El rol de la literatura en la formación de los niños

Las sociedades avanzan desde hace décadas en la implementación de instrumentos de medición, como SIMCE, PISA y TIMSS, que permiten contar con estándares para determinar los conocimientos y habilidades de estudiantes de distintas edades, proporcionando a la vez información sobre la evolución de las políticas educativas en diversas áreas.

Horacio Salgado Fernández
Director de Psicología
Universidad San Sebastián.

En un terreno mucho más concreto, padres, madres y establecimientos educacionales debieran preguntarse constantemente si la educación formal e informal a la que niñas y niños son expuestos es perfectible. Tal interrogante sería pertinente en conversaciones familiares o de las comunidades educativas cuando se aborda el manido tema de la calidad de la educación.

Para responder esa inquietud resulta preciso advertir, de partida, que la educación no está restringida a las variables o contenidos que midan dos, tres, o determinada cantidad de instrumentos. Si así fuera, difícilmente podría aseverarse que el goce estético, o responder una consulta en plazos oportunos, formen parte de una buena educación.

En esa línea, la reflexión propia y colectiva sobre qué acciones posibilitan perfeccionar la educación debiera conducir a una consecuente responsabilidad de los actores involucrados.

Dicha responsabilidad puede evidenciarse en conductas específicas de padres y profesores, cuyo efecto es crítico en la formación de las personas. Asistir a una función de teatro, o a un concierto de música clásica, o evitar consentir cada petición de los niños pueden ser acciones (u omisiones) concretas que contribuyen a su control de impulsos, a la adecuación social y a la tolerancia a la frustración.

Asimismo, educar la empatía es crucial en un mundo que cotidianamente acicatea prejuicios y estereotipos. En este sentido, diversas investigaciones han mostrado los beneficiosos efectos, al menos en el corto plazo, de la buena literatura de ficción sobre las capacidades de las personas para identificar los estados subjetivos emocionales y cognitivos de otros. Así, proveer buena literatura a nuestros hijos e hijas también es una forma de fortalecer su educación.

El crítico literario Harold Bloom sostiene en la introducción a una compilación de obras literarias que éstas ofrecen deleite a niños de todas las edades, pues no hay nada difícil ni oscuro en ellas. Además, plantea que si alguien encontrara en esa recopilación algún texto que no comprendiera de inmediato, debiera esforzarse para descubrir una capacidad todavía no utilizada de su propio potencial.

No hay que equivocarse respecto de hacia dónde empujamos a niñas y niños. Ejercitar su adecuación social, su empatía, su resignación y perseverancia fortalecerá su carácter, y acercarlos a Carroll, Stevenson o Gógol, les facilitará el camino para llegar al goce estético de Austen, Nabokov o Shakespeare.

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