Feminismo y sociedad: Rol Sociológico

Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

El marco de referencia temporal de este fenómeno nos obliga a reflexionar desde los anteriores preámbulos respecto de la sociología a la fecha y afirmar que aún cuando la perspectiva feminista data “desde siempre”, su historia comienza con los “escritos publicados”, siempre en tono de protesta, recién el siglo XVII.

Serán los dos últimos tercios de aquella centuria los que instalarán el tema en nuestra conciencia social, y así ocurrirá por alrededor de 150 años de lucha femenina. En torno al siglo XVIII, estos notables esfuerzos se irán haciendo cada vez más colectivos y relevantes. Para el lector o lectora interesada en el tema le recomendamos acudir a las primeras figuras de la interpretación feminista, para luego detenerse en cultivadores y cultivadoras clásicas, tales como Cott, Donovan, Longie, Martín, Rose, Showalter y otros.

El caso es que el actual poder de la mujer se va eslabonando con enormes dificultades. En una paciente mirada vertical de la historia, las mujeres de aquellas primeras épocas constituían un grupo relativo carente de poder, hoy diríamos subordinadas, o hablaríamos de una de las tantas minorías al interior de aquella vetusta sociedad humana. En aquel trance, las primeras estudiosas del tema fueron bautizadas como “madres fundadoras”, siendo desde el inicio discutidas e incluso empujadas a permanecer en la periferia de la cuestión, tratando de llevarlas a la expulsión de aquellos primeros anales sociológicos. De paso, y con la más profunda intencionalidad, se lograba que las preocupaciones feministas permanecieran en la estricta marginalidad de la disciplina.

El freno de mano que habían puesto los clásicos partía asegurando que la familia en general y la mujer en particular se constituían en el principal factor de estabilidad social.

Cómo no recordar con motivo de este artículo el parangón parsoniano que dice que para una familia unida necesitamos en el sistema social hombres con una orientación instrumental, provistos de dotes de mando, ambiciones y capacidades de autocontrol. Le señalaban a las mujeres las tareas del funcionamiento interno de la familia, cuidado de los hijos y maridos. ¡Se nota que Parsons no fue un hombre del siglo XXI! Es lo que explicaba cuando otorgaba a la mujer un rol ”expresivo”, propugnando que su acción debiera ser amable, afectiva y enriquecedora. Tanto así que si hombres y mujeres llegaran a situarse en un plano de relativa igualdad en lo tocante a su función y orientación, la competencia entre ellos terminaría por destruir la vida familiar y la propia estabilidad social. Hoy, criterio aberrante. Ayer, criterio social.

Con todo habrá puentes de civilización que nos harán desembocar en la realidad actual. Los pilares de aquellos puentes estarán sólidamente construidos en función de conceptos tales como el respeto, la aceptación del género con sus particularidades y más allá de cualquier eventual opresión. ¡Qué duda cabe! Cualquier corriente de pensamiento exagerada o extremista no conduce ni a la paz ni a la felicidad humana.

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