Ercira Alarcón, preparadora hípica: “Ellos saben quién es la ama”

Es de Hualpén y la única mujer que ha ganado la “estadística” de la hípica en Chile. En un honor que ha pasado inadvertido, solo reconocido por sus más cercanos y los propietarios que le confían sus caballos. Aplaudan a esta crack, que pone el hombro en un mundo, todavía mayoritariamente, de hombres.

Por Carola Venegas Vidal

Los caballos son el motor del mundo de Ercira Alarcón. Se levanta y se acuesta planificando las rutinas, el entrenamiento y las carreras de los fina sangre que tiene a su cargo. Esto que empezó como un pasatiempo de niña en el Club Hípico de Concepción, terminó definiéndola. Hoy, a los 39 años, es una flamante preparadora con 30 ejemplares a su cargo y dueña de uno de los hitos más importantes que una mujer puede presumir en el mundo de la hípica: es ganadora de la “estadística” del 2020 en Chile, y se convirtió en la primera fémina en lograr esa hazaña. Es la ama. Y sus caballos lo saben.
“Desde los 17 años estuve ligada a la hípica. Mi papá siempre jugó. Mi hermano, Evaristo, es preparador también”, comenta orgullosa. Agrega que en los tiempos de la reconocida Anita Aedo, le picó el bichito por ser jocketa. Eso fue hace unos 15 años.
Cosechó éxitos, pero no pudo mantenerse corriendo por causa de dos accidentes que la dejaron en delicado estado de salud. “Tuve dos rodadas. La última fue muy perjudicial, me quebré el hombro, quedé con tendinitis y ya no podía hacer fuerzas”, señala, advirtiendo que eso también implicaba que físicamente estuviera más pesada para la monta.
“A pesar de haber sido jocketa, siempre me gustó el trabajo de las pesebreras, la pega más dura, estar cerca de los caballos. El jinete hace su trabajo en la mañana y al mediodía, se va. No tiene que ver con cama, con limpiar el caballo, pasearlo. Él monta el caballo y se olvida. Para mí, la relación con el caballo no es así no más… A mí me gusta estar al lado de ellos, cuidarlos, conocerlos, jamás dejarlos. Y por eso, creo que me ha ido bien en esto. Los mismos propietarios que veían el trato que yo les doy, me comenzaron a preguntar por qué no me animaba a preparar. Que para qué me iba a retirar”, explica.
Ercira relata que empezó con unos poquitos caballos, pero que ha llegado a tener 40 a su cargo. Y se tiene fe. Sabe que destinar tantas horas de trabajo pesado, de desvelos y sacrificios ha valido la pena. “Soy la única mujer en Chile que se ha ganado la ‘estadística’, eso significa que en el año 2020 le gané a todos mis colegas con más carreras en primer lugar. Ahora voy segunda, mi hermano, Evaristo Alarcón, va primero”.

-¿Es difícil ganarse un lugar en un sitio de tantos hombres?
“Sí. Demasiado. La hípica es muy bonita, pero es un mundo tremendamente machista. Siempre lo digo, ahora un poco más en tono de broma, porque me gané la ‘estadística’ en medio de la pandemia. En realidad, podrían haberme hecho algún reconocimiento o algo especial para felicitarme. Pero no pasó nada. Yo me esforcé mucho para ganar ese puesto, y cuando me lo gané, se lo dediqué a todas las mujeres. A nosotras siempre nos dejan de lado y nos ven como que no somos capaces de tener éxitos en este oficio”.

-¿Y eso es en todo orden de cosas o solo por el premio?
“En todo. Nunca hay reconocimiento o la intención de decir: ‘mira, aquí hay una persona y un trabajo fuera de lo común’. Cuando corría era lo mismo. Es tan machista el entorno aquí, que a veces se presta para comentarios. Los hombres piensan que una mujer que se dedica a algo tan fuera de lo común no es seria o, quizás, anda con otras intenciones. Yo me siento orgullosa, porque a mí me interesa solo mi trabajo y lo mucho que quiero a estos animales. Los caballos son leales, amistosos y muestran un montón de temperamentos. Eso es para mí el mejor regalo, porque independiente de cómo ellos sean, saben quién es la ama”.

