El sobreviviente de la antigua Concepción

La construcción, emplazada en arenas penconas, luce sólo el cuarenta por ciento de su estructura original, que data de 1687. Afectada por numerosos terremotos y tsunamis, gran parte de sus cimientos están enterrados en la arena, y lo poco que queda presenta fisuras, hongos y daños. Así y todo, es el único hito que recuerda a la ubicación original de Concepción. Un proyecto municipal busca restaurarlo y devolverle el brillo que tuvo hace 330 años, cuando fue levantado para proteger a la ciudad de los ataques de corsarios.

Fuerte la Planchada

El Fuerte La Planchada es el único vestigio colonial de lo que fuera la antigua ciudad de Concepción. Ubicado en la playa de Penco, se levanta como uno de sus lugares más emblemáticos, y mirador absoluto hacia la costa. Aunque lo que actualmente se conoce de esta construcción está muy lejos de lo que se pudo observar en 1687, el año de su inauguración.

Su edificación fue idea del gobernador José de Garro, quien decidió reforzar las defensas marítimas de lo que era el Reino de Chile y, especialmente, la antigua ciudad de Concepción. Antes ya se había circunvalado la bahía, pero aquella fortaleza costera fue destruida por indígenas en 1654.

En un inicio eran 16 los cañones disponibles, con almacenes subterráneos, cuarteles y también un foso, siendo la primera fortificación permanente y sólida del país que podía resistir los asaltos marítimos. Tuvo, a lo menos, 20 o 30 reparaciones y también adiciones, como un almacén de pólvora, en 1721.

Los cañones que permanecen junto a la playa son los testigos más antiguos del fuerte que protegió al Concepción del valle de Penco.

Tres décadas después de aquella fecha, el gobernador de Garro ordenó al maestre de campo y militar experimentado, Jerónimo de Quiroga, construir una fortificación de piedra con cañones, con el fin de proteger la bahía de piratas que rondaban el Pacífico. Las medidas fueron cien varas de cortina y siete varas de alto, es decir, 80 metros de largo y casi seis de alto. Incluía también un foso por el que pasaba el estero de Penco, bajo la cota de la playa.

En los años posteriores a su construcción, y producto del descuido, la estructura semejante a un castillo se fue erosionando. Fue reparada en 1721, pero los terremotos y tsunamis de 1730 y 1751 causaron estragos en ella.

Tal como se expresa en el libro El Fuerte La Planchada de Penco -de Luciano Burgos, Eric Forcael y Armando Cartes- la historia siguiente para la fortificación fue la picota, sobre todo entre 1907 y 1913, cuando gran parte de ella fue demolida para permitir el paso de la vía férrea.

A pesar de que en 1977 fue convertido en Monumento Histórico Nacional y que en 1980 fue sometido a extensas reparaciones, la estructura sólo exhibe hoy un cuarenta por ciento del emplazamiento original. Signo también de los cambios sufridos por ella es la ubicación del escudo que adorna la muralla principal del fuerte desde 1751. Antaño coronó la entrada principal a la fortificación, a unos tres metros de altura. Hoy no se ubica a más de 30 centímetros sobre la arena de la playa, siendo el testimonio de que existen casi 2.3 metros de la estructura enterrados en las arenas penconas, estragos que impulsan la posibilidad real de devolverlo a la vida y brillo que tuvo hace 330 años.

CONSTRUIDO CON ARENA

Para construir el Fuerte La Planchada -primero conocido como Batería de Bóvedas de Penco y también como Fuerte de Castillo- se utilizó arena de mar, la que mezclada con cal evitaba el exceso de humedad y salitre. No toda la arena era óptima, por eso, para clasificarla, los obreros debían restregarla entre sus manos. Si el roce emitía ruido, era arena adecuada. Además, si al ponerla en agua la enturbiaba y dejaba limosa, era desechada.

