En Conce (no) botamos comida

Abra usted Google y escriba desperdicio de alimentos. Se alarmará con las cifras que allí encontrará. Son números que agreden y violentan, duros y odiosos, pero, muy a pesar nuestro, terriblemente reales.

Siga leyendo la información que existe sobre el tema y se sorprenderá también con las originales iniciativas que están tomando impulso hoy en Chile y en el mundo para frenar y revertir esta situación.

Por M. J. Burmeister.

 
disco-9 Que en el mundo el 33 por ciento de los alimentos aptos para el consumo humano se bote a la basura parece un dato escandaloso. Pero lo es todavía más que en Latinoamérica este desperdicio llegue a 348 mil toneladas anuales, lo que podría cubrir las necesidades alimenticias de 300 millones de personas, es decir, la mitad de los habitantes de esta región. Así lo asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), al indicar que “el desperdicio de alimentos alcanza 1,3 mil millones de toneladas por año en el mundo”, fundamentalmente, a nivel de la producción y del propio consumidor.
Frente a esto, las preguntas surgen espontáneas: ¿Qué ocurre en nuestro país? ¿Cuánta comida botamos en Chile? ¿Y en Conce?


Perder v/s desperdiciar

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Chocolates fue lo que llegó esta vez desde Nestlé al centro de distribución. Otras empresas colaboran con jugos o lácteos, pescaditos apanados o congelados, mariscos en conserva, cereales y pastas, entre otros productos.
Tal como escribe Raúl Benítez, Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, en su artículo Pérdidas y desperdicios de alimentos en América Latina y el Caribe (HYPERLINK “http://www.fao.org/3/a-i3942s.pdf”www.fao.org/3/a-i3942s.pdf), perder no es lo mismo que desperdiciar. Las pérdidas se refieren a la “disminución de la masa disponible de alimentos para el consumo humano a lo largo de la cadena de suministro, principalmente, en las fases de producción, post-cosecha, almacenamiento y transporte”; mientras que el desperdicio son pérdidas derivadas de una decisión: la de desechar alimentos que todavía tienen valor, ya sea durante su cosecha y tratamiento, su comercialización o el consumo domiciliario.
Y ahí está lo grave de la situación, pues se trata de una determinación tomada responsable -¿o irresponsablemente tal vez?-, consensuada entre sus involucrados y completamente evitable.
 

Los avances

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Clahudett Gómez y Paola Faúndez, de Alimentos Biobío Solidario, recorren dos veces por semana las calles de la Vega recogiendo productos que luego reparten entre diversas corporaciones o fundaciones inscritas como tal ante Impuestos Internos. Ése es el único requisito.
Francia fue el primer país que se hizo cargo del tema, impulsando iniciativas legislativas que se transformaron en ley. Desde este año, sus supermercados tienen prohibido botar o destruir los alimentos que no venden, debiéndolos entregar a organizaciones benéficas o a bancos de alimentos para su posterior distribución.
Otros miembros de la Unión Europea van un paso atrás y, al igual que en nuestro continente, hasta ahora sólo tienen normativas y estímulos tributarios a los que se puede acceder voluntariamente en caso de querer comprometerse con la donación de alimentos no comercializables pero aún aptos para el consumo humano.
La mayoría de los países latinoamericanos, incluido Chile, avanza hoy en sus respectivos proyectos de ley y, aunque aún no sale humo blanco, al menos podemos estar contentos de que sea un tema que ya se puso sobre la mesa y sobre el cual los diversos sectores políticos comienzan a ponerse de acuerdo.
 

El necesario marco normativo

Desde julio de 2015, seis mociones han sido presentadas por parlamentarios de distintas tendencias, con el propósito de modificar el Código Sanitario chileno en materia de disposición de alimentos, buscando evitar su desperdicio o permitir su donación a organizaciones sociales o entidades benéficas.
Una de ellas surgió en la Región del Biobío, y fue presentada, en octubre de 2015, por la diputada Clemira Pacheco. La iniciativa busca prohibir “el desperdicio de productos alimenticios no vendidos y consumibles (…) por parte de empresas elaboradoras, importadoras y comercializadoras de alimentos, los cuales han perdido su valor comercial debido a motivos tales como embalaje, envases dañados o defectuosos, mala rotulación o proximidad del vencimiento (…) para ser donados a entidades de beneficencia y organizaciones sociales”.

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Una de las organizaciones sociales que se llevó una buena “camionetada” de manzanas listas para transformarse en postre para el almuerzo.
¿Han tenido estas propuestas una buena acogida o han demorado más de lo esperado? ¿Qué intereses podrían estar en contra de proyectos como éste que, sin duda, permitirán contrarrestar las altas cifras de pérdida y desperdicio de alimentos que afectan a nuestro país?
“Nuestra moción fue recibida de muy buena manera en la Cámara y hubo consenso en todos los sectores en cuanto a recoger esta iniciativa e incorporarla como política pública”, señala la diputada Pacheco. Y agrega: “Si bien hubo esta buena disposición inicial, lamentablemente, el proyecto está estancado en la Comisión de Salud de la Cámara, pendiente de tramitación. Eso refleja que el interés por abordar esta situación está mucho más presente en la ciudadanía que entre las autoridades que deben impulsar y concretar las medidas. Lo interesante es que existen otras iniciativas que apuntan a aspectos similares, por lo cual podría ser que se fusionaran en algún momento y se tenga un solo proyecto que recoja lo que plantean las distintas mociones”.
 

Chile se compromete

A nivel mundial, una de las formas más eficientes para recuperar excedentes alimenticios y hacerlos llegar a personas necesitadas han sido los denominados bancos de alimentos, organizaciones sin ánimo de lucro que operan como un verdadero puente entre quienes tienen un alimento no comercializable destinado a su destrucción y las organizaciones sociales.comida4
El primero de ellos en Chile fue fundado en Santiago por el empresario Carlos Ingham, quien trajo la idea desde su país natal, Argentina, convencido que “1 + 1 eran 2” y que su implementación resultaría muy fácil por lo obvio de su proposición.
La burocracia tributaria y, tal vez, el susto a la evasión hicieron lo suyo, y pasaron más de siete años antes de que como país tuviéramos una normativa que permitiera a las empresas descontar de gastos los productos que no pudieran vender sin tener para ello que destruirlos. Recién el año 2009, el Servicio de Impuestos Internos redactó la circular nº 54, hoy resolución exenta nº 59 (junio de 2014), que sustenta el trabajo que realiza la corporación Red de Alimentos, presidida por Ingham. “Fue un largo proceso en el que nos encontramos con muchas trabas tributarias. La ley recientemente promulgada en Francia ha ayudado a generar conciencia respecto de un tema que nosotros veníamos hablando hace mucho”, señala Carlos Ingham. “Este año hemos tenido excelentes resultados. En junio logramos superar las 500 toneladas de alimentos rescatados y distribuidos a través de las 169 organizaciones sociales asociadas a nuestra Red”.

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Patricio Bahamondes, Clahudett Gómez, Felipe Bravo y Alberto Miranda conforman el equipo ejecutivo de Alimentos Biobío Solidario, proyecto que ha contado con el apoyo de Red de Alimentos de Santiago para instalarse en la Región. En la foto, junto a Enrique Steffens (al centro) y la Hermana Rosa Pino en las bodegas de Concepción.
Y ¿cómo avanza la relación con las empresas?  Tal como comenta el presidente de Red de Alimentos “desde que comenzamos a operar, en octubre de 2010, hemos contado con el apoyo de las principales empresas productoras, distribuidoras y comercializadoras de alimentos. En el camino se han ido sumando más y hoy tenemos con ellas una relación basada en la confianza y la responsabilidad. Somos parte de sus procesos, lo que ha permitido una mejor comunicación, mejorar los tiempos de respuestas y aumentar la vida útil de los productos que nos entregan. Nuestro propósito es ser una solución para las empresas, ayudarlas a lograr sus desafíos de disminuir sus residuos y tener una responsabilidad empresarial realmente tangible y concreta”.
 

