Ética empresarial cuestionada

contreras
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

Durante gran parte de mi vida profesional y de oficio he estado vinculado a las denominadas ciencias empresariales en general y al Derecho Empresarial en particular. Así, en aulas de universidades del país y del extranjero, he venido reflexionando sobre la materia, llegando a la conclusión de que también en la Economía y ciencias afines existe un gran déficit de fundamentaciones éticas avanzadas.

En la vieja Europa, cuando realizaba mi Máster en Derecho con mención en Derecho Empresarial, ofrecido en el marco de un maravilloso triángulo institucional cuyas bases fluían tanto de la Universidad Complutense de Madrid como del Instituto de Empresa de la misma capital española y del London Business School, supe de los llamados de alerta que hacían los expertos apuntando al cuidado y resguardo de los deslindes ético-jurídicos para con el ejercicio del área económico-empresarial en el sentido amplio. 

Es que las conductas sociales, asociales, parasociales y antisociales en sus distintas autonomías y formas, amén de exclusividades de acción, finalizan a veces dibujando estructuras de conductas desviadas al interior de unos y otro sistemas económicos, como estamos convencidos nos estaba sucediendo en Chile históricamente y con mayor frecuencia en la actualidad. Es ahí cuando los criminólogos hablamos de una de las infinitas formas de cifras doradas de la criminalidad y de los delitos de cuello blanco, naturalezas delictuales que observamos con preocupación hoy en este Chile del siglo XXI.

Desde las más altas autoridades del país los quiebres éticos vienen siendo progresivos, excesivos y sucesivos. Ni dudosas platas a favor de campañas políticas, ni pollos, ni financieras, ni remedios, ni el papel higiénico pasan la prueba de la blancura. Todos apuntando a la sinvergüenzura. Nuestros parlamentarios y políticos tampoco se libran de ella, y día tras día continúan las citaciones a declarar por unos y otros motivos en que el quiebre ético no está ausente ante estrados judiciales.

Entonces acuden al resquebrajado edificio lógico del Derecho Penal y del Derecho Procesal Penal apuntando desde sus débiles pasillos y murallas que ese vil acto cometido, o ilícito ocurrido, no se configura como delito, toda vez que la figura penal o no existe o está incompleta. Trátase de un Derecho Penal cuya estructura y funciones devienen de siglos anteriores, es decir, desajustados en plenitud entre normas jurídicas nacidas en el pasado y realidades ocurridas en el presente.

El régimen de las personas y de los bienes nacionales se encuentra a merced de las actitudes dolosas, delincuenciales y criminales que el descuido ético para desgracia de las familias chilenas ha ido consolidando. Ya es tiempo de rectificar, aclarar y enmendar ese rumbo criminogenético.

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