Héctor Valdés: “Los cirujanos plásticos no estamos para satisfacer caprichos”


“Dime qué es lo que no te gusta de ti mismo”, la célebre frase que identifica a los glamorosos y siempre dispuestos a todo, Sean McNamara y Christian Troy, los cirujanos plásticos que protagonizan la serie Nip/ Tuck de la cadena FOX, no puede estar más lejos de la forma de ejercer la medicina estética que tiene este doctor chileno.  No le gusta, la considera peligrosa e irresponsable. Y por eso decidió lanzar un libro donde a través de crudas fotografías revela el lado desconocido y más doloroso de la cirugía: el del 10% de los pacientes que sufre complicaciones.
En los 70, el máximo sueño de las chilenas arriba de cuarenta y tantos era estar en manos de Ivo Pitanguy  para hacerse algún arreglito. Sin embargo, eran muy pocas las afortunadas que podían regresar desde Brasil con una nariz respingada y con uno que otro surco menos, gracias a la habilidad de quien aún es considerado el Gran Maestro de los cirujanos plásticos. Pasados los años, uno de los primeros discípulos de este diestro carioca, el médico José Zarhi, se instalaba en Chile para que otras connacionales se decidieran a entrar al pabellón. Era Zarhi o nada. Eso, hasta que otros médicos chilenos fueron seducidos por esta especialidad y luego de estudiar en el extranjero regresaron al país con las últimas novedades de la estética. Entre ellos rápidamente destacó el cirujano Héctor Valdés, el mismo que había construido una exclusiva clínica en el camino a Farellones y que se convirtió en el regalón de la dueñas de casa que cada semana esperaban sus intervenciones como panelista del matinal de TVN “Buenos Días a Todos”.
Paralelamente, Héctor Valdés se transformaba en el cirujano preferido de lo más granado de la farándula criolla que ya no se conformaba con la clásica rinoplastía o  el lifting, y se obnubilaba con las posibilidades de relleno, modelamiento y transformaciones que ofrecía el botox y la silicona.
Hoy Héctor Valdés ya ha realizado 15 mil cirugías estéticas. 600 de éstas a pacientes españoles, país que escogió como lugar de residencia junto a su familia desde hace 8 años y donde prontamente inaugurará su clínica, que estará ubicada en el sector de El Escorial, en Madrid. Pero ya no está en la televisión. Incluso la rehuye, sin duda influenciado por la conducta de los hispanos que mantienen bajo siete llaves los secretos de sus cirugías. Una conducta absolutamente contraria a lo que sucede en Chile donde modelos, artistas, animadores y hasta los políticos no tienen problemas en revelar sus operaciones y algunos, hasta protagonizar programas realities donde muestran el antes, el durante y el después de sus operaciones.
Por eso los periodistas que insistentemente lo llamaron durante el transcurso de esta entrevista -hecha antes del evento organizado por Revista Nos para presentar su libro en Concepción- para obtener algún detalle de las operaciones de Raquelita Calderón tuvieron que conformarse con un rotundo “no” de su encargada de prensa, quien sólo les repetía: “el Dr. Valdés no entrega información sobre las operaciones de sus pacientes”.
“No tengo problema que los pacientes luego entreguen detalles de sus cirugías, pero  jamás seré yo quien los revele a la prensa”, enfatiza.
De lo que sí está dispuesto a hablar es de su libro “El otro lado de la cirugía plástica” -el quinto de su autoría- que a través de una acuciosa documentación fotográfica busca demostrar que la cirugía estética no es todo lo mágica que a veces se pretende difundir.
Son cerca de 100 fotografías que muestran resultados ineficientes y las gravísimas complicaciones quirúrgicas y cosmetológicas de pacientes que se han sometido a  este tipo de intervenciones. Aunque no ahonda en culpabilidades ni detalla razones, esta publicación es una especie de llamado de atención a gritos para quienes están dispuestos a todo en la búsqueda de una apariencia perfecta.
