y así aumente la prevención”, puntualiza.

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