Felipe Lecannelier: “Hoy lo que menos debe importar son las notas de los niños”

A través de su campaña, Más aprendizaje socioemocional y menos educación formal, este reconocido psicólogo e investigador de los problemas de la infancia, propone “remirar” las necesidades de los más pequeños, tomarlas en cuenta y liberarlos del estrés que los está enfermando. Por eso sostiene que sobre todo en esta pandemia, es necesario priorizar su salud mental y, luego, preocuparse por su rendimiento académico.

Felipe Lecannelier, Doctor en Psicología e investigador docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago.

Felipe Lecannelier (48) es Doctor en
Psicología y actualmente se desempeña
como investigador docente de
la Facultad de Ciencias Médicas de la
Universidad de Santiago. Experto en
apego, lleva dos décadas estudiando
a la primera infancia. Es autor de seis
libros y está preparando una nueva
entrega que tiene como eje el respeto
hacia los niños, tanto en la crianza
como en la educación.

En esa misma línea, desde marzo se ha dedicado a promover la campaña, Más aprendizaje socioemocional y menos educación formal, una idea que nació cuando comenzó a recibir mensajes de papás y mamás que estaban muy preocupados por los resultados que tendrían las clases a distancia en la formación de sus hijos.

“Junto a un grupo de colegas dijimos, estamos en una situación grave, y tenemos papás que están inquietos por las notas de los niños o por si van a perder el año. Tenemos profesores preocupados sobre qué va a pasar con los aprendizajes y autoridades pensando qué va a suceder con la PSU, pero nadie ha mirado que estamos en una pandemia, donde el ciento por ciento de los niños está con estrés, con angustia o ansioso, entonces ahí surgió la idea de esta campaña que fomenta una educación basada en lo que quieren, necesitan y les hace bien a los chicos”.

Ya realizado cerca de 30 ”lives” en redes sociales para dar a conocer su campaña. “Estamos en un momento especial, donde lo que menos debería importar son las notas o cuánto saben los niños de matemáticas o de historia”, dice. Y por eso postula que, sobre todo en este periodo, es mejor dejarlos ir aprendiendo de a poco, con paciencia y sin estrés, pues este último sería el causante de muchos de sus problemas.

“Tenemos 20 años de investigaciones donde Chile aparece con los peores indicadores de salud mental en niños de uno a seis años, y por eso planteamos que en este grupo etario se vive una epidemia de salud mental”, recalca.

-¿Así de rotunda la conclusión?

“La gente a veces me critica por hablar de epidemia, pero es así, porque es una enfermedad que ocurre en un ambiente local, donde encuentras síntomas que están por sobre el promedio. En cuatro mega estudios comparamos la situación de Chile con las de otros países, y pudimos concluir que en algunas variables, triplicamos los niveles de afectividad negativa, de miedo y de timidez. Yo muestro estos datos para generar conciencia de que debemos ocuparnos de esta realidad, porque si partes con una infancia enferma, ya no sabemos qué va a pasar después”.

-¿Qué estamos haciendo mal?

“A mí me complica decir que alguien está haciendo algo mal, porque los padres automáticamente sienten que es una crítica hacia ellos. Más bien radicaría el problema en un patrón cultural bastante definido de cómo criar y educar que, literalmente, está enfermando a los niños desde el primer año de vida”.

-¿Por qué?

“Chile tiene una crianza y una educación ‘internalizante’. Criamos niños para que no lloren, para que estén tranquilitos, para que no molesten y hagan caso como si fuesen unos pequeños robots. Y el sistema educativo tiene el mismo principio. Si un niño de cuatro años en el colegio hace pataletas, inmediatamente llaman al apoderado, y si se mueve mucho, lo mandan al psiquiatra y le diagnostican déficit atencional con hiperactividad, cuando ese tipo de reacciones son completamente normales a esa edad. Esto provoca conductas internalizantes, es decir, en lugar de expresar el estrés hacia afuera, lo van encapsulando en la mente y en el cuerpo, produciendo ansiedad, depresión o apatía. Es como una bomba de tiempo que tarde o temprano te pasa el costo. Y esto suele ocurrir en la adolescencia, con adicciones, bullying y hasta in tentos de suicidio ”.

-¿Cómo se puede revertir esta situación?

“Existe un estudio de la Unicef en niños de 6 a 18 años, donde ellos reportan que lo que más les importa a sus papás es que se saquen buenas notas, que se porten bien y que sean buenos niños. Por otro lado, tenemos un estudio donde le preguntamos a los papás qué esperan de sus hijos, y las respuestas fueron, que sean felices, que no sufran, que no tengan estrés. Entonces hay una contradicción entre lo que se supone que queremos y lo que realmente hacemos con nuestros hijos. Nosotros postulamos que deberíamos ocuparnos de potenciar un aprendizaje socioemocional que priorice prácticas de crianza y de educación donde los niños estén en primer lugar. Eso tiene que ver con dejar nuestras creencias de adultos y preguntarnos qué les hace bien a nuestros hijos. Ocuparnos de entregarles aprendizajes significativos, educándolos para la vida y no para un supuesto futuro lleno de éxito y de estrés”.

“…Hoy, niños y adultos estamos estresados. Esta situación, en una sociedad donde existe una epidemia de salud mental en niños de uno a seis años es tremendamente preocupante . Nuestros pequeños son como los pacientes de tercera edad para el Covid-19…”.

“No los llenemos de tareas”

-¿Qué consecuencias podría tener esta pandemia en la salud mental de los niños?

“Los seres humanos somos seres de hábitos, y lo que está haciendo esta pandemia es cambiar nuestra forma de vivir la predictibilidad que teníamos antes del coronavirus. Eso inevitablemente genera estrés en nuestro cerebro. En el de todos. Hoy, niños y adultos estamos estresados. Esta situación, en una sociedad donde existe una epidemia de salud mental en niños de uno a seis años es tremendamente preocupante. Nuestros pequeños son como los pacientes de tercera edad para el Covid- 19. Son un grupo vulnerable, al que le llegó una pandemia cuando ya vivía una epidemia, entonces ahí hay que hacer un trabajo súper fuerte”.

-¿Un trabajo en qué sentido?

“Lo primero es que la vuelta al colegio tiene que ser cuando realmente no haya ninguna probabilidad de contagio, porque es sabido que el distanciamiento social que se necesita para evitar la transmisión del virus es imposible de lograr en los niños. Cuando esto suceda, sería necesario establecer algún sistema para identificar a aquellos niños de alto riesgo, que estén presentando estrés postraumático o que tengan un trauma ya instalado. No olvidemos que durante el confinamiento han aumentado las denuncias por violencia intrafamiliar, y eso repercute en los pequeños que escucharon más gritos y presenciaron más peleas o violencia física en sus hogares”.

-¿Cómo se debería retomar la dinámica en una sala de clases?

“Lo deseable sería que, en una primera etapa, un mes por lo menos, se les permita a los escolares volver a estar juntos para conversar y divertirse. No es recomendable que a las dos semanas ya estén llenos de tareas. Era obvio que en países como Chile íbamos a ser de los más obsesionados por el aprendizaje cognitivo por sobre el aprendizaje socioemocional. Pero de verdad hay que entender que estar exigiendo rendimiento y resultados a niños que ya están complicados por estar viviendo una pandemia, es como que a un paciente enfermo se le pida que se levante para ir a trabajar”.

-Cómo tienen que prepararse los colegios para enfrentar estos nuevos desafíos relacionados con la salud mental de los escolares.

“Lo primero sería preocuparse por la salud mental de los profesores. Ellos también pueden estar viviendo situaciones de estrés que es necesario detectar, porque para cuidar a un niño, tienen que estar listos y preparados. Ahí hay un trabajo potente para las autoridades de educación. Entiendo que el Mineduc lanzó una guía para ayudar a los profesores en el desarrollo de sus habilidades socioemocionales. Pero eso es lo básico, porque se necesita un trabajo más profundo”.

Una esperanza

“Vivimos en una sociedad paradójica”, dice Felipe Lecannelier. Y con eso apunta a una narrativa que se contradice con lo que sucede en la práctica en las familias chilenas. “Amamos a nuestros hijos y declaramos que queremos estar siempre junto a ellos, pero la realidad es que no les dedicamos más de una hora al día”, recalca.

-Como padres cuesta escuchar esto, porque se supone que todo lo que hacemos es por el bienestar de nuestros hijos.

“Yo no creo que el enfoque sea culpar a los padres. El problema está en la sociedad que hemos construido, que está basada casi enteramente en la productividad económica. Eso es lo que nos tiene trabajando todo el día y ocupándonos muy poco tiempo de nuestros hijos”.

-¿Este confinamiento ayudará en ese problema?

“Todos esperamos que así sea. Lo que sí ya hemos averiguado es que los padres se están dando cuenta de que no sabían estar con sus hijos y que tampoco los conocían mucho. Y por eso creo que sí hay una esperanza de que después de esta pandemia, cada papá y cada mamá salga conociendo un poquito más quién es su hijo. También hay otro aspecto del que no se ha hablado, y es que cuando los padres deban volver al trabajo presencial y sus hijos, al colegio, los más pequeños de alguna manera van a experimentar un sentimiento de pérdida”.

-¿De qué tipo?

“Cuando les preguntas a niños menores de 10 años con quién prefieren pasar más tiempo, una gran mayoría, salvo quienes viven situaciones de agresiones o de otro tipo de abuso, responde que con sus padres. En esta pandemia han hecho realidad ese deseo. Y por eso hay que estar atentos, porque sobre todo en los más chicos, podría aparecer cierta reticencia de volver a la vida de antes del Covid y, por ejemplo, algunos manifestarán que no quieren ir al colegio y podrían experimentar lo que se conoce como angustia de separación, porque no querrán separarse de sus papás, como lo que les ocurre a algunos en sus primeros días en el jardín infantil”.

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