-En su libro Ud. explica que una de cada 20 personas que se somete a una cirugía plástica puede presentar una complicación…
La verdad es que ahí faltó una aclaración. Con esa cifra me refiero a una complicación importante y grave, porque la verdad es que las complicaciones son una de cada 10. Una cifra nada menor si consideras que hoy en Chile se están operando 20 a 30 mil pacientes por cirugías estéticas al año. Te das cuenta que hay 3 mil complicaciones. Entonces ahí hay un mundo silencioso, porque los pacientes que las padecen sufren en silencio sus problemas. Se sienten culpables porque quizás recurrieron a una cirugía más económica, se sienten responsables de su mal resultado y a veces no buscan una solución, hasta que algunas se deciden a consultar y te encuentras con un universo enorme. La verdad es que el libro, que son 300 páginas de documentación fotográfica, no busca causas sino que simplemente muestra una realidad. Es un libro que no quiso ahondar en por qué se produce la complicación o quién es el culpable de esto. Eso quedará para cada paciente que ve el libro, para cada persona, para cada cirujano, yo solamente  quise mostrar una realidad que existe.
-Hoy cuando en todas partes se habla de Responsabilidad Social, llama la atención que las sociedades que agrupan a quienes desarrollan la medicina estética no difundan los problemas que puede ocasionar una cirugía plástica.
Yo creo que es por un interés corporativo, porque muchos deben pensar “no vaya a ser cosa que baje la demanda”. De hecho en mi propia clínica, cuando mi equipo se enteró que yo estaba preparando el libro me aconsejaban que no lo publicara. Me decían “Doctor no publique este libro, porque cuando la gente lo vea nadie se va a querer operar”.
-¿Y no pensó que aquellas suspicacias pudiesen tener asidero?
No, de hecho yo bromeaba y les decía que no se preocuparan porque son tantas las ganas que la gente se va operar igual. Pero bueno, en serio le digo, que estoy en paz conmigo luego de hacer este libro. Siempre he sido muy cauto en las indicaciones, me preocupo de  no sobreindicar, de no sobreoperar, porque para mí dar un consejo es muy importante. Los cirujanos no estamos para satisfacer caprichos de pacientes. Al contrario, debemos ser consejeros. La cosa está mal si una persona va al médico a exigirle porque piensa que como está pagando tiene derecho a comprar el servicio que quiera. Y más mal está si el médico accede a ello, porque de esa manera no está haciendo un trabajo profesional, sino que se está vendiendo.
-¿Cómo reacciona Ud. cuando llegan hasta su consulta personas con peticiones desmedidas o que son peligrosas para su salud? ¿Cómo saber cuáles son los límites?
Los pacientes hoy piden cualquier cosa, porque la cirugía la ven como una herramienta para cambiarse. Piden: “ponme mentón, ponme pómulos, afíname las mejillas, alméndrame los ojos, más cola, más cintura, nariz ancha, perfil griego”, en fin. Y los pacientes ya no están dispuestos a aceptar el consejo médico como ocurría hace unos 6 ó 7 años. Hoy ellos toman la iniciativa y se instalan frente a uno para pedir algo determinado, ya no van a pedir nuestro consejo. Fue un cambio que hemos notado y eso ha ocurrido por todo el tema mediático, de la difusión de sólo un canon  de belleza, el de la televisión. Por eso siempre digo que un ejercicio para los médicos es decir: A ver ¿a mi hija le haría esto? Le pondría este tamaño de prótesis, le pondría estos labios o estos pómulos. Por lo menos esto es una recomendación que creo que es un ejercicio fácil para saber cuáles son los límites.
-¿Qué opina de estas operaciones múltiples, que son verdaderos “combos” que algunas modelos promocionan en la prensa?
