El profesor, piedra angular del cambio en la educación chilena

La sociedad del siglo XXI se caracteriza por cambiantes y aceleradas demandas, producto de una aldea global donde el conocimiento pasa a ser una herramienta fundamental para responder con la misma celeridad a las exigencias actuales, lo que ha dejado de lado la relevancia que tiene cultivar el ser y aprender a vivir juntos en pro de un bien común. Se requiere entonces de una educación que no se quede sólo en el discurso, sino que nos lleve a un “hacer inmediato”, que genere cambios reales en cada uno de nosotros y en la sociedad.
La educación nos plantea nuevamente grandes desafíos, pues pese a haber alcanzado un alto nivel de cobertura, estamos en deuda con una “Educación de Calidad para Todos” como un derecho humano fundamental y un bien público que nos lleve a lograr, aunque suene utópico, a un mundo de justicia y de paz.
Está demostrado que en Chile tenemos un problema estructural del sistema educativo, pero no podemos esperar que ello se arregle de la noche a la mañana, pues la urgencia está determinada por el rol que cumple el profesor en el aula.
Hoy, los profesores debemos demostrar el amor por nuestra profesión, empoderarnos de ella y darnos cuenta de la importancia que tenemos en la vida de cada uno de nuestros estudiantes, por eso no sólo debemos ser profundos conocedores de la disciplina y de las metodologías de enseñanza, sino que ser líderes positivos, comunicadores efectivos y “afectivos”, preocupados de conocer y creer en los alumnos, de crear un clima de confianza y respeto, de generar instancias de diálogo, de reflexión y crecimiento, conformando comunidades de aprendizaje, sólo así lograremos que nuestros estudiantes construyan y logren los saberes.
Desde esta mirada, es esencial una formación inicial docente de calidad, partiendo de la admisión donde un puntaje no asegura un profesor con vocación. Es lógico pensar que un mejor resultado de la PSU sea sinónimo de mayor capital cultural; sin embargo la educación y la formación del profesorado va más allá, es importante que además de un puntaje de ingreso, se aplique un test vocacional y se realice una entrevista personal a cada postulante y así evidenciar la vocación de éste.
En definitiva, la formación universitaria de los educadores debe apuntar a que sean profesionales capaces de transformar vidas y generar cambios sociales, pues tal como propone la historiadora y experta en educación Carin Taylor, “un buen profesor puede ser capaz, elocuente y erudito, pero si sus alumnos no aprenden, no es lo suficientemente bueno”.
Luz Jara Mondinger
Directora de la Escuela de Educación
Universidad Santo Tomás de Concepción.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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