ESCLAVOS DE LAS DIETAS


Se someten a constantes regímenes alimenticios que aparentemente jamás dan resultado. Son dietantes crónicos que aunque viven preocupados de su apariencia, no pueden dejar de comer. Un psicólogo de Temuco descubrió que detrás de esta conducta hay una predisposición biológica que condiciona su actitud. Su hallazgo está marcando pautas en el tema de las bases cerebrales de la restricción alimenticia crónica y la sobrealimentación.
Puede considerarse un mal de nuestro tiempo.  En la carrera por conservar un cuerpo esbelto participan paralelamente las estrategias para mantener una silueta espigada y el voraz incentivo del mercado que invita a toda hora a consumir alimentos cada vez menos necesarios para una carga biológica normal.
Son vallas que la mayoría logra saltar sin problemas. Pero con toda la exigencia que significa desenvolverse en una sociedad ultra competitiva, con el estrés por conseguir una meta y en la que para algunos la premisa es “como te ven te tratan”, existen personas que no logran la armonía.
Por qué sucede. Son sólo malos hábitos o hay detrás un problema mayor. Jaime Silva,  Dr. (c) Psicobiología, de la Universidad Complutense de Madrid y Magíster en Psicoterapia Cognitiva Social, de la Universidad de Barcelona se hizo esta misma pregunta y descubrió que existen personas predispuestas biológicamente para convivir de manera anormal con este fenómeno, lo  que las hace ingerir más calorías de las que su cuerpo necesita realmente, cayendo en excesos.
Desde que egresó en 1996 de la Universidad Central como psicólogo, Silva, hoy investigador del Departamento de Salud Mental y Psiquiatría de la Universidad de La Frontera (Temuco), estudia las bases biológicas de ansiedad en personas sometidas a altos niveles de estrés.
En esta búsqueda realizó un descubrimiento que hoy lo tiene como uno de los referentes mundiales en las publicaciones científicas, cuando se trata del tema de las bases cerebrales de la restricción alimenticia crónica y la sobrealimentación.
Este tema tiene una relación directa con los  trastornos alimenticios, como la anorexia nerviosa y la bulimia, y con condiciones médicas como la obesidad, el sobrepeso y las alteraciones relacionadas con el síndrome metabólico.
Más que simple glotonería
Mientras estuvo haciendo estudios de postgrado en EE.UU, Silva descubrió que existía una relación entre sujetos que tenían una predisposición biológica a experimentar ansiedad o estrés en situaciones donde debían “rendir”, y la conducta de ser dietante crónico, es decir, personas que viven preocupadas de su apariencia y que por ello están siempre realizando dietas. Esta combinación entre predisposición biológica y conductas alimenticias anormales parece estar esclareciéndose gracias a éste y otros trabajos que se están ejecutando actualmente en la Universidad de La Frontera.
Los dietantes crónicos son sujetos que experimentan una conducta que todavía no es enfermedad, pero que tiene toda la predisposición biológica y mental para desarrollar un trastorno de la alimentación. Afecta principalmente a mujeres que tienen una tendencia a sentirse ansiosas frente a cosas nuevas, desafíos y problemas, quienes para calmarse recurren a la ingesta excesiva de alimentos.
Es lo que le ocurría a Marta (30), quien lleva dos años en tratamiento integral en la Clínica Alemana de Temuco, donde además se realizó una cirugía bariátrica para disminuir el tamaño de su estómago. Cuando llegó pesaba 110 kilos, los que adquirió luego de tener a su primer hijo, hoy de 5 años. “Trabajo en ventas y cada fin de mes cuando venía el balance, me sentía muy temerosa de perder mi trabajo, de no salir bien evaluada y de no llegar a la meta; a eso se sumaba la tensión de llevar mi casa, de educar a mi hijo, todo eso me angustiaba. Esos días calmaba mi ansiedad con chocolates y otros dulces. Pese a que pasaba casi todo el día sin comer, llegaba la noche y, junto con la cena, consumía grandes cantidades de alimento. Me levantaba a medianoche y comenzaba a picotear  cualquier cosa que encontrara en el refrigerador. Siempre atribuí esa actitud a que era glotona y no me podía contener por eso, pero nunca me imaginé que mi problema tuviera raíces más profundas”.
Silva explica que este tipo de pacientes, tiene un perfil particular y ocurre en todos los casos una situación paradójica: se trata de personas que hacen más dieta que otras y que,  al mismo tiempo, más se sobrealimentan. “Permanentemente se están cuidando. Sin embargo, cuando les ocurre algo negativo, salen del régimen y  comen desesperadamente. De ahí que en muchos casos estas personas presenten un sobrepeso importante”. Son también llamados, por algunos investigadores, “comedores emocionales” y siempre estarán subiendo y bajando de peso,  según el grado de asimetría cerebral que presenten y las condiciones y exigencias laborales, familiares  o sociales (ver recuadro).
Traicionera ansiedad
Generalmente, los dietantes crónicos no se dan cuenta que se alimentan para enfrentar situaciones negativas y por eso no piden ayuda.
Pero un estudio aplicado a mujeres universitarias de entre 18 y 25 años de Concepción, Santiago y Temuco está dando pautas para dimensionar la importancia que esta conducta está teniendo en la sociedad actual. Según Silva, al menos el 25% de las encuestadas demostró tener una fuerte predisposición a ser dietante crónico.
En respuesta a esta realidad, el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de La Frontera esta desarrollando un programa de investigación de largo plazo para elaborar instrumentos de medición y técnicas de intervención para enfrentar esta problemática, tanto en la infancia como en la adolescencia. Según Jaime Silva, estos períodos del ciclo vital son claves para desarrollar acciones preventivas que permitan disminuir la prevalencia de los desórdenes de la alimentación  y la obesidad.
Pero mientras las investigaciones avanzan, es importante que quienes tengan conductas de dietantes  crónicos tomen conciencia que la única manera de terminar con ella es mediante estrategias de enfrentamiento para encontrar las reales causas de aquellos sentimientos que les provocan esta traicionera ansiedad.

La raíz biológica
“El cerebro está dividido en hemisferios que en situación de reposo mantienen niveles básicos de activación. Sin embargo, hay quienes desarrollan una asimetría que se traduce, en el caso de los dietantes crónicos, en una mayor activación del lóbulo frontal derecho, el que a su vez está relacionado con una sensibilidad emocional que hace que la persona tienda a sentirse ansiosa y temerosa de los desafíos o novedades”,  explica  Jaime Silva. Este tipo de pacientes tiene una personalidad especial y están predeterminados genéticamente, por lo que al sumarse un entorno donde se otorga gran valor a la imagen, resulta en un sujeto que va a culpar, de todas las situaciones negativas que le ocurran, a la imagen corporal.” Esta condición, en sus niveles más extremos puede tomar la forma de un trastorno de la alimentación, como la anorexia nerviosa o la bulimia, o derivar en una obesidad.

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