Ni siquiera voy a analizar esto, porque con mi libro han quedado documentado los riesgos que puede haber. Ni siquiera voy a tocar el aspecto físico del peligro, voy a hablar del aspecto psicológico y emocional. Creo que llegar a esto es una destrucción de la autoimagen de cada persona. Y es lamentable sobre todo para la gente más joven que ha crecido en un medio donde es bombardeada con imágenes de revista y de TV que le dicen que un bonito rostro y una linda figura son un  pasaporte al éxito, probablemente lo va a creer así. Ya  no se trata de vender cosméticos, ropa y perfumes, sino que además es cambiar el cuerpo, ponerte una boca carnosa, unos pómulos prominentes y respingar la nariz y ponerte un busto grande que vas a ser exitosa. Y eso finalmente va terminar en un deterioro psicológico, porque si bien el verse mejor la va ayudar, hay una tremenda distancia en pensar que con eso se va a romper barreras y se triunfará en todo.
-Si bien ese tipo de belleza que impone la televisión o la farándula no es de su gusto, sí es un hecho objetivo y reconocido por sus pares que esa moda es la que ha ayudado a que aumente la demanda por cirugía plástica porque, sobre todo las mujeres, quieren ser como las modelos, animadoras o actrices que aparecen  en la televisión.
Eso ha sido explosivo en Chile por supuesto, pero creo que hay dos opciones de asumir la medicina: satisfacer la demanda sin límite o  difundirla con responsabilidad. Es necesario señalar que hay un límite de responsabilidad y que hasta ahora desafortunadamente ese límite no ha sido tratado. Y eso es importante porque se ha sobrepasado la buena imagen de los procedimientos de cirugía estética. La gente tiene que saber que existe un porcentaje de complicaciones y que, por ejemplo, una persona no puede lipoaspirarse sin límites.
-¿Sin embargo, no todos los médicos piensan como Ud.?
Le cuento que hace un par de días tuve un caso de una paciente joven, de buen aspecto y que creía que con la lipoaspiración iba a perder los 15 kilos que tenía de sobrepeso. Le expliqué que yo no estaba dispuesto a lispoaspirar 8 litros de tejido adiposo, porque lo consideraba peligroso. Porque si bien eso fue una moda en todo el mundo, hasta el punto que hace unos 5 años en congresos médicos, algunos hacían ostentación de su capacidad de lipoaspirar  8 y hasta nueve u once litros, esas mega lipoesculturas comenzaron a provocar la muerte  en algunos pacientes porque se iba muy al límite. Hoy se considera prudente lipoaspirar no más de 4 litros de tejido adiposo. Es cierto que los cirujanos nos vemos presionados por los pacientes a conseguir resultados inmediatos, pero la verdad es que tenemos también que tener la serenidad para marcar el límite entre un procedimiento seguro y un procedimiento con riesgo.

LA DISCONFORMIDAD POR EL LIBRO

-¿Cómo recibieron sus pares este libro?
Algunos lo consideraron muy válido, porque tal como yo lo siento, lo vieron como una deuda que teníamos, de poner esta información sobre la mesa. Pero también hubo otro grupo no menos numeroso que no le gustó. Recibí sus comentarios  a través de la prensa.
-De hecho el conocido doctor Pedro Vidal calificó su libro como sensacionalista, porque confundía a la gente al presentar procedimientos que no fueron hechos por cirujanos plásticos.
Yo hago mi trabajo y no voy a juzgar el sensacionalismo. Él hace un programa de televisión donde sólo habla de los buenos resultados de la cirugía plástica. Pero considerando que del total de las cirugías estéticas que se realizan, un 10% presenta complicaciones, lo ecuánime sería que de 100 programas que hace, en 10 de ellos debería hablar de las complicaciones, porque eso sería una muestra de lo que es la realidad. Pero la verdad es que no quiero ser yo quien juzgue el sensacionalismo de mostrar imágenes un poco sesgadas, por así decirlo.
-El libro muestra pacientes que no consiguieron el efecto que buscaban y, lo que es peor, muestra algunas complicaciones muy severas. ¿Siempre se trata de casos que son responsabilidades de los médicos? ¿Qué pasa con los pacientes?
Creo que a veces hay responsabilidades compartidas, porque también hