Fernando Villegas: El francotirador más implacable de la nueva fauna nacional

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Desde la televisión, la radio y la prensa su opinión nunca pasa inadvertida, pues no se guarda nada. Generador de admiradores y de furibundos detractores, Fernando Villegas es un verdadero opinólogo de categoría pesos pesados, que por estos días guarda sus expectativas en que su nuevo libro “Ruego A Usted Tenga La Bondad De Irse A La Cresta” logre repetir el éxito best seller que ya antes le había brindado “El Chile que queremos”. Como buen francotirador, Villegas afila su puntería y se explaya acerca de la comunidad literaria, los cuoteos forzados para minorías, los jóvenes poseros e ignorantes y los emprendedores poco creativos. Al contrario de lo que podría suponerse, Villegas es simpático, y no nos mandó a la punta del cerro. O al menos, eso pareció.
Es el rey del comentario filoso, de la postura sin adornos, ni razonamientos acomodaticios. Le carga, le aborrece la cultura de lo “políticamente correcto”, y lo hace saber desde el primer momento. Lo cierto es que, admirado o ninguneado, el sociólogo, periodista y escritor Fernando Villegas Darrouy (60) se ha ganado un espacio a través de los años como máximo opinólogo de toda clase de temas, a través de diversos frentes: en la televisión, como panelista estable desde hace diez años del programa de debate “Tolerancia Cero” de Chilevisión; comentando actualidad en el espacio radial “Terapia Chilensis” o sobre música en “Edición Limitada: Duna Jazz” de Radio Duna, y a través de sus comentadas columnas escritas semanalmente en el diario La Tercera. Sin embargo, el área que nos convoca para esta entrevista es su vena como escritor, donde su perfil sarcástico le ha granjeado éxitos como el reciente “El Chile Que No Queremos”, que estuvo por más de 20 semanas en el ranking de la Revista de Libros del diario El Mercurio (en categoría de no ficción) y del que hasta la fecha se estima una venta aproximada de quince mil ejemplares.
Hoy, su nuevo título en carrera, desde marzo de este año, es el amable “Ruego a Usted tenga la bondad de irse a la Cresta”, una verdadera “radiografía” a los distintos tipos de chilenos que conforman la fauna local y que, de acuerdo con lo que reza su reseña, “son los personajes que pueblan una sociedad que de tanto cacarear sobre el modelo vigente se ha ensordecido a lo que realmente vale la pena, a juicio del autor: lo elevado, lo generoso, lo justo, lo decente, lo refinado, lo considerado y lo amable”. El repaso, que muchas veces parece una verdadera zoología, analiza perfiles que comienzan con los “Negritos de Harvard”, suerte de sucesores, ahora con doctorado en economía de los “Cuesco Cabrera”, creados por el humorista Coco Legrand; los “Mantequillos, esos ”poderosos situados casi en el cielo y la diestra de Dios Padre”; los empresarios, que pese a su nombre, no innovan ni crean; los “Flaites” y los “Chantas”; los “Cabeza de Músculo”; los “Lobbystas” (personificados en su lado más exitoso en el ex ministro Enrique Correa), los “operadores políticos” (también encarnados en su lado más ascendente por el Ministro Francisco Vidal), más una galería que se extiende a los apitutados, los del medio y los de abajo, las tribus urbanas y los pobladores. La idea tuvo un buen comienzo, y al igual que su antecesor en la materia, está en el ranking desde la primera semana de marzo y (según cifras de su casa editorial, Random House Mondadori), a la fecha se han vendido casi 7 mil ejemplares.
El resultado tranquiliza a Villegas, pues el sociólogo desea ser y se proclama un escritor best seller. Es que de esta forma aspira a alcanzar, algún día, su objetivo mayor: su consagración como escritor de novelas de ficción, ámbito donde también ha publicado títulos como “Fiesta para corazones rotos” -basada en el contexto del plebiscito de 1988- y “Discursos de la carne”, de 2005, pero con una presencia bastante más inadvertida. Para él la razón está clara, más allá de si es un buen o mal escritor: faltó manejo editorial. “La suerte de un libro depende a veces de pendejerías: del título, del momento en que salió, de un montón de cosas más allá de la calidad, porque por último la calidad es algo que se aprecia con el tiempo, y la calidad del best seller es una situación que se da de inmediato. O sea, la gente cuando compra el libro no sabe si es bueno o malo”.
-La comunidad literaria chilena se especializa en tener mala a los “betseleristas”: a los Roberto Ampuero, las Isabel Allende, los Antonio Skármeta ¿No teme ser etiquetado?
-Bueno, sí, ese es el mundo literario que es francamente de un encono, de una odiosidad, pero impresionante, generalmente la parte crítica desde ese mundo. .. aquí no hay críticos, literalmente en Chile. Hay que ver las críticas que hacen de los libros para darse cuenta que simplemente es un ejercicio mala leche y de compadrazgos, y de odio, y de sectas, y de camarillas, y de conventículos, etc. No hace mucho apareció un artículo a dos páginas en La Tercera en que los autores hablaban de ese tema. Se matan entre ellos mismos y hay una cosa muy destructiva que es propia de sociedades chicas donde hay poco espacio para las ratas, entonces se muerden por el pedazo que hay.
-¿Cómo fue qué configuró toda esta zoología de personajes, toda esta fauna local? ¿Utilizó alguna metodología especial?
-No. Construyo esto a base de cómo lo haría cualquier persona, en el sentido de  empezar a sacar de tu mente lo que sabes, lo que has visto, todo el material que tú has acumulado, independientemente de que quisieras hacerlo en el libro y que está a disposición tuyo, que había espacio de llamar, de convocar a tu conciencia, y ahí examinarlo usando los procedimientos de la lógica, del sentido común, y de humor. No he hecho una investigación especial, no salí a la calle a medir con una cinta de sastre a los flaites a ver si realmente son más chicos que yo, o para ver si son así o asá. El libro no es un libro de antropología, tiene elementos serios, pero no pretendo que sea una obra científica (…) El único caso que se podría decir que investigué, donde hice un poco de consulta fue con las tribus urbanas, que yo no sabía cuáles eran, cómo eran; por los menos los nombres y una descripción de cuáles son sus rasgos.
-Se sabe que no es de especial interés suyo conversar con jóvenes…
-Qué voy a hablar con ellos…
-Compartir o enterarse de las nuevas visiones de mundo tecnologizadas, por ejemplo…
-Es que los jóvenes no pueden tener visiones de mundo, gueón, no saben ninguna gueá, para qué estamos con cosas. Los jóvenes no saben no más, por eso son jóvenes.
-Eso podría sonar a una subestimación de la juventud…
-No, si yo no los subestimo, estoy simplemente estimando lo que son. Si yo también fui joven y se podría haber dicho de mí exactamente lo mismo. Los jóvenes vienen llegando, y los jóvenes de hoy además son bastante menos disciplinados, bastante menos buenos para leer, y bastante más despelotados; incluso, están bastante más desnudos de lo que estábamos los jóvenes de nuestra época, y además teníamos un mundo menos complicado para mirar y analizar. Los jóvenes de hoy… mira, yo los veo un poquito como bárbaros, la verdad: un poquito analfabetos, un poquito demasiado inclinados al reventamiento, al trago, al carrete, al exceso, con un escepticismo que es falso, porque no deriva de un conocimiento de cómo es el mundo, sino que es más bien una postura, un descreimiento a priori que no tiene ningún fundamento.
-Pero el espíritu nihilista y rebelde pertenece a todas las juventudes: acá en los años 50 existió la generación bohemia e irreverente de Alejandro Jodorowsky, la poeta Stella Díaz, Jorge Teillier, Enrique Lihn;  casi en la misma época florecían los beatniks en Estados Unidos y toda su cultura anti-sistémica y lisérgica, con William Burroughs, Allen Ginsberg…
-Mira, la verdad es que no tengo mucha cercanía con esos modos de vida juveniles, no los tuve con los míos cuando yo era joven. Soy una criatura un poco de laboratorio, de libro, de teoría, de pensamiento, de contemplar y nunca he tenido afición por lo que de cabro yo llamaba “la mitología gimnástica”: o sea, el mundo entendido como un lugar donde hay que moverse, y actuar, y pegar saltos, brincos y todas esas gueás y todo eso me pareció siempre bastante estúpido. Qué quieres que te diga, es un defecto mío, probablemente. (…) Las marchas contra la guerra de Vietnam, por ejemplo, (yo pensaba) ¿qué creen estos tipos, que van a parar el bombardeo de Vietnam porque salen 40 gueones de la escuela a tirar bolsas de pinturas, y en el fondo, a jugar a la guerra con los pacos, y luego volver convertidos en unos pequeños héroes para lucirse frente a las minas, ¿eso es todo?  (…) Dicen que Buda nació a los 80 años; a mí me pasa algo parecido. Yo en ese sentido no tuve infancia ni juventud, porque nunca me sumé a los estilos de vida de pensamiento -o de falta de pensamiento más bien- de esas etapas de la vida.

“YO ATAJO LA ENFERMEDAD, NO AL ENFERMO”

-El calificativo de “Negrito de Harvard”  respondería, según Ud. a una suerte de cuoteo étnico que se realizaría en Estados Unidos ¿Qué le parece este tipo de medidas?
-(Piensa y suspira)…Yo no creo en todo eso del cuoteo y en todas esas mierdas políticamente correctas y en las sensibilidades de la cacha de la espada, que tiene que haber un puesto para un maricón, y otro para un negro, y otro para una mina, dos para los latinos, y cuatro para los de más allá… yo no creo en esa cuestión, yo soy aristócrata, en cierto sentido. Los mejores no más. Los otros que se vayan a la chucha. Así soy, que querís que te diga.
-Justamente sobre este tema… en agosto de 2007 Ud. se vio enfrentado a grupos feministas iracundos en su contra a raíz de su oposición a legislar en torno al femicidio ¿me imagino que no lo pasó muy bien aquella vez?
-Eso fue un gesto y una estupidez de algún grupo de personas. Inmediatamente asumieron que yo estaba “en contra” de que las mujeres fueran defendidas, o de que yo estaba a favor de que les pegaran. Lo que yo dije -y es de una lógica irrefutable- es que la figura del homicidio es suficiente para eso. Que se llame homicidio, en vez de femicidio, da lo mismo, no hay necesidad de inventar otra categoría, homicidio incluye matar mujeres, hombres, niños, guaguas, perros, lo que tú querai, no había para qué inventar una categoría jurídica especial, eso fue todo.
-Ud. respondió a la directora de proyectos de la Fundación Friedrich Ebert (agrupación alemana de asesoría en causas civiles y políticas) lo siguiente: “tiempo hacía que no leía tantas tonterías feminoides en un solo e-mail, como el suyo (…) Lamento haber tocado sus hormonitas y que le haya dado un ataque de nervios”. A raíz de todo esto, grupos feministas le hicieron una “funa” en la entrada Chilevisión ¿Le gusta buscar la provocación?
-No, no me gusta. Ellas me estaban provocando, ellas me estaban impidiendo el paso, ellas me estaban armando el cuenteo. Y es típico, después se hacen las víctimas, pasé por el cartel, ayy, casi nos atropellaron… pero mira, no vale ni la pena tocar el tema, sabís que más, porque es otra vez revolverle las hormonitas a ciertas señoras que han hecho su identidad, su vida profesional, y quizás hasta su ingreso algunas de ellas, removiendo estas cuestiones. Está lleno de gente de ese tipo en Chile. Estas ONGs que están viviendo de algunas señoras viudas de Australia, tienen que hacer alguna cosa para justificar que les envíen plata el próximo año, po. (Se pone a gesticular)… Hemos hecho esto, y le subimos un video a ese cavernícola Villegas, femicida, misógino (risas).
-De todos los personajes que describe y analiza, y a los que les pide que “se vayan a la cresta”, los pobladores, serían los únicos frente a los cuales “se quita el sombrero”, debido a su supuesto “espíritu emprendedor”, superior al de los “mantequillosos”, los dueños de la grandes empresas ¿Exactamente a qué se refiere?