Con esa mixtura erigieron la construcción, uniendo sillares (piedra labrada en varias caras) que eran montados a soga y tizón, es decir, por su lado más largo y más corto, respectivamente. Todo rellenado o complementado con mampostería o piedras pequeñas.

El diseño es una plancheta, batería o barbeta. O sea, una fortificación de piedra, con estructura de plataforma, donde se ubican cañones disparados por sus artilleros a pecho descubierto y sin mayor protección, con la posibilidad de mover los cañones en diversas direcciones. En este caso, era una batería de costa con artillería de grueso calibre.

En un inicio eran 16 los cañones disponibles, con almacenes subterráneos, cuarteles y también un foso, siendo la primera fortificación permanente y sólida del país que podía resistir los asaltos marítimos. Tuvo, a lo menos, 20 o 30 reparaciones y también adiciones, como un almacén de pólvora, en 1721.

Así será el Centro de Interpretación que se construirá al lado del fuerte, donde se realizarán actividades para promover el patrimonio.

Se utilizó como guardería de material militar y, a partir del 1800, como prisión para los patriotas. Uno de los casos más recordados fue el de la madre de Ramón Freire, Gertrudis Serrano, quien pasó dos años allí detenida por su cercanía al bando insurgente.

Durante la instauración de la República siguió usándose como cárcel. Posteriormente fue usado como cuartel de policía, hasta 1865, cuando con motivo de la guerra con España volvió a cumplir funciones militares. En 1891, de hecho, fue artillado con dos cañones que nunca llegaron a disparar.

Los 16 cañones que tuvo el Fuerte La Planchada tenían la posibilidad de ser movidos en diversas direcciones.

UN SÍMBOLO

“El Fuerte La Planchada es un sobreviviente y testigo de los azarosos años coloniales y del bulloso período industrial. Por ese complejo tránsito, es el símbolo material más antiguo de la presencia moderna en Concepción en el valle de Penco. Su valor es altísimo, por la información que nos han proporcionado los viajeros y sus estudiosos y, por la que aún puede entregar sobre las líneas de fortificaciones militares y arquitectura colonial. Una vez restaurado y puesto en valor, será un hito principal en el turismo del Gran Concepción”, comenta Boris Márquez Ochoa, historiador y director de la Biblioteca Municipal de Concepción.

El historiador plantea además que el fuerte es una fuente de inspiración y un símbolo de la continuidad histórica de Penco. Bien sabe de eso el folclorista y profesor Enrique Valderrama Moraga, quien en 2011 escribió una cueca inspirada en su historia. Aquella obra ganó el Festival de la Cholga, encuentro musical pencón, de aquel año.

CENTRO DE INTERPRETACIÓN

Hoy, el Fuerte La Planchada exhibe 67,9 metros de largo y 3,37 de alto, junto a distintivos cañones de acero. Uno de ellos, de hecho, corona también el Museo Histórico de Penco. Su añosa estructura presenta además gran cantidad de hongos y fisuras, según lo comentado por el alcalde pencón, Víctor Hugo Figueroa.

Pero hay esperanza, pues su mantención y restauración hacia su estado original está considerada en un proyecto que incluye también la construcción de un Centro de Interpretación al costado del fuerte. En este lugar se realizarán actividades de comunicación y acercamiento al patrimonio. El proyecto costaría cerca de $1.000 millones y ya está aprobado por el Consejo de Monumentos Nacionales. Sólo falta la entrega de los recursos, programada para fines de 2017, lo que permitiría iniciar obras en marzo de 2018.

El jefe comunal explica que el proyecto contempla la iluminación del fuerte y la demolición de elementos que no corresponden al original de 1687, como las escaleras de los costados, además de desenterrar parte de su estructura. “Queremos sacarle brillo a este lugar, ya que es el único fuerte a orilla de mar que se mantiene en Chile. Es un registro y evidencia histórica del Concepción antiguo”, concluyó.

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