Esculturas del Gran Concepción ARTE PÚBLICO Y GRATUITO

Un paseo por la ciudad alerta que más allá de edificios, autos, bicicletas y personas, en la capital regional hay figuras de madera, cemento, bronce u otros materiales que se mantienen firmes e imperecederas. Un patrimonio que llaman a valorizar más los conocedores del tema, porque Concepción tiene su historia escultórica y no sólo como “ciudad de murales” debe ser considerada. Basta con dar una vuelta por algunas universidades, parques e instituciones para ver obras y el legado que han dejado sus creadores, la mayoría Premios Nacionales de Arte y con una trayectoria llena de elogios y un prolífico trabajo artístico a cuestas.

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En Concepción existen obras escultóricas con historia y valor. Quizás no tan conocidas en el compendio mundial de la historia del arte como el David, de Miguel Ángel, o El Pensador, de Auguste Rodin, pero pueden transmitir la misma belleza y virtuosismo a través de una disciplina que se remonta desde antes del nacimiento de Jesucristo. La capital de Biobío tiene un gran valor patrimonial escultórico, y un breve recorrido por calles penquistas entrega pruebas tangibles, y de sobra, para demostrarlo. Sin embargo, como explican especialistas en la materia en este reportaje, éste no es valorado en el país, porque no existe una política pública que lo resguarde y, en consecuencia, los chilenos y, en este caso específico, los penquistas poco y nada conocen del arte local en esta disciplina.
Antes de intentar enumerar la cantidad de esculturas existentes no se puede olvidar a una gran artista regional, que destacó por su trayectoria nacional e internacional, y que nació en las mismas tierras que Claudio Arrau y Marta Brunet. Se trata de la chillaneja Marta Colvin Andrade (1907-1995), escultora, académica y Premio Nacional de Artes Plásticas, ya convertida a estas alturas en una especie de “hito nacional”. Así lo cree el escultor y docente de la Universidad de Concepción, Rodrigo Piracés González. “Marta Colvin está en otra categoría. Fue una vanguardista que rompió con los esquemas de la época, ya que a pesar de que se casó y tuvo hijos con un francés, dueño de viñas en Chillán, no dudó al momento de irse a estudiar Arte a Francia y dejar a su familia en Chile”, dice.
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Esculturas locales