-Son algunos pobladores, otros son una mierda (los flaites, los traficantes). Si tú vas a una población vas a ver de repente a muchas familias donde el padre que es un curado y un inepto y un flojo y un pobre gueón que se mandó a cambiar, y la mujer se las tuvo que arreglar por su cuenta, inventando un puesto para vender sopaipillas o yendo a lavar ropas o haciendo veinte mil cosas para alimentar a los cabros, a eso me refería.  O gente que pone sus pequeños negocitos. Son emprendedores en un medio muy contrario, donde reina más bien el parasitismo, la actitud limosneante para el Estado.
-¿Y no existen emprendedores de ese espíritu en el área, por ejemplo, de la biotecnología, el valor agregado a exportaciones?
-Sí puede haber, pero no les va muy bien en general.  Esos emprendedores así tienen que irse fuera del país para poder hacer esas cosas. A las empresas no les interesan mucho los inventores de ninguna cuestión, dicen ¿pa qué gueón? Compro el producto ya hecho en China, no me arriesgo en nada. Y es verdad. Los empresarios en general  tienen un espíritu rentista, no de emprendedor. O emprenden por un rato, y una vez que les va bien ya no hallan a quien venderle el negocio, y van a tirarse arriba de una reposera. Este es un país de comerciantes, siempre lo ha sido. Los pocazos se van para afuera, como se fue Flores, cómo se fue Matta, como se van los escritores.
-¿Qué rescata de su época en que –de acuerdo con su biografía- debió realizar una serie de trabajos menores para sobrevivir? Entre ellos, recepcionista de hotel, profesor de lectura veloz, vendedor y fotógrafo para las Últimas Noticias…
-Cuando uno tiene mentalidad de escritor, que es el caso mío –no importa si soy bueno o malo, pero tengo mentalidad de escritor- todas las experiencias las vas atesorando, las vas guardando y las vas mirando de cierta manera que en algún momento te puedan ser útiles para tu trabajo. Pero por otro lado, lo más importante es que yo no le hago asco a ningún trabajo. Eso me lo demostré y se lo demostré a quien quisiera. Yo no tengo ningún problema en trabajar en cualquier cosa con tal de producir ingresos para mantener a mi familia. Ese es el punto. Ahora mismo, si yo perdiera las pegas que tengo –que las voy a perder, eventualmente por un tema de edad- igual voy a hacer lo que tenga que hacer no más, sin ningún problema. No me gustará quizás, pero lo voy a hacer. No me voy a pegar un balazo, no me voy a convertir en un mártir ni me voy a refugiar en una embajada para que me vengan a financiar las organizaciones internacionales del amor humano. No. Voy a salir a trabajar no más. Cuando recién hubo el pronunciamiento militar, o también llamado golpe militar, aparecieron unos colegas míos sociólogos lloriqueando en mi casa. (Gesticula efusivamente)… ya no voy a poder hacer esto, qué horror…les dije ¿Y tu crees que obtuviste un derecho divino para ejercer de tal o cual cosa porque habías estudiado en una universidad gratis además? ¿Y que el país te debe algo? Trabaja en otra guea po, gueón. Qué tanto lloriqueo.
– Ud. dijo que no le agrada este país, entre otras cosas, porque su mal esencial es “hablar mucho y hacer poco” y cuyo “motor psicológico” es el resentimiento ¿No teme caer en la misma generalización?
-Yo puedo inventar o usar categorías pero no estoy atacando personas, creo que hay diferencias muy grandes… yo atajo la enfermedad, no al enfermo. Si a mí me parece que la homosexualidad es nefasta, como alguna vez lo he dicho y me trajo muchos problemas, no es para atacar a los homosexuales. Si alguna vez digo que el cáncer es una mierda, no es para atacar a los cancerosos. Si las categorías son buena o malas habrán otros que lo digan, pero no es mi idea ser mesiánico, ni promover ninguna cosa, ni ataco a ninguna persona, sino que veo lo que creo que existe, le meto el escalpelo. Creo que en general mis análisis son correctos, los adjetivos son para darle humor y con un propósito meramente de entretención.

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