GABRIELA MISTRAL Y CONCEPCIÓN

Andrés Medina Aravena. Lic. Historia UCSC

El 10 de diciembre de 1945, en Estocolmo, Lucía de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, poetisa chilena conocida mundialmente como Gabriela Mistral, recibió de manos del rey Gustavo de Suecia el Premio Nobel de Literatura.

Fue la primera mujer iberoamericana en alcanzar este galardón que representa un reconocimiento de dimensión universal a los más eximios cultores de las ciencias y de las artes.

Gabriela fue y es reconocida por la calidad de su obra literaria, que en nuestra cultura representa una voz profunda, que sale de la tierra y expresa con dulzura y gravedad los sentimientos de dolor y ternura encontrados en la evolución que, a lo largo de la historia, han sufrido los pueblos hispanoamericanos.

Su vida y obra han sido objeto de múltiples biografías y estudios que han permitido avizorar un recorrido que, partiendo desde el norte chico, la llevaron por diferentes latitudes de la loca geografía de nuestro país. Estos desplazamientos se relacionaban directamente con la gestión que desarrolló en el ámbito educativo, donde como profesora y en puestos de dirección docente, se avecindó en distintas ciudades del norte (Antofagasta, La Serena), la zona central (Los Andes y Santiago) y el sur (Temuco y Punta Arenas).

A partir de su contratación como asesora en una reforma educacional por el gobierno de México, en 1922, y su ingreso en la carrera diplomática, su relación con la patria fue más lejana, y su vida se desarrolló mayormente en el extranjero, con algunos esporádicos viajes a la capital. 

No es fácil encontrar a lo largo de su trayectoria profesional una conexión de Gabriela con Concepción. Existen, sin embargo, algunos testimonios que dan cuenta de dicha cercanía. Uno se expresa en una poesía rescatada por Sergio Ramón Fuentealba: 

CONCEPCIÓN

“La ciudad ancha y señora

no trasciende a filisteo;

manso es su pecho de parques

y su fluvial solideo.

Visitada del Espíritu,

toma igual dichas y duelos

y los pinares aroman

su elán y su entendimiento.

 

Si llega a la medianoche,

lecho y mesa puesta tengo;

pero yendo así en fantasma,

asusto a los que bien quiero

y me dejan al umbral

mis bultitos cenicientos…”.

Otro testimonio revela que Gabriela no solo expresó su percepción poética de la ciudad, sino que tuvo alguna estadía y la recorrió, como nos lo cuenta Enrique Molina Garmendia:

”Mi primer encuentro personal con ella tuvo lugar una mañana de verano, a los pies del cerro Caracol. Un grupo de admiradores le ofrecimos un almuerzo en el Club Concepción, después estuvo Gabriela en el Liceo y en mi casa, desde esos días fuimos muy amigos.

Dos o tres años más tarde, una mañana de vacaciones de verano, tuve la más extraordinaria de las sorpresas, y de las más gratas a la vez. Sin haberse anunciado previamente descendió Gabriela de un coche de posta a la puerta de mi casa. Venía de Penco, donde estaba veraneando, y traía en la mano una gran bolsa de tela blanca llena de yeso. La acompañaba una jovencita…Laura Rodig, su secretaria en el Liceo de Niñas de Punta Arenas, cuya dirección desempeñaba Gabriela. Después de saludarnos y presentándome a su compañera, me dijo Gabriela: ‘Aquí le traigo a esta niña para que le haga un busto’. 

Cuando fui a Europa, en 1927, tuve la suerte de encontrarla en París. Trabajaba en el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual. Me dio cartas de presentación para personalidades de Italia y Bélgica, que me ayudaron mucho en el desempeño de mi misión de estudio”.

El comentario hace referencia a los años cuando la idea de levantar una universidad particular en el sur del país se concretaba. De su contenido se desprende que, con sus conexiones internacionales, Gabriela Mistral prestó ayuda al fundador de la institución en la consolidación del proyecto.

La Universidad de Concepción fue la tercera universidad fundada en el Chile republicano, y la primera que se levantó en provincias. Podemos, de acuerdo con lo que sostiene su fundador, afirmar que la premio Nobel, también nacida en provincia, aportó de manera directa en materializar la magna obra que impulsaron personas e instituciones penquistas.

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