Un paseo por diversas comunas de la provincia de Concepción da cuenta de la variedad de obras escultóricas existentes. Cielo de Truenos, en alusión a la etimología del nombre Talcahuano en mapudungun, de Sergio Castillo Mandiola (1925-2010), es una escultura de fierro -ubicada en la avenida Jorge Alessandri, en dirección hacia el aeropuerto Carriel Sur- que para el artista Rodrigo Piracés corresponde a una de las más importantes de la ciudad, y no sólo por lo que connota, sino también por el peso de su autor. Sergio Castillo fue Premio Nacional de Artes y el único escultor latinoamericano en exponer un busto en el Museo de Lenin, cuando Rusia pertenecía a la Unión Soviética. El artista también tiene obras en la Universidad del Bío-Bío y en la Compañía Siderúrgica Huachipato.
Humberto Soto es otro de los artistas que destaca en la zona. Pertenece a la misma generación de Sergio Castillo. Una generación que, por cierto, se caracterizó por entregar una numerosa cantidad de escultores nacionales. El artista recibió la influencia de escultoras como Marta Colvin y Lily Garafulic. En 1991, tras vivir quince años en Venezuela, regresó a Chile para asumir el cargo de Director y docente del Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Concepción. El escultor posee una obra en terracota, material con el que usualmente trabaja, además de la greda, arcilla y cemento, en la plazoleta de acceso a la Universidad del Bío-Bío, llamada Grupo Familiar, que pertenece a las Familias, una serie de obras que nacieron en Venezuela y que el artista trajo desde ese país a Concepción. Otra obra, Morada IV, que el escultor realizó junto a Antonio Zelada se encuentra en la Explanada Cultural Ribera Norte del río Bío-Bío.
Ferrum y flora (1999), escultura del artista y Premio Nacional de Arte, Federico Assler Brown, también se encuentra en la Explanada Cultural Ribera Norte del río Bío-Bío, conocido como Parque de las Esculturas. Las obras de Assler son por lo general de hormigón, cualidad que lo diferencia del resto de sus pares nacionales, ya que es una práctica poco habitual entre artistas. Comenzó sus estudios de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, aunque sus inicios en el mundo del arte fueron antes, ya que durante quince años se dedicó a la pintura y al dibujo, actividad que sigue hasta el día de hoy desarrollando, y que le permitió encontrarse con la escultura, como cuenta: “Pinté durante mucho tiempo y terminé haciendo unos cuadros muy grandes, fue ahí cuando me di cuenta de que quería meter a una persona dentro de un cuadro, pero ¡es un absurdo! Entonces, dejé la pintura y empecé a hacer una serie de relieves y pasé a la escultura”.
Assler también posee otra obra en la Región: un óleo sobre tela expuesto en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, llamado Floración, y que revela el interés del artista por la naturaleza que, por cierto, también desarrolla como tema central en sus esculturas. “Quiero contar mi cuento. Me interesa mucho la naturaleza, las montañas, los ríos, el ser humano, lo que a uno le rodea en la vida. De todo eso emerge una acción que uno quiere contar, decir, ordenar”, expresa.
Llegando al foro de la UdeC un gigante de bronce de siete metros de altura y trece toneladas se vislumbra. Se trata de Homenaje al Espíritu de los Fundadores de la Universidad de Concepción, cuyo autor es Samuel Román Rojas (1907-1990). La obra rinde un homenaje al primer rector de esta casa de estudios, Enrique Molina Garmendia, y busca transmitir el espíritu laico de la universidad.
Román fue un artista reconocido, acreedor de múltiples premios, entre los que destaca el Premio Nacional de Artes. Estudió en la Academia de Berlín, Alemania, donde se vio fuertemente influenciado por la corriente expresionista. El artista fue prolífico en producción artística, alcanzando cerca de dos mil piezas, entre dibujos, esculturas y monumentos. De esta última línea destaca la figura de bronce de 4,5 metros del ex presidente José Manuel Balmaceda, ubicada en el parque Gran Bretaña en Santiago.
Pero también hay obras que a pesar de ser reproducciones, se han convertido en símbolos para la ciudad. La mayoría de ellas está emplazada en los parques de la Universidad de Concepción, como es el caso del Caupolicán y la Quimera -ubicada al lado de la Facultad de Farmacia-, de Nicanor Plaza; el Horacio (frente a la Facultad de Humanidades y Arte) y el Eco (frente al edificio de Anatomía), de Rebeca Matte, y el Discóbolo (al lado de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas), del escultor griego Myron.
Para el historiador del arte y Director del Magíster Arte y Patrimonio de la Universidad de Concepción, Javier Ramírez Hinrichsen, estas obras forman parte de la lógica posmodernista, de incorporar la “reproductibilidad” en la obra de arte, y que en este caso su objetivo fue dar un valor visual a la casa de estudios. “Enrique Molina Garmendia estableció que el espacio universitario tenía que tener un elemento recreativo visual,  para que el estudiante pudiese encontrarse con los modelos culturales y en ese contexto debían ser ese tipo de esculturas”, explica Ramírez.
De la obra de Nicanor Plaza (1844-1918), considerado el primer escultor chileno, destacan tres reproducciones en Concepción (Caupolicán y La Quimera). La obra Caupolicán -cuyas cuatro esculturas originales se ubican entre el Palacio de Bellas Artes y el cerro Santa Lucía- se encuentra tanto en la Universidad de Concepción como en la Universidad del Bío- Bío, a pesar de que como explica el docente Javier Ramírez tiene más valor la de esta última casa universitaria: “Tiene más valor el Caupolicán de la UBB porque ocuparon un molde original. El que se encuentra en la UdeC es una réplica de la réplica”, advierte.
Pero a la entrada de la Universidad de Concepción (ex Arco de Medicina) un friso (figuras en relieve en la parte superior del arco) se impone, ya a estas alturas una verdadera postal de la ciudad. La obra es del escultor argentino Mario Francisco Ormezzano, construida entre 1945-1950, y que a través de un estilo moderno y a la vez neoclásico refleja el saber, la inteligencia y la creatividad que se cultiva en la universidad. Además, ella logra una fusión entre escultura y arquitectura, que naturalmente se da en los frisos. “En los frisos esa relación de dependencia arquitectura-escultura siempre está más dominada por la arquitectura”, sostiene Rodrigo Piracés.
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Valorización artística

