Europa, con Gracia o sin Grecia

En los últimos meses, la discusión financiera se centra en el posible default de Grecia o incapacidad de pagar su deuda. Grecia recibió grandes sumas de dinero de los bancos alemanes y franceses, y hoy su deuda bordea los US$ 209 billones, cifra equivalente a 2 veces los activos de los Fondos de Pensiones. ¿Qué alternativas existen a este problema? ¿Tendrá algún impacto en la economía chilena?
Una de las más claras opciones que tiene este país es salirse de la Comunidad Europea, que obliga a sus miembros a cumplir algunos estándares en materias de déficit fiscal, que, claramente, Grecia ha sobrepasado. Abandonar la Comunidad implicaría que Grecia debería volver a tener su propia moneda, el dracma, y frente a los mayores déficit fiscales permitiría al dracma devaluarse encareciendo el sistema de vida de los griegos. Es decir, las monedas extranjeras serían más caras que la moneda nacional. Los efectos sobre la población helénica impactarían en forma negativa sobre el gobierno de turno. Basta recordar lo que pasó en Chile entre 1981 y 1982 cuando se liberó el sistema de tipo de cambio fijo y el dólar comenzó a devaluarse desde los 39 pesos. La serie televisiva los 80’s reflejó la crisis en la industria textil, en el personaje principal.
La opción dos es que la Comunidad le extienda nuevos créditos para pagar parte de los antiguos. Sin embargo, para cursar nuevos fondos se requiere que Grecia reduzca fuertemente el nivel de gastos. Dentro de las condiciones impuestas está que el salario mínimo debe reducirse en un 20 por ciento, desde los 770 dólares a los 675. Se debe recortar una serie de gastos adicionales por 4.2 billones de dólares, como gastos en pensiones, educación y defensa. Si los bancos griegos no son capaces de pagar a sus pares franceses y alemanes, la reacción en cadena se generaría. Es debido a esto que las nuevas líneas vendrán a pagar parte de la deuda vencida. Si todo lo anterior fuese poco, los evaluadores de rating han rebajado la clasificación de riesgo desde CCC a C, la peor clasificación que se ha otorgado a un país europeo, dejando los bonos griegos en la categoría de “junk”, es decir, bonos basura.
La tragedia griega se ha vuelto a escribir. Han continuado las protestas por las reducciones en los gastos sociales. No tiene otra forma el gobierno griego para avanzar. Las dos opciones están en la mesa y el Parlamento debe pronunciarse. La tasa de desempleo, que ya está en el 18 por ciento, subirá fuertemente. Sólo en el semestre junio-diciembre del 2011, se perdieron más de 100.000 empleos. Un panorama bastante sombrío para el país helénico.

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