¿Gerencia de unidades clínicas? 

Cada cierto tiempo el país observa, conmocionado, los problemas que sufre la población en nuestros hospitales. Problemas complejos de erradicar si se abordan como hechos aislados y se atacan, como ha sido la tónica, con auditorías que sólo confirman lo que todos sabemos. 
Los hechos ocurridos demuestran que la gestión hospitalaria es ineficiente, aún cuando la solución al problema está presente desde 2004. Efectivamente, en el marco de la Ley de Autoridad Sanitaria y Gestión y su Reglamento Orgánico aparece la figura de Establecimientos Autogestionados en Red (EAR), donde el cumplimiento de los requisitos para acceder a esa categoría se traduce en un elemento revelador de una adecuada plataforma de gestión para la satisfacción de las expectativas de los usuarios del sistema. 
Uno de los elementos esenciales que la normativa contiene para alcanzar dicha categoría es la descentralización de la gestión en los centros de responsabilidad del área clínica, unidades funcionales a cargo de un gestor, en los cuales recae la responsabilidad de implementar los cambios en la provisión de servicios, tanto en la forma de entregarlos con la calidad técnica requerida, como teniendo en consideración las necesidades de los usuarios, cada vez más concientes y exigentes de sus derechos. Al respecto, aparece hoy como exigencia importante la calidad de atención, con todo lo que ella involucra en cuanto a seguridad del paciente. 
El concepto presentado involucra un vuelco trascendental en la administración hospitalaria, pues cambia el concepto existente de que la “administración la asume la alta jerarquía del hospital” y sitúa el eje de importancia en la gestión de las unidades clínicas. La administración hospitalaria, entendida de forma clásica, nunca entró al espacio donde realmente están los pacientes (salas, pabellones quirúrgicos, boxes). Se detenía justo en la puerta donde late el corazón del hospital, donde se impacta a la salud de la población, donde se gasta la mayor cantidad de recursos y donde se realizan las acciones que posteriormente generarán los ingresos. Curiosamente, ahí no entraba la administración. 
La mejor prueba de lo expresado es que de los 56 establecimientos desafiados para ser autogestionados en la primera etapa, sólo el 20% alcanzó dicha categoría. El elemento sustantivo a ser evaluado, para otorgar la categoría, es que los centros de responsabilidad del área clínica evidencien haber incorporado elementos de gestión, en lo más básico: definiendo y  administrando su presupuesto. 
Desde esta perspectiva, lo que falta es asumir con claridad que una unidad clínica es una empresa que debe ser administrada y que, por su especificidad técnica, la gerencia la deben asumir profesionales de la salud preparados para tan importante compromiso. La preparación de esos profesionales requiere trabajar con la cultura imperante, respetando el expertise técnico y dotando a esos equipos de un conjunto de herramientas prácticas que les permitan aterrizar los grandes objetivos estratégicos del sector en planes de trabajo que dan cuenta del día a día con una lógica consecuente en su accionar. La experiencia me indica que la capacidad interna existe, lo que falta es una orientación clara que dé sentido a los desafíos propuestos. 
El país no puede aceptar una nueva postergación de la puesta en marcha en plenitud de los Establecimientos Autogestionados en Red. En aquellos hospitales donde no se logre la autogestión en los plazos, que ya se ampliaron una vez, las autoridades encargadas deben remover a quienes no pudieron demostrar su capacidad para lograrlo.
Ramón Berríos
Director Escuela de Ingeniería Comercial
Universidad San Sebastián  

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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