Después de reconocer algunas obras escultóricas de la ciudad surge la pregunta si acaso hay una valorización de parte de los penquistas hacia esta clase de patrimonio. El académico Javier Ramírez cree que existe una valorización, sobre todo en el caso de los monumentos, cuyo peso histórico se vincula fuertemente a la memoria colectiva. “Algunos monumentos, como el Bernardo O’Higgins del Palacio de Tribunales y el Juan Martínez de Rozas del Parque Ecuador tienen una imagen regional”, comenta.
Una visión opuesta tiene el escultor Rodrigo Piracés, quien cree que no existe valorización de parte de autoridades y habitantes, y con mayor razón si de patrimonio escultórico se trata. “Existe una ignorancia muy profunda. Creo que se han impresionado más con los dinosaurios que con otras esculturas. No existe valorización, porque no existen políticas de arte público en Chile”, sentencia. Asimismo, el artista ejemplifica esta situacion con un hecho ocurrido hace muy poco, cuando una escultura de Humberto Soto, ubicada en la ribera del río Bío Bío, fue pintada completamente de rosado, por orden de un funcionario de la Municipalidad de Concepción. Por suerte, y como cuenta Piracés, gracias a un reclamo que éste hizo a través de las redes sociales la obra volvió a ser pintada en su primer color: rojo colonial.
Sobre el mismo punto, el arquitecto de la Pontifica Universidad Católica, Hermann Eikhof Zurita, cree que en Concepción lo que existe es una fuerte identificación con los lugares, más que con los elementos escultóricos que se encuentran en éstos. “Son mapas emocionales. Hay una asociación con los territorios y no con los contenidos”. Es decir, que las personas, por ejemplo, reconocen la Costanera penquista, pero no el Parque de las Esculturas que forma parte de ella. Asimismo, el arquitecto explica que las identidades que se van creando en esos lugares están directamente relacionadas con la capacidad de generar y sostener afectos en el tiempo. En ese sentido, la capital regional tendría muy poco de identidad local, como explica Eikhof: “Pienso que Concepción tiene poco de eso, porque hay mucho terremoto y la acción que deviene de eso no ha permitido que la ciudad mantenga una actitud, sino al contrario, olvida lo que está destruido”.
Y si bien la situación telúrica de Concepción ha generado un cambio en la fisonomía local, para el historiador del arte, Javier Ramírez, se trata de un problema nacional y apunta a dos razones concretas: la planificación y la falta de gestión patrimonial urbana. “Concepción tiene elementos en contra -por ejemplo, el terremoto de 2010-, pero también tiene elementos a favor. El problema no pasa por esto, sino porque el Estado no tiene una política clara, menos una focalizada”, argumenta. El académico, además, concuerda con la visión de Eikhof sobre la preponderancia de los territorios por sobre los elementos escultóricos en la ciudad. “La escultura pasa a ser parte del equipamiento urbano o construye un paisaje o situación urbana”, dice.