Un Biobío solidario   

“Juntos ayudar es fácil”, dice el eslogan de Alimentos Biobío Solidario, proyecto que ya lleva dos años de funcionamiento en la Región y que nació al alero de Red de Alimentos de Santiago, como programa piloto. Es el primer banco de alimentos del sur de Chile, y desde que inició su operación ha ido cosechando sólo buena acogida entre las empresas que hoy son sus socias colaboradoras.
“Comenzamos tocando todas las puertas de nuestros conocidos y casi todos nos decían ¿y cómo no se les ocurrió antes?”, comenta Felipe Bravo, su director ejecutivo. “Por eso nos hicimos bastantes expectativas después de los primeros encuentros y, paso a paso, fuimos ganando la confianza de los empresarios locales. Al poco tiempo ya contábamos con el compromiso de muchas empresas que hasta hoy nos entregan productos que no pueden comercializar y con el apoyo económico necesario para sostener nuestra gestión”. ejercito-1
Blumar, Arauco, Cambium y Colbún fueron las primeras en entusiasmarse. Tal como comenta Raúl Hermosilla, Gerente de Personas de Blumar, “hoy las empresas no pueden estar ajenas a los problemas de las comunidades en las cuales están insertas. Cuando conocimos la propuesta de Red de Alimentos, no dudamos en apoyarlos en su labor solidaria, por el gran aporte que hacen. Ya llevamos tres años en esta tarea y es muy gratificante saber que somos parte de una cadena que favorece una distribución más eficiente de los alimentos entre quienes más lo necesitan. Esperamos que otros como nosotros también se sumen y colaboren con esta iniciativa”.
 

Las piedras de tope

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30 organizaciones sociales son parte de la red que recibe los productos rescatados por Alimentos Bío Bío Solidario. Entre ellas el Hogar Nazareth de la Compañía de las Hijas de la Caridad, de Tomé, quienes participan también aportando su transporte gratuito para recolectar las frutas y verduras donadas semanalmente en la Vega Monumental.
El centralismo, la poca costumbre y la falta de una legislación atractiva han sido, sin embargo, las piedras de tope a la hora de seguir avanzando. “Muchas veces los tiempos de decisión son más lentos de lo que uno quisiera y mientras tanto la comida sigue botándose”, señala Clahudett Gómez, gerente de esta corporación en la Región del Biobío. “Aún así estamos muy contentos, pues en estos dos años hemos podido rescatar cerca de 350 mil kilos de alimentos y estamos beneficiando a más de 7.000 personas, de 31 organizaciones sociales de las cuatro provincias de la Región. Contamos también con el aporte de 38 empresas de diversos rubros que colaboran con productos, dinero, transporte gratuito, almacenamiento de productos congelados o servicios generales. Acabamos además de adjudicarnos un nuevo fondo concursable, esta vez del Ministerio de Desarrollo Social, que pondrá a disposición 20 millones de pesos para continuar con el Programa de Recuperación de Excedente Agrícola, y volver así a financiar una ‘cosecha solidaria’ como la que tuvimos el año pasado y en la que rescatamos más de 8.500 kilos de frutas y verduras con ayuda de voluntarios”.
 

Terminar con este absurdo

Una buena mezcla de iniciativa civil, compromiso empresarial y política pública podrían terminar o, al menos, avanzar en disminuir, esta absurda realidad. Nuestro país debe ser capaz de crear las condiciones adecuadas para que más y más empresarios se animen a incorporar en su cadena la donación de aquellos productos que no puedan vender pero que aún son aptos para el consumo. Nada justifica que sigan existiendo camiones llenos de comida saliendo de supermercados directamente hacia el vertedero para ser destruidos “por política de empresa”. Todos tenemos en esto una responsabilidad, y es aportar a un cambio profundo de conducta en que dejemos de entender como normal botar a la basura aquello que definitivamente estaría mejor en otro lugar.
 


 

¿Cómo voy a decirles que no?

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Una gran cantidad de frutas y verduras van a parar día tras día al vertedero general de la Vega Monumental. ¿La alternativa? ¡Donar todo lo que se pueda! tal como lo hace Margarita y el grupo de locatarios que ya se han comprometido con el rescate de alimentos.
Desde marzo de este año, Margarita Boggiano es parte de los 100 locatarios del patio externo de la Vega Monumental que aportan frutas y verduras a Alimentos Bío Bío Solidario y que, antes, iban a parar directo a la basura, tal como ella misma reconoce, “todos los días y en enormes cantidades”.
¿Cómo voy a decirles que no? es la primera frase que nos dice cuando llegamos a conversar con ella para preguntarle por qué se entusiasmó con la idea de donar los alimentos que no vendía.
El compromiso de este grupo de feriantes ha ido poco a poco en aumento, aunque el cambio de mirada no resulta siempre fácil. “Aquí siempre queda mercadería, pero no tenemos ningún tipo de organización para hacer algo con ella”, dice Margarita. “Falta alguien que le discosopa-zanahoriaponga empeño al tema; por eso, cuando vinieron a pedirme colaboración dije al tiro que sí porque hay mucha gente a la que aún le puede servir todo esto. Yo al menos quedo con eso más tranquila. No lo vendí, pero alguien que lo necesita sí lo aprovechó”.
 

Experiencias a imitar 

No deja de sorprender la cantidad de información existente en la web sobre el desperdicio de alimentos y lo que se está haciendo en el mundo para evitar que siga ocurriendo. A las diversas iniciativas legislativas se suman igualmente acciones de la sociedad civil y de organizaciones internacionales que han ido más rápido que los procesos normativos y que han aportado sus propias propuestas.
El movimiento Disco Soupe y la fundación chilena RecuperaLab son algunas de ellas. 


Disco Sopa: Protesta pacífica contra el despilfarro

disco-7291 kilos de alimentos iban a ser tirados a la basura en la Vega Central de Santiago hace un par de domingo. Entre ellos esta pobre zanahoria  que, aunque fea, sigue siendo una deliciosa zanahoria, ciento por ciento comestible. Ésta es la tarea de rescate que hace Disco Sopa, movimiento ciudadano que nació en Alemania en 2012 y que hoy también está presente en Chile con la finalidad de sensibilizar a la población acerca del problema del despilfarro de comida a nivel mundial. ¿Su propuesta? Tal como señala su vocero, Darío Contreras, “que la comunidad se haga parte de la recuperación de alimentos que son dados de baja en ferias o restaurantes por razones estéticas o grado de madurez, pese a que se encuentren en perfecto estado, y luego participen cocinándolos y consumiéndolos de manera gratuita en una instancia que mezcla lo festivo con lo reivindicativo”. En Concepción aún no está presente, por lo que he aquí un interesante desafío… (más información en Facebook: Disco Sopa Chile y @discosopachile)
 

RecuperaLab: Nada se pierde, todo se transforma

naranjas“¿Quieres ir al campo a ayudar a rescatar cosechas? ¿Tienes alguna idea que quieras probar? Somos un laboratorio y nos encanta experimentar. Trae contigo a tus amigos y juntos lo haremos realidad”. Ésa es la invitación que RecuperaLab hace a través de su original página www.recuperalab.com  a quienes quieran sumarse a su cruzada por hacer que la comida llegue a la gente y no a la basura. “Queremos transformar frutas y verduras que otros no comerían en un nuevo producto que siga alimentando a las personas. A esto le llamamos economía circular”, señalan. Para participar puedes llenar un formulario alojado en su sitio web.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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