Festividades religiosas, un culto a la fe que perdura

Fiesta de San Pedro en caleta El Morro de Talcahuano.

La devoción a la Virgen y a los santos dio origen a manifestaciones religiosas que desde la Colonia se han hecho presentes en la Región del Biobío. El símbolo de ellas en la zona sin duda alguna es San Sebastián, que los 20 de enero y de marzo congrega a miles de fieles para agradecer los milagros del “santito”.

En la zona central de Chile, las festividades religiosas están fuertemente marcadas por el catolicismo. A diferencia de las regiones del norte del país, donde estas expresiones son una mixtura de las manifestaciones religiosas nativas del período prehispánico y del cristianismo, en el centro impera la influencia española, junto a sus ritos y creencias. En la Región del Biobío se refleja esta última realidad. Acá las festividades más relevantes, dada su antigüedad y masividad, están relacionadas con la devoción a la Virgen y a los santos. Pero también este influjo se manifiesta en las celebraciones de los onomásticos del santoral católico -las Marías, Cármenes, San Juan o San Francisco- que sobre todo en sectores rurales se mantienen como una férrea tradición familiar.

Una misa, una romería y el homenaje a sus compañeros fallecidos en el mar. Así fue la celebración con la que los pescadores de El Morro en Talcahuano homenajearon a San Pedro, su santo patrono.

Así sucede en los valles de las provincias de Biobío y Ñuble cada 4 de octubre. Las actividades en el campo cesan antes de mediodía, para desde el almuerzo homenajear a San Francisco de Asís, el patrono de los animales y de la naturaleza, con el fin de pedirle por una buena cosecha. Los propietarios de los predios se dedican a hermosear una cruz con cintas y con flores de papel, que luego instalan en medio del trigo. La celebración, a la que se unen vecinos y amigos, continúa con rezos y varios pies de cueca donde se solicita al santo que proteja la siembra hasta que dé su “fruto” a fines de enero del año siguiente.

Ésta es la Cruz de Mayo

La cruz cristiana como símbolo de devoción, presente en el país desde la llegada de los españoles, es la base de una de las fiestas más tradicionales de Chile, que también tiene manifestaciones locales en la Región. Durante la etapa de la Conquista, las congregaciones religiosas instalaban la cruz en lugares visibles de las comunidades que pretendían evangelizar. Era su forma de comunicar su creencia. El 1 de mayo comenzaba el culto a este símbolo, con el rito de la vestimenta de la cruz, con flores y adornos, y todas las tardes del mes los fieles se reunían en torno a ella con cánticos y rezos. La celebración concluía con una procesión por los distintos rincones del pueblo, en la que se solicitaba limosna a los vecinos.

Con el paso del tiempo, la tutela de esta expresión dejó de estar radicada en la Iglesia Católica y pasó a ser una práctica desarrollada por la comunidad cada noche del 2 de mayo. Los marchantes se iluminaban con faroles y velas, entonando la clásica canción de la Cruz de Mayo: “Ésta es la Cruz de Mayo, visitando a sus devotos, con un cabito de vela y un cantarito de mosto…”.

Grupos de vecinos o agrupaciones folklóricas han retomado la tradición de la procesión de la Cruz de Mayo.

El docente experto en folklore de las universidades de Concepción y del Bío-Bio, Roberto Contreras, recuerda que, antiguamente, la procesión de la Cruz de Mayo se iniciaba en la casa de un vecino y culminaba en el cerro más cercano. Durante el recorrido se pedía una donación (alimentos en su mayoría) casa por casa mientras se interpretaban los tres cantos típicos; el de saludo, para anunciar la llegada del grupo; el de agradecimiento, cuando se recibía la ofrenda, y el del “reto”, cuando no se tenía éxito. Éste decía: “Ésta es la casa de los pinos, donde viven los mezquinos…”. Al día siguiente, la celebración culminaba con una reunión donde se realizaba una convivencia con lo reunido en la procesión. Otros, también, entregaban los alimentos a los más necesitados.

El sacrificio es una de las formas en que los fieles agradecen los favores concedidos por San Sebastián.

El Santo cumplidor

El 11 de enero y de marzo comienza la novena a San Sebastián en Yumbel, el santo milagroso y con fama de “cobrador” que los 20 de cada uno de esos meses recibe la visita de miles de fieles dispuestos a pagar sus mandas con velas, dinero o sacrificio.

Si bien el calendario católico fecha en el 20 de enero a San Sebastián, la necesidad manifestada por los agricultores de buscar una nueva oportunidad para rendirle honores hizo que se estableciera un “20 chico”, en marzo, donde cerca de 250 mil peregrinos -en enero la asistencia se cifra en 400 milllegan a la localidad de la provincia de Biobío para cumplir con el “santito”. “La gente de los sectores rurales es la que más se encomienda a San Sebastián, pero para ellos era complicado cumplir el 20 de enero, porque en esa época se iniciaban los preparativos de las cosechas, por eso se impulsó la creación de una nueva fecha, el tercer mes del año”, explica Roberto Contreras. El docente añade que, antiguamente, las mandas eran pagadas con sacos de trigo y animales, pero que, al parecer, desde la misma Iglesia se promovieron las ofrendas en velas o dinero. “Seguramente por el latoso trámite que implicaba para el cura tener que vender las especies”, agrega. San Sebastián es considerada como la festividad religiosa más importante del Biobío. Los 20 en Yumbel son celebrados con actividades litúrgicas que se inician en la víspera de la fiesta y finalizan con una procesión liderada por la más alta autoridad de la Iglesia Católica en la Región.

El patrono de los pescadores

Otras de las expresiones populares arraigadas en la Región del Biobío es la Fiesta de San Pedro, el patrono de los pescadores. En puertos y caletas de la zona, cada 29 de junio ellos se reúnen para pedir abundancia en la pesca y protección en el mar.

Cada localidad desarrolla este homenaje de diferentes maneras, aunque todos coinciden en la procesión encabezada por la figura del santo que culmina junto al mar. Ahí San Pedro es subido a los botes, adornados para la ocasión, donde tras un paseo por la bahía, se lanzan coronas de flores como agradecimiento por la pesca abundante pero también para recordar a sus compañeros desaparecidos en el mar.

“La gente de los sectores rurales es la que más se encomienda a San Sebastián, pero para ellos era complicado cumplir el 20 de enero, porque en esa época se iniciaban los preparativos de las cosechas, por eso se impulsó la creación de una nueva fecha, el tercer mes del año”, explica Roberto Contreras.

Fiesta de la Candelaria

En Yungay, Cobquecura, pero especialmente en San Pedro de la Paz, cada 2 de febrero los católicos rinden honor a la Virgen de la Candelaria, a la que en 1996 el arzobispado de Concepción declaró como patrona principal de esa ciudad. En la parroquia santuario del mismo nombre, ubicada en dicha comuna, permanece la imagen de la Virgen que fue traída por los españoles casi a fines del siglo XVI. Tras su paso por los fuertes de Angol, Nacimiento y Santa Juana, fue trasladada a la fortificación construida en la ribera sur del Biobío, donde hoy se emplaza San Pedro de la Paz.

Cuando el Biobío era navegable, la figura de la Virgen era paseada en botes por el río. Hoy la festividad considera una procesión por diferentes sectores de la comuna. A la Virgen también rinden culto en Penco, el 16 de noviembre, en la procesión de la Virgen del Carmen; lo propio hacen en Ninhue, Chillán Viejo y Pinto, en la Fiesta del Rosario, en octubre.

(Este artículo es parte de nuestro especial: Ciudad, puerto y patrimonio del Gran Concepción, editado en 2017).

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