Fin a nuestra región

SONY DSC
Por Mario Ríos Santander.

Desde que los regionalistas hicieron su estreno en sociedad, su mayor anhelo ha sido descentralizar el Estado. Y la verdad es que se descentralizó. La suma de normas constitucionales y legales fue tan numerosa que faltó capacidad o interés por ejecutarla. En algunos casos fue peor, faltó conocimiento. Hoy caminamos al revés, y los regionalistas guardan un silencio dramático, transformándose en cómplices de la “nueva centralización”.

En el Ministerio de Educación, un grupo de “expertos” analiza las formas de pulverizar la educación municipal. No saben exactamente cómo hacerlo, pero quieren volver a centralizarla.  Consideran que el municipio, con su concejo incluido, el más descentralizado de todos los organismos del Estado, es incapaz. Ya declararon tal incapacidad de los sostenedores privados que en sociedad con el Estado habían creado una alternativa de educación, también descentralizada. En suma, el ámbito educacional, que en los países modernos está muy descentralizado, aquí vuelve atrás.

Pero eso no es todo. La Región del Biobío se apresta a desaparecer. Un organismo regional, la Universidad de Concepción, contratada para hacer un diagnóstico que permitiera visualizar adecuadamente la creación de una nueva Región, Ñuble en este caso, destacó lo negativo de tal medida. Sin embargo, desde Santiago se anunció lo contrario. Lo peor es que el Consejo Regional, por unanimidad, dio su aprobación, y los regionalistas han guardado silencio. ¿Es que a nadie le interesa opinar sobre la fortaleza de nuestra actual Región? ¿Sabrá alguien que el intendente puede traspasar a las gobernaciones potestades ejercidas por él para un mejor Gobierno Regional? ¿Por qué no lo han hecho con Ñuble? Pienso que no tienen idea.

Con el exdiputado Víctor Barrueto, en una de las tantas leyes de presupuesto, solicitamos al intendente de turno y sus respectivos consejeros que “dieran instrucciones para sostener los recursos que se requerían para los planes de desarrollo de la Región”. No nos hicieron caso. Concluimos que tampoco había tales planes. Pero aún así, cada Ley de Presupuesto disponía en decenas de artículos recursos para la administración directa del municipio y del Gobierno Regional. Nunca hubo requerimiento por tales recursos.

Al dictarse la ley que privatizó los servicios sanitarios, considerando que el usuario no tenía una representación directa en la fijación de tarifas, le dimos esa representación a las municipalidades para que conocieran y opinaran sobre ese tema. Ningún municipio lo hizo. Transcurridos cinco años, se debía fijar nuevamente la tarifa y sólo una municipalidad, Tucapel, opinó y actuó. El resto, nada. Habíamos escogido autoridades ajenas a este afán de desarrollo armónico.

Hoy nuestra Región comienza a desaparecer y el Consejo Regional está feliz. Las entidades regionalistas también. Lo demuestran guardando silencio. Lo mismo con la educación. Nadie sabe del presupuesto de la Región, algo sabemos del presupuesto del Gobierno Regional, que es una cifra muy menor. No hay Plan de Desarrollo Regional y, si lo hay, es otro misterio. Nada sabemos de la aplicación de las políticas nacionales en la Región, porque tampoco las conocemos.

Menos mal que el Estado es sólo el 25 % del PGB.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES