Espejos siniestros

Hace tiempo que no comentaba una “peli” de terror, así es que aquí vamos. Bueno, en realidad no tanto si consideramos la columna dedicada a “Orfanato”, donde, si bien todo resultó relativamente interesante, no sentí mayor susto por nada en particular;  así es que, en definitiva, del género de “terror” propiamente tal no hablo hace rato.
La verdad es que en la actualidad me cuesta guardar alguna expectativa que no sea la entretención más predecible al momento de presenciar una película sobre muertos vivientes, fantasmas y mutantes de toda clase. De la rica variedad de subgéneros que el terror ofreció a lo largo de 60 años, hoy las salas abundan mayoritariamente en terror adolescente y remakes de nulos aportes. Es cierto, los últimos años han ofrecido hitos como “Sexto Sentido” (del hindú  M. Night Shyamalan), “El exorcismo de Emily Rose” (Scott Derrickson) o “Exterminio” (Danny Boyle), además del cine proveniente de nuevas latitudes, como los éxitos japoneses y sus posteriores remakes tipo “El Aro” (“Ringu”, del escritor Kôji Suzuki) o la serie “Ju-on” (Takashi Shimizu), o las películas del español Alejandro Amenábar. Buenas producciones, algunas notables, pero que constituyen raras excepciones frente a la habitual y mediocre oferta industrial tipo “The eye” o “Alien vs Predator 2”.
Vamos al argumento de “Espejos siniestros”. Ben Carson (Kiefer Sutherland) es un ex policía que lo está pasando mal, muy mal. Atormentado por haber dado de muerte a un colega que trabajaba encubierto, renunció a su institución para “caerse al litro pesado”. Como los males nunca llegan solos, es abandonado por su esposa y colega Amy (la estupenda -aunque errática en su rol- Paula Patton) y sus pequeños hijos, lo que lo obliga a vivir de allegado en la casa de su hermana Angela (Amy Smart). Con la disposición de recuperarse y recuperar a los suyos, el bueno de Ben deja la botella y se las arregla para conseguir un empleo como guardia de seguridad nocturno en las ruinas de una multitienda. El trabajo desde el principio es desagradable, pues el inmueble carga una malísima vibra: hace unos años fue arrasado por un voraz incendio en el que decenas de inocentes murieron calcinados.
Durante sus turnos, Carson comienza a experimentar situaciones extrañas vinculadas con un funesto pasado, y que se manifiestan a través de enormes espejos de la tienda, cuyas imágenes terroríficas parecieran demandarle la presencia de un extraño ser de apellido Essekar. Pero eso no es todo. Tras los vidrios también se esconde una presencia maléfica y asesina, que a través de otros espejos es capaz de acosar hasta la muerte a los seres más queridos y cercanos de su entorno.
“Espejos siniestros” (originalmente “Mirrors”) es una adaptación libre del filme coreano de 2003 “Geoul sokeuro” (Sung-ho Kim). Mi desconfianza hacia los remakes se ve menguada al enterarme de que tras la dirección está Alexandre Aja, un tipo de respetable currículum (“Alta tensión” y “La colinas tienen ojos”) y que en la actualidad es considerado uno de los innovadores del género de horror junto a Rob Zombie (“Violencia diabólica”). Por ello, no resulta extraño que la película cumpla a cabalidad todos los tips clásicos de este formato, como la presencia de mutantes, entes, una casa embrujada, niños atemorizantes (las escenas del hijo de Carson tienen más de una referencia a “El resplandor”) y mucha sangre.
Las películas de terror básicamente se dividen entre las que muestran demasiado (asociadas al cine adolescente) y las que disimulan en pos del suspenso, y da la impresión que Alexandre Aja intentó incluir ambas escuelas. Aja sabe que el terror fácil de efectos de sonido prontamente aburre a los conocedores más básicos del género, por ello apuesta desde el segundo cuarto de hora por subir el tono, mediante el impacto del espectador con escenas francamente pavorosas y que rayan directamente en el gore. Con todo, el filme cae en momentos prescindibles, inverosímiles cambios argumentales (el rol de Amy, por ejemplo) y sobredosis de información que aportan más desorden y extravío que otra cosa. Como contraparte, se destaca la cuidada y terrorífica ambientación interior del mall abandonado, y un final que, al menos, intenta salir de la obviedad. En definitiva, “Espejos siniestros” da más susto que “Orfanato”, pero no pasa de ser una película medianamente superior al montón.

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