Memorial

Ha sido el tema de discusión entre escultores y también de parte de la comunidad. Un memorial que busca recordar a las víctimas del terremoto y posterior tsunami del 27/F y que se encuentra emplazado en la Explanada Cultural Ribera Norte del río Bío Bío. Las críticas a este monumento apuntan a su elevado monto de inversión ($ 1.978.519, para ser exactos) y también a la proporción que existe entre el memorial y otros elementos del parque, que fueron desplazados sin siquiera avisarle a los creadores de las esculturas. Esta situación molestó a la Asociación de Escultores de Chile, que emitió un comunicado a los medios de comunicación, señalando que para la construcción del Memorial 27/F no se respetó el entorno, especialmente el parque de esculturas públicas y que es inaceptable que se hayan movido varias esculturas sin permiso alguno, quebrantando la ley de Derecho de Autor.
Un artista que está disconforme con el Memorial 27/F es Federico Assler. Su obra Ferrum y Flora fue desplazada unos cuantos metros y al artista ni siquiera se le comunicó. El escultor señala: “No estoy conforme con que se hiciese ese memorial. Sin duda que no hay escala en relación con otras obras. El entorno que se escogió para ubicar esta pieza no fue el adecuado; a pocos metros del río Bío Bío. Encuentro lamentable la decisión, partiendo por el jurado que eligió el proyecto y después siguiendo por la ubicación de la pieza. ¡Es el colmo y una falta de respeto!”. De hecho, las ocho torres del Memorial superan en 16 metros a la obra de Assler y al promedio de las esculturas aledañas, rompiendo con la armonía del diseño del parque.
Para el arquitecto Hermann Eikhof se debió primero evaluar el territorio y después pensar en hacer un memorial. Y aunque dice que sería un error juzgar a la escultura por sí misma, explica: “Si los arquitectos o escultores creyeron que ésa era la respuesta que a todos nos iba a involucrar, respecto a lo que sucedió en 2010, creo que están equivocados. El lugar que se eligió no creo que a nadie le haya preocupado, fue más bien una decisión política. Sin embargo, la pregunta que se debe hacer es dónde se ubica el dolor, porque un memorial recuerda dolor, por tanto, ahí hay un error”.
También otra crítica apunta al acceso que tienen los peatones al Parque de las Esculturas y el valor en conjunto que aportan las obras que allí se encuentran (es decir, la preponderancia del lugar por sobre las esculturas ahí emplazadas). Javier Ramírez cree que la obra de Federico Assler no sólo es el trabajo del artista como tal, sino que también tiene que ver con un conjunto, y ahí subyace lo relevante cuando se habla a nivel de escalas y de parques con valor patrimonial. Un argumento que reitera la importancia de cautelar la armonía de los lugares que fueron proyectados como espacios artísticos específicos.
La conexión de los circuitos peatonales también es un punto importante para el arquitecto Hermann Eikhof. El profesional piensa que es necesario tener un circuito definido que no haga perder valor al territorio y  a los elementos que forman parte de éste, en este caso las esculturas, porque las ciudades siempre deben ser, según Eikhof, “una plataforma de convivencia” y no una “plataforma de negocio”. “Los espacios públicos son lugares de convivencia, donde se practica la transversalidad”, sentencia.
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El reflejo del arte

El arte público irradia de manera permanente a todo aquel que pase frente a éste. Así lo ve el artista y escultor Rodrigo Piracés. Se trata de participación, de convivencia- y como advirtió el arquitecto Hermann Eikhof- también de transversalidad, que se logra a través de un objeto aureolo, del que ha devenido un trabajo intelectual profundo, como es la escultura.
La escultura en Concepción está impregnada de historia, crítica y expresión pura. Sus autores buscan reflejar una idea, una emoción, a través de la forma, el color, la textura y en este caso particular la tridimensionalidad. Concepción no sólo destaca como la ciudad de los murales de González Camarena, Alfaro Siqueiros, De la Fuente, Escámez y Robles. Las esculturas se han hecho presente por varios años y en algunos casos, como son los monumentos, se da cuenta de una estrecha relación entre ciudad, arte y técnica, como explica el historiador Javier Ramírez. Un ejemplo de ello es el monumento de Pedro de Valdivia, ubicado en la Plaza de la Independencia, que se fundió en una escuela industrial. “Cuando hablamos de escultura en el imaginario también aparece lo estatuario. Cuando hablamos de lo estatuario, nos referimos a cuerpos humanos, representando a próceres, héroes. Y cuando hablo de valores no sólo de los valores estéticos, sino también de valores históricos a una situación cultural y económica de la ciudad”, dice Ramírez.
El arte escultórico es parte inherente del territorio y la ciudad; se convirtió en un elemento más y sobrevive en plazas, parques e instituciones. Su valor y conservación requiere de trabajo en conjunto, tanto de los que aprecian el arte, como también de los encargados de promoverlo.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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