El problema de fondo tras la muerte de Borja López

Todo Chile se conmovió con la muerte del pequeño Borja López. La tragedia no sólo afectó a sus padres y familiares, sino que remeció a la sociedad en su conjunto y, especialmente, a todos quienes trabajamos por la educación de los niños y las niñas de nuestro país.
Lo impactante de la noticia, que dio la vuelta al mundo, ocasionó una serie de reacciones por parte de las autoridades y los medios de comunicación. De inmediato, en una actitud muy propia de nuestra idiosincrasia, se alzaron voces solicitando el castigo de la educadora imputada por la muerte del niño, centrando el debate en la calificación jurídica del hecho: si correspondía a un homicidio por omisión o a un cuasidelito de homicidio, o si ella debía permanecer privada de libertad como castigo por su evidente negligencia.
Todos vimos, también, a las autoridades clausurando el jardín infantil involucrado en el hecho y fiscalizando a transportes escolares. Sin embargo, cabe preguntarse si estamos solucionando el problema de fondo tras la muerte de Borja, si podemos definir lo ocurrido sólo como una terrible negligencia –aislada y específica– o como un síntoma del descuido y poca importancia que se le otorga en nuestro país a la Educación Parvularia.
Lo otro: ¿qué es lo que lleva a una profesional universitaria, titulada de Educación Parvularia, a transportar niños como una manera de obtener mayores ingresos? Esta situación refleja un problema transversal del ejercicio pedagógico, relacionado con los bajos sueldos que reciben quienes educan y cuidan del principal capital humano con que cuenta cualquier país, como lo son nuestros niños. Sin embargo, el análisis no sólo compete a los maestros.
No cabe duda que se deben revisar los protocolos y condiciones de trabajo en que opera la gran mayoría de los jardines infantiles, muchos de ellos a cargo de particulares cuyo único afán es el lucro, por lo cual –simplemente– no cumplen con las mínimas normas de seguridad, higiene y apego por la aplicación de los planes pedagógicos contemplados para la educación en la primera infancia.
Punto aparte son los sueldos recibidos por el personal de estos establecimientos, que en muchas ocasiones deben cumplir jornadas de diez horas por remuneraciones que no superan los 250 mil pesos. También, el hecho de que estos jardines ni siquiera cuentan con el número de educadoras y asistentes requeridas para su matrícula de alumnos.
Adicionalmente, cabe preguntarse cuál es el rol aquí del Estado. Si exigiéramos consecuencia, se debieran aplicar políticas orientadas a privilegiar la educación en la primera infancia y dotar a este segmento de la infraestructura y recursos para alcanzar mejores estándares en sus procesos educativos. Junto con ello, debería existir una estricta fiscalización del ámbito privado, con el objeto de impedir prácticas irregulares y que atenten contra la integridad y calidad de la educación recibida por los niños, como así también contra las condiciones de trabajo de las profesionales del área.
Por último, y como una tercera arista, ¿no debemos cuestionar a su vez el rol de los padres en la elección de los jardines infantiles de sus hijos y la preocupación que le asignan a ésta en el proceso de formación de los niños?
Mucho se ha comentado que este tema se ve influenciado por variables económicas y sociales, pero es responsabilidad de cada apoderado velar por la integridad, seguridad y acceso a la educación de sus hijos. Así podemos ver casos de familias que no escatiman en gastos para la adquisición de bienes materiales, pero si reparan en ahorrar 10 ó 20 mil pesos en la mensualidad del jardín infantil o el transporte escolar al que entregan el resguardo de sus propios hijos.
Esta afirmación, además, nos lleva al concepto de la “guardería infantil”, que es –en el fondo– el real sentido que tienen los jardines para miles de padres que dejan a sus niños todo el día bajo el cuidado de terceros, sin cuestionarse mayormente si ellos reciben una atención y educación acorde con esta importante etapa de sus vidas.
Es de esperar que la trágica muerte de Borja no se convierta solamente en la noticia de moda durante unos días o semanas. El mejor homenaje a su memoria será revisar y reformar una serie de aspectos relacionados con el tratamiento que como sociedad damos a la educación de nuestros niños, tema que por su importancia compete a todos quienes participamos de este importante proceso y, especialmente, a todos quienes somos padres y madres.

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