EL BUEN TRATO
-Dedicas mucho tiempo a la hípica. ¿Cómo es tu rutina?
“Yo llego muy temprano en la mañana. Me levanto a las 6, y lueguito ya estoy aquí. Uno tiene que revisar los caballos desde esa hora, porque hay que evaluar cómo comen, a veces en la noche se pueden enfermar. Hay que darles sus tratamientos, sus vitaminas, algunos antiinflamatorios. Después, a galopar. Luego hay que revisarlos y verificar que no tengan algún detalle. En la tarde hay que verlos otra vez. Se van los empleados y no falta alguno que dejó algo pendiente y uno tiene que repasar el cuidado esos caballitos. Todo eso se va sumando y en realidad se hace cortísimo el día”.

-¿Te alcanza el tiempo para todos tus roles?
“Mi esposo es carabinero y me apoya mucho. Lo conocí fuera de la hípica, pero le encanta esto, porque él es de Santa Juana, le gustan los caballos. Con él tengo un lindo hijito de 3 años que siempre anda por aquí. Tener tiempo para entrenar y cuidar es fundamental. Los caballos son muy inteligentes y sensibles. Se acercan y quieren sentir el apego. Por eso mi idea es que el propietario esté siempre cerca del caballo, que sepa qué pasa con él. Siempre estoy haciéndoles un video, escribiéndoles cómo se encuentran. Hay corrales que no funcionan así, y lo digo porque fui empleada en muchos. Yo tengo mi estilo, donde lo esencial es el buen trato. A mí me gusta eso. Hacer sentir bien a los caballos, porque a ellos solo les falta hablar y se comunican en forma muy certera. Les doy espacio cuando están estresados, me encanta que interactúen cuando vienen los niños con sus familias, que les hagan cariño, que les den zanahoria o una caluguita de azúcar. Así se me pasa el día. Termino como a las 10 de la noche”.

“TAMBIÉN, QUE ME RECONOZCAN”
-¿Cómo aprendiste, estudiaste algo vinculado?
“No, yo salí del liceo y ya… Me quedé aquí, pero siento que he aprendido harto. Me faltó el título de veterinaria, pero estoy segura que sé tanto o más de caballos que alguien que estudio en la universidad. Yo observo y comparo. Cada cosa la aprendí mirando a los otros, desde cómo hay que hacerles su cama, colocar lo aperos, limpiarlos, dejarlos brillantitos, hacerlos caminar… y que nunca estén sudados. Y también las condiciones para entrenarlos y ganar. Me costó mucho tener esa cantidad de caballos, por lo mismo, porque algunos decían, ‘pucha es mujer’. Pero bueno. A mí me gusta esto, doy mi vida por los caballos y por estar aquí. De verdad te digo. Nunca me vas a ver en el mall… aquí tengo todo lo que necesito, porque salir significa para mí, preocupación. Este es mi mundo y quiero estar en este lugar”.

-No todos ven la hípica como tú, ¿que esperarías que la gente la visualizara más allá del juego?
“Me gustaría mucho que más mujeres, más familias se sumaran. No tienen por qué ser propietarios. Yo soy partidaria de que se conozca lo que hacemos, que los niños vean que aquí hay una disciplina, un deporte que se une a la naturaleza, que es diferente y muy especial. Es increíble cómo cambia la percepción de las personas que conocen a los caballos y que pueden estar cerca de uno. Algunos, incluso, se animan a comprar. La hípica no es solo la carrera y apostar. Aquí el caballo es parte de una familia, es como una mascota grande. Hay propietarios que son muy apegados a sus animalitos, los pasan a ver como si fueran sus hijos, pasan apurados después de sus trabajos, les traen zanahorias, pastito y se quedan tranquilos porque saben que siempre yo estoy aquí. Eso a mí me llena. Me da mucha alegría que la gente le dé la importancia que tiene su caballo”.

-¿Y qué quieres tú dentro de este deporte?
“Seguir corriendo y creciendo. Espero seguir fuerte en las estadísticas y sentir la emoción de las carreras. Pero lo que más me importa es estar siempre ayudando a los caballos a sacar su potencial, que hagan carreras lindas, que den alegrías a sus propietarios. Y sí.
Quiero que me conozcan, y bueno (ríe), también, que me reconozcan”.

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