Hacer bien lo que hay que hacer

Por Mario Ríos Santander.
Por Mario Ríos Santander.

Hay un reciente interés por saber algo más sobre el futuro. En Concepción, los seminarios se multiplican y las entrevistas se mueven entre interrogantes sobre que haría usted o cómo ve a la Región.

En Chillán, el senador Harboe anuncia que el proyecto para la nueva Región “ya viene”, “que la Presidenta lo está redactando”. Poco le importa que los estudios contratados por el Gobierno fueran negativos a la idea de cercenar nuestra actual Región. Eso, mientras Ricardo Lagos lamenta que en su gobierno se hayan creado dos regiones empequeñeciendo la administración. En Los Ángeles, los temas de administración pública no están en el debate. En Arauco, todo sigue igual. 

Pero ya lo decimos, la carrera por las buenas ideas comenzó. Y aunque ninguna de las anunciadas ha tenido ni siquiera un asomo de interés público, al menos, permite remover la modorra del Consejo Regional que hasta ahora no ha propuesto nada. ¿Qué ocurre?

Pareciera que es verdad esto de que lo primero es hacer bien lo que hay que hacer. Y eso es ya mucho. Se trata de preocuparse de la administración. Tenemos un intendente, unos 30 seremis, otros tantos consejeros regionales, 54 alcaldes, 332 concejales, cuatro senadores, 14 diputados, unos 20 directores regionales de servicio; agreguemos autos, oficinas, cafecitos, viajes al exterior, en fin, el plantel directivo es voluminoso y caro. 

 Los vuelos de la mañana llevan decenas de funcionarios públicos que van a  Santiago por “trámites importantes”. El bus ya se dejó de lado.  El presupuesto de la nación, de unos 40 billones de pesos, destina el 15 por ciento (6 billones) a la administración. En ello está todo el equipo señalado y otros no mencionados. Si nuestra Región es el 12 por ciento de la población, podemos suponer que, pesos más pesos menos, el gasto de administración es de 600 mil millones de pesos. Si fuera así, pareciera que lo primero es administrar bien. Sería lo mas innovador coordinar, obligar, eliminar dobles funciones que en la actualidad se repiten centenares de veces. No alcanzo a imaginar la cifra que resultaría como excedente y, lo más importante, cada uno dando cuenta de su gestión. También culminar lo iniciado. Hay un puente que termina en una población en la ribera del Bío Bío, un paso sobre nivel en Los Ángeles, detenido hace un año, hay otros ejemplos. 

 El problema es que de este tema no se hacen seminarios. Debe ser porque al meterse en la administración pública se termina siempre peleando con algún parlamentario u otra autoridad, o porque nada es más fome que la administración pública. Es densa y aunque mentirosa, aparece verdadera, ya que, entre otras cosas, lo malo es del gobierno pasado. Sería bueno instalar en cada plaza un lavatorio para lavarse las manos e instaurar la distinción anual Poncio Pilato. ¿Les parece?

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