Felipe Aguilar: Confesiones bajo el par

Golpe a golpe, Felipe Aguilar se ha convertido en el mejor golfista del país y uno de los más destacados de Sudamérica. Mezcla de valdiviano, gringo y europeo, el primer chileno aceptado como miembro en el European Tour, cuenta la historia de cómo un niño sureño de 9 años llegó a convertirse en un profesional de este deporte que no para de crecer.
Felipe Aguilar (32) practica su swing en el Sport Francés de Santiago. A su lado, un concentrado Checho Hirane lo mira de reojo y luego bromea un rato. Más allá, otro grupo de socios le observa a la distancia y luego se le acercan a conversar. Es que aquí, en este lugar donde muchas celebridades se juntan a jugar, la verdadera estrella es él, este valdiviano que dejó sus tierras a los 16 años decidido a convertirse en un profesional del golf.
Es un tipo sencillo y afable, de nada importan sus varios títulos, su buen ranking en el European Tour, el haber jugado y compartido con leyendas mundiales del golf. Desde el caddy hasta el más pequeño de los socios, a Felipe todos se le acercan, porque conversar con él es fácil. Detrás de cada golpe aún parece existir el niño que a los 9 años salía del campo familiar en Cayumapu, al norte de Valdivia, y partía con su abuelo, Alfredo Schuler, para jugar golf en una época donde este deporte aún no era moda y quienes lo practicaban al sur de Santiago se contaban con los dedos de una mano. Ha pasado un buen tiempo desde entonces y Felipe Aguilar es ya uno de los mejores golfistas sudamericanos del momento.
“Siempre recuerdo a mi abuelo y a mi entrenador de entonces, Patricio Pino, porque con ellos comencé a jugar”, rememora.
– Empezaste en una época donde jugar golf en el sur era una actividad reducida a un círculo muy estrecho.
Claro, era el único niño que jugaba en Valdivia y si no fuera por mi abuelo, quien jugaba conmigo, no estaría aquí ahora. Él me regaló mi primer juego de palos, viajó conmigo la primera vez, me guió e impulsó. Me acompañaba a los torneos en Santiago. Así fue hasta que me fui de intercambio a Estados Unidos y luego obtuve una beca deportiva en la Universidad de North Florida.
– ¿Qué tan difícil fue tomar los palos y llevar una vida universitaria y deportiva en Estados Unidos?
Gracias a Dios no me salté ninguna etapa. Lo que pasa es que el golf, a diferencia de otros deportes, te da un lapso de tiempo largo para jugar hasta los 45 o más años y luego viene el tour para seniors, que dura hasta los 60 años. Ocurre que un golfista tiene que ser maduro para alcanzar el éxito y esa madurez se alcanza viviendo las etapas como corresponde: yendo a un colegio normal, estudiando en la universidad y luego, si tienes opciones, hacerte profesional.
– ¿Cómo veías el golf chileno en aquella época?
Más o menos. Piensa que el último profesional había sido Roy Mackenzie. Guillermo Encina no estaba jugando en el circuito de seniors, ni tampoco en Europa. Pero a medida que fueron pasando los años fueron saliendo nuevas figuras como Mark Tullo. En fin, poco a poco, fue cambiando y se llegó así al auge que tiene hoy el golf nacional.
GOLPES LARGOS
Felipe Aguilar es el primer chileno aceptado como miembro del European Tour, una competencia que le obliga a pasar unos 7 meses del año fuera de Chile y, de paso, ver intermitentemente a sus hijos Martín (8), Amalia (7) y Víctor (2). Para sobrellevar eso, cuenta con un golpe secreto que le ha acompañado en los momentos más complicados. Loreto Santa Cruz, su mujer, ha sido uno de los pilares para cimentar su carrera: “Hay tres aspectos en el golf: hay que estar bien mentalmente, físicamente y con el corazón en orden. Si cualquiera de esos tres aspectos falla es muy difícil hacerlo bien. Mi señora ha sido un apoyo fundamental, me incentiva, me da la tranquilidad para viajar. Cuando uno tiene una mujer que te da esa fortaleza es muy complicado jugar mal…” (ríe)
– ¿Te has perdido muchas cosas importantes en la vida de tus hijos por los viajes?
Claro. En el embarazo de mi hija menor estuve muy poco con mi señora. Incluso llegué un día antes del parto. Sí, se pierden varias cosas…así me perdí también cuando mi hija comenzó a hablar.
– ¿Cómo es la vida en Europa para un golfista profesional?
Tenemos un muy buen grupo entre los latinoamericanos. Argentinos, paraguayos, brasileños, en fin, nos acompañamos bastante, viajamos juntos y somos muy buenos amigos. Compartimos hoteles y otras cosas, por ejemplo, ahora tengo que viajar a Italia y el que esté allá se preocupa de ver el tema del arriendo de autos, hoteles, etc…nos vamos turnando. La vida de un golfista, a diferencia de cualquier trabajo normal o de oficina, me permite ser el dueño de mi tiempo. Voy a trabajar en la medida que lo sienta…si entreno poco, me afecta en los resultados en los torneos y gano menos dinero. Yo no entreno si no tengo ganas, mi concepto del golf es que lo hago, porque me gusta porque lo paso bien haciéndolo, entonces, en el momento que eso ya no pase más voy a dejarlo en forma competitiva.
– ¿Es parecida a la vida de un tenista?
En muchos aspectos es muy similar, aunque el entrenamiento no es tan físico, sino más bien mental, pues en el golf estar bien mentalmente es imprescindible.
– ¿Cómo son los circuitos en el día a día?
La idiosincrasia del europeo es muy distinta a la del norteamericano, por eso elegí ir al Viejo Continente. El americano es un poco más frío, más personal y no abre las puertas tan rápido como el europeo. Este último está acostumbrado a jugar en distintos países, a convivir con distintas formas de ser y eso hace que sea más grato jugar allí. En Estados Unidos eso no es tan así y, a grandes rasgos, eso es lo que marca la gran diferencia entre la PGA americana y la de Europa.
– ¿Y en calidad de jugadores?
Bueno, lo que pasa es que en Estados Unidos se juega más dinero y por eso, por ejemplo, Tiger Woods juega allí. Pero para ser golfista en Europa hay que ser un todo terreno, porque las condiciones climáticas son muy cambiantes.
– ¿Se les trata bien a los latinoamericanos?
Sí, muy bien. Es muy grato, se nos ponen autos a disposición, tenemos buenos hoteles, en fin, hay de todo. Pero se trabaja mucho, hay que acostarse temprano, porque a las 7 de la mañana uno ya está entrenando, eso implica levantarse al menos un par de horas antes.
– Pero, ¿llegaremos a tener campeones al nivel de las leyendas del golf?
Hay muchas cosas que se deben sopesar. Hay jóvenes que hicieron las cosas bien desde chicos. Van a llegar jugadores a la PGA, de eso no tengo dudas. Yo fui el precursor en la entrada de un chileno al tour europeo, ya tenemos dos jugadores en el senior tour, en fin, es cosa de tiempo.

EL GOLF DESDE ARRIBA
“He cumplido mis sueños”, confiesa Felipe Aguilar. Uno de ellos era compartir con leyendas del golf como Jack Nicklaus y el mítico “tiburón blanco” australiano Greg Norman. “Me encantaba mucho Norman, era muy agresivo en su juego. Tuve la suerte de conocerlo…un tipo grande, un auténtico personaje. Claro que cuando se crece se deja de tener ídolos o referentes, porque el juego se ve de otra manera. Aunque Jack Nicklaus sí es un ídolo y lo va a ser siempre por todo lo que ha hecho en el golf. Nunca lo he enfrentado, pero es un maestro. También conocí a Ernie Els en Sudáfrica, jugando en su club y a Darren Clark la semana previa a la Ryder Cup cuando ganó Europa. Y aquí hay un hecho significativo que habla de cómo se vive el golf en Europa, porque había fallecido su señora recientemente y luego de parar lógicamente por un tiempo, se le recibió de una manera muy cálida. Desde ese torneo no ha parado de jugar”.
– ¿Algún referente en Chile?
“Pucha, qué difícil. Pero me marcó mucho Pablo Goycolea, me gustaba mucho como jugaba, tenía un swing maravilloso.”
– ¿Y cómo se ve el golf en el sur?
Uff, La Posada, en Concepción, ha hecho un tremendo trabajo los últimos años. Tienen un excelente torneo, se nota un esfuerzo muy importante de los socios y los auspiciadores por hacer algo bien hecho y eso es destacable. Más al sur, en Puerto Varas, por ejemplo, de donde vengo llegando hace unos días, he notado preocupación de los padres por incentivar el golf en sus hijos y eso es algo súper destacable. Se están haciendo canchas nuevas, mejorando las existentes y están pasando cosas muy valorables.

TEXTO: MAURICIO GANDARA

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