Energía Nuclear en Chile ¿Un salvavidas de uranio?

Un lustro atrás, pocos se atrevían a mencionar “energía nuclear” sin ponerse colorados. Pero el complejo escenario energético que enfrenta nuestro país obligó a instalar en la agenda el debate de un tema que, desde el desastre de Chernobyl, parecía tabú. Científicos analizan en profundidad y sin prejuicios esta alternativa que silenciosamente en los últimos meses ha ido ganando adeptos tanto en el sector privado como en círculos del Poder Ejecutivo.
Basta nombrar energía nuclear para que muchos ericen hasta las pestañas. Imágenes al vuelo: Chernobyl, 1986. Cientos de muertos, miles o tal vez millones de víctimas contaminadas que aún deambulan por el mundo. Al otro lado del charco, en Estados Unidos,  el escasamente calificado y no demasiado brillante Homero Simpson es el supervisor de la central atómica del inescrupuloso magnate Montgomery Burns. De más está decir que, gracias a su gestión, Springfield es la ciudad más contaminada del país, al punto que los peces del río local mutaron hasta desarrollar un tercer ojo.
Imágenes como éstas, de ficción y realidad, están profundamente arraigadas en el inconsciente colectivo de la población, tanto así que el símbolo de la radioactividad es más temido que cualquier cráneo pirata. Y eso contando sólo el “lado amable” de la tecnología surgida a partir del trabajo de Albert Einstein, porque si nos ponemos a hablar de las bombas…
Teniendo todo esto en cuenta, no es difícil de entender por qué, en plena campaña presidencial, Michelle Bachelet  firmó un compromiso con la ONG Chile Sustentable, dirigida por la ecologista Sara Larraín, donde prometió “no incluir la opción nuclear en la política energética nacional”. Una decisión que, aunque políticamente correcta, muchos en la misma Concertación calificaron de apresurada y “poco informada”, considerando el delicado escenario energético que, ya en ese tiempo, comenzaba a afrontar el país, a causa de las dramáticas alzas del precio del petróleo y   de los cortes del gas argentino.

“Mañana será tarde”

Uno de los primeros políticos en dar la voz de alerta fue el ex Jefe de Estado y actual Senador, Eduardo Frei Ruiz Tagle, el mismo que en los 90 fue duramente criticado por ecologistas e indigenistas por insistir en la construcción de las hidroeléctricas Ralco y Pangue. Dos obras traumáticas desde el punto de vista medioambiental, pero necesarias desde la perspectiva estratégica, y que han resultado clave para el abastecimiento energético en tiempos de escasez. “Si no queremos aprovechar nuestras riquezas naturales, entonces discutamos abiertamente la posibilidad de construir centrales de energía nuclear, tal como existen en muchos países del mundo. Ésta es una decisión de país que debemos adoptar ahora. No mañana, porque va a ser muy tarde”, justificó Frei.
Una línea similar adoptó también el ex Presidente Ricardo Lagos, quien ya en su última cuenta anual a la nación había hablado de explorar la opción nucleoeléctrica. Enfrentada de golpe al apremiante escenario energético del país y a la propia insistencia de sus asesores técnicos, la Presidenta Bachelet se vio obligada a dar un paso atrás y, al menos, “admitir la discusión” del tema en su gobierno. La promesa a los ecologistas se había convertido en una amarra demasiado fuerte que comenzaba a jugarle en contra, sobre todo considerando que, según los expertos, Chile necesitará generar hacia 2020 el doble de energía que la que genera actualmente el sistema eléctrico nacional.
Así las cosas, el año pasado nombró una comisión, presidida por el físico Jorge Zanelli, para que presentara un informe acerca de si la construcción de una planta de energía nuclear era una opción viable en Chile. En noviembre pasado la comisión entregó sus conclusiones, dando un paso importante para desmitificar el tema ante la opinión pública. “La energía nuclear es una tecnología y una industria segura, bastante exitosa en muchas partes del mundo, y no hay razón para pensar que no podría serlo en Chile”, señaló Zanelli. El informe entregado a la Presidenta consignaba con claridad que no había ninguna razón para descartar la elección de este camino.
Pese a ello, el gobierno prefirió ahorrarse problemas, y la Presidenta mantuvo afirme lo esencial de su “compromiso verde”: la decisión de incursionar en la núcleoenergía fue dejada en manos de quien la suceda. En paralelo, eso sí, sus asesores siguieron trabajando en la agenda nuclear, encabezados por el Ministro de Energía, Marcelo Tokman, quien ha tenido conversaciones con autoridades energéticas de Estados Unidos y  ha visitado personalmente las instalaciones de centrales operativas. La idea es ganar tiempo y entregarle todos los antecedentes de la materia a quien asuma el sillón Presidencial en marzo de 2010.

Energía limpia

Los grupos ecologistas están divididos frente al dilema que les plantea la energía nuclear. La mayoría se opone a este tipo de centrales, basados en la posibilidad de fallas (como la de la catástrofe radiactiva de Chernobyl) y sobre todo en el destino final de los elementos radiactivos, una vez terminada la vida útil de la planta.
Otros, más pragmáticos, calificados de “ecotraidores” por los grupos más “talibanes”,  ven la nucleoenergía como una buena opción para ayudar a frenar el calentamiento global, por ser mucho más limpia y no arrojar CO2 a la atmósfera, como sí lo hacen los derivados del petróleo, el carbón y, en menor medida, el gas natural.
Enrique López Parra, doctor en Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Grenoble y académico de la Universidad de Concepción, está convencido de que la energía nuclear podría ser competitiva en Chile. Sostiene que la construcción de una central atómica compacta costaría sólo un 20% más cara que una hidroeléctrica de igual potencia y que, dadas sus características, la inversión se recuperaría más rápido.
A su juicio, los beneficios de la núcleoenergía son notables. “Las centrales funcionan con independencia del clima, a diferencia de las centrales hidroeléctricas y  los sistemas renovables, como los generadores solares y eólicos”, explica.  Dice que no requieren ningún emplazamiento especial, que su tamaño es funcional y que permiten generar gran cantidad de energía en un pequeño volumen. Justifica: “requieren un escaso flujo de recursos uraníferos (que Chile posee en abundancia), y por eso permiten concentrar la producción de energía en un área pequeña, apartada de los recursos energéticos. Eso es impensable para plantas fósiles”.
Menos entusiasta es el también académico de la Universidad de Concepción, Claudio Zaror, Doctor en Ingeniería Química de la Universidad de Londres. En su opinión, es muy complejo que Chile siga el camino de la nucleoenergía en el mediano plazo, primero, por los altos costos que conlleva la construcción de una central de esta naturaleza (entre 4 y 8 millones de dólares por cada megawatt de potencia, muy por encima de los 2 millones por megawatt que podría costar una hidroeléctrica). Y segundo, porque, al ser un proyecto que no puede montarse en menos de cinco años y que requiere una fuerte inversión inicial, resulta muy riesgosa para quienes ponen el capital. “El retorno de las utilidades comienza muy tarde; si la tasa de interés sube, puede resultar un pésimo negocio. La industria nuclear no se frenó a causa de Chernobyl, sino porque la tasa de interés se elevó por sobre un 15% a mediados de los 80, y llegó el momento que, simplemente, no resultó viable cubrir los enormes dividendos que se generaron. La construcción de centrales nucleoeléctricas sólo creció en los países donde fueron subsidiadas por el Estado”, comenta.
En el caso chileno, agrega, habría que sumar al tiempo de la construcción todo lo que tardaría superar el debate político y ciudadano, los estudios de impacto ambiental y un previsiblemente largo camino en tribunales, con recurso tras recurso presentados por organizaciones ambientalistas. Y para complicar más el escenario, también existe un problema de demanda. “Hay sólo una fundición en el mundo, ubicada en Japón, que hace reactores nucleares, y que tiene capacidad para hacer unos cuatro al año; en este momento hay decenas de reactores en lista de espera”, precisa Zaror.
Por último, el académico apunta que tampoco se puede ignorar el factor capital humano. Explica que en las centrales no hay cabida al error y a la improvisación, y que todo el personal es altamente capacitado y está constantemente sometido a evaluaciones. “En Chile hay entendidos en la materia, pero no hay expertos. Se requieren programas de formación que no existen acá, y que necesariamente tendrían que tomar en el extranjero”, sostiene.

Caminos paralelos

A juicio del ingeniero químico, existen opciones más viables y económicas para diversificar la matriz energética en Chile, como la construcción de una serie de termoeléctricas a carbón y minicentrales hidroeléctricas, interconectadas. Y más importante aún: el país debería concentrar mayores esfuerzos en conseguir uno uso más eficiente de la energía. “La cantidad de electricidad que botamos a la basura es impresionante, tanto a nivel domiciliario como de las empresas. Nuestro país podría reducir su requerimiento de potencia entre mil a dos mil megawatts de aquí a 10 años, y eso equivale a la generación de una central mediana. El Gobierno debe instaurar mayores mecanismos de incentivo y castigo para promover el ahorro energético y para subsidiar a quienes se la jueguen con fuentes renovables no convencionales de energía. Ya se están empezando a tomar medidas en esa dirección y creo que vamos bien encaminados”, asegura.
Sea cual sea el camino que se elija, los expertos coinciden en que Chile ya ha postergado innecesariamente una decisión estratégica esencial, y que este retraso podría pesar mucho en el mediano plazo. Al respecto, Enrique López precisa: “La opción nuclear no hay que verla como una solución para crisis energética actual, sino como una alternativa para 15 años después de que se tome la decisión de implementarla. Antes hay que preparar el camino: capacitación de personal,  marco legal, educación de la opinión pública, apoyo internacional, estudios medioambientales y de localización, definición del tipo de central, suministro del combustible,  licitación del proyecto de construcción, etc. No debemos darnos tantas vueltas; es fundamental que empecemos ya a recorrer este camino que ayudará a nuestro país a dar un gran salto al desarrollo científico, técnico e industrial”.
¿Ciencia ficción? No. Ya no.

Recursos no renovables ¿Cuánto tiempo les queda?

Las reservas conocidas de los recursos energéticos naturales recuperables apuntan a que, con la tasa de consumo actual, el carbón duraría 240 años, 60 el gas natural, 40 el petróleo, y 130 el uranio.
Según el doctor en Ingeniería Civil Enrique López, éstas son cifras referenciales, ya que pueden variar tanto las reservas conocidas como también el nivel de consumo. Por lo tanto, asegura que el recurso uranífero -esencial para la energía nuclear- estaría disponible, a precios razonables, más allá del año 2100.
Sin embargo, advierte que esta autonomía sólo considera reactores típicos, sin separar el uranio no usado ni reciclar el plutonio, en cuyo caso la disponibilidad se extiende a más de mil años. “Tampoco se ha considerado el torio, elemento fisionable más abundante que el uranio, ni la fusión nuclear, que podría estar disponible en forma comercial después de mediados del próximo siglo, y cuyos recursos son prácticamente inagotables”, concluye.

Cifras y políticas Nucleoenergía en el mundo

La energía nuclear compite comercialmente desde 1957, logrando una participación de alrededor del 6% de la energía primaria y del 17% de la generación eléctrica mundial.
En el mundo existen 443 reactores nucleares en funcionamiento y hay otros 25 que están en vías de construcción en países emergentes como Finlandia, China e India.
China tiene en mente construir 30 nuevas centrales, que se agregarían a las 9 que ya posee. Rusia anunció que planea aumentar la cuota de energía nuclear desde 15 hasta 25% en la generación nacional de electricidad. El G-8 apoyó el desarrollo de esta alternativa. En EE.UU., la energía nuclear aporta cerca del 20% del total de la electricidad y en Francia más del 50%.
Y cómo andamos en nuestro vecindario. México y Argentina cuentan, cada uno con 2 centrales nucleoeléctricas. Brasil también, pero pronto inaugurará una tercera: Angra III.

¿Amenaza latente?

¿Qué tan riesgosa es la generación de energía nuclear? Enrique López explica que una planta nuclear típica no puede estallar como si fuera una bomba atómica, pero advierte que, por accidente, podrían producirse grandes temperaturas en el reactor,  que fundieran el metal que envuelve al uranio,  y a causa de ello podrían liberarse radiaciones. También podría escapar agua radiactiva del circuito primario, que está contenida en el reactor. Pero aclara que ambos escenarios son altamente improbables, con los resguardos y tecnologías que se ocupan hoy.
En cuanto a la radiactividad, distingue entre la natural y la artificial,  y explica que el 88% de la radiación total recibida por el ser humano proviene de la naturaleza. Del mismo modo apunta que las fuentes más comunes de la artificial son los televisores y aparatos domésticos (0,2 %) y las radiografías médicas (11,7 %). “Las centrales nucleares sólo contribuyen con un 0,1%”, agrega.
El académico comenta que la industria nuclear ha aprendido importantes lecciones sobre el desempeño de las centrales en sus más de cuarenta años de experiencia comercial, y que por ello las medidas de seguridad para prevenir fugas radiactivas son muy altas. La radiación liberada es, por tanto, prácticamente nula. “En las centrales, el núcleo del reactor está colocado dentro de una vasija gigantesca de acero, ubicada junto a un generador de vapor en un edificio construido con paredes de hormigón armado de uno a dos metros de espesor y diseñadas para soportar terremotos, huracanes y hasta colisiones de aviones”, precisa.
Coincide con él Claudio Zaror: “el desastre de Chernobyl ocurrió porque se violaron todas las medidas de seguridad que se podían violar, incluyendo una falta de capacitación del personal técnico, que actuó con una irresponsabilidad increíble. Pero hoy existen controles enormes a nivel internacional, ya que un accidente en cualquier parte del mundo afecta a la totalidad de la industria. Existe una relación de colaboración e intercambio muy grande de desarrollo de tecnologías y seguridad”.
Otro tema que preocupa a los ecologistas es el manejo de los residuos nucleares. Zaror indica que éstos son muy escasos, y que por lo general, en un año son tan pocos que bien podrían caber en el dormitorio de una casa. López, por su parte, agrega que el problema de los desechos nucleares tiene un componente más político y de mala gestión que técnico. “Hoy es posible diseñar un repositorio que sirva por miles de años, lo suficiente para que la radiactividad nuclear contenida en recipientes estables haya decaído por debajo de los niveles equivalentes a los de una mina de uranio. Si a esto se suma la posibilidad de reciclar y segregar el combustible no utilizado, la gestión de los desechos nucleares sería aún más eco sustentable”, afirma.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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