Estudiar Pedagogía exige valorar la trascendencia de influir en otros

Cecilia Jofré Muñoz Directora Departamento de Pedagogía  Sede Concepción, Universidad San Sebastián.
Cecilia Jofré Muñoz
Directora Departamento de Pedagogía
Sede Concepción,
Universidad San Sebastián.

Estudiar Pedagogía es más que aprender sobre currículum, didáctica y evaluación; más que adquirir conocimientos de una determinada disciplina para entrar en el aula a enseñar un contenido. Es, en su esencia, desarrollar en el estudiante, futuro profesor, una disposición como ser humano a entregarse a la acción de formar personas convirtiendo el aula en un espacio de experiencias, interacciones, emociones y expresiones.

En el aula se reconocen aptitudes, intereses y motivaciones en situaciones de aprendizaje, transformando aquello que para el niño o joven parece aburrido en algo entretenido, lo teórico en práctico, lo incomprensible en comprensible, lo difícil en fácil, lo inaplicable en aplicable, es decir, conectar el conocimiento con la emoción que provoca el saber. Aquello que entendemos y le damos significado actúa como una cadena cuyos eslabones permiten ir forjando un soporte firme para sostener un proyecto de vida.

Para que esto ocurra el profesor debe dominar el conocimiento disciplinar y estar consciente de su compromiso y responsabilidad con la vida de sus estudiantes y con el desafío de que el aprendizaje ocurra. Un desafío que tiene varios elementos que lo convierten en un proceso dinámico y exigente que obliga, a cada momento, a mirar el contenido, las acciones para enseñarlo, las características de los estudiantes, su historia, sus interacciones, sus motivaciones. Así, cuidadosamente planificada, la clase resulta ser un encuentro entre profesor y estudiantes donde se activa el pensamiento, los afectos y las motivaciones que van transformando a la persona y dándole las herramientas y la confianza para autodeterminar su vida.

En síntesis, los profesores se constituyen en un punto de inflexión para los estudiantes. El contacto con un docente transforma la vida de las personas, permitiendo que tomen un rumbo no definido por factores sociales ni económicos; entrega herramientas para que transiten hacia escenarios distintos y más complejos.

Así vista, la profesión de profesor no es fácil cuando aceptamos que su acción trasciende la vida de las personas. Mirar así la Pedagogía implica entender que es una profesión que está muy lejos de ser fácil o poco significativa. Es, por el contrario, una profesión en que el saber y el hacer dan como resultado el ser.

Entonces, la pregunta es: ¿Por qué en Chile no logramos dimensionar y darle el valor sustancial que tiene para la cultura y desarrollo de un país la profesión docente? En el aula se han forjado grandes pensadores, ingenieros, científicos y grandes profesores. Para muchos ahí se ha abierto un futuro, se han concretado sueños, se han cambiado vidas. Ahí el contenido, la didáctica y la vocación desarrollan capacidades, habilidades y actitudes para la vida. Para qué vida… para aquella que elegimos libremente en la confianza de conocernos en todo lo que somos. Aquella que fue posible porque un profesor nos entregó una experiencia de aprendizaje que dignificó nuestras vidas en un espacio de encuentro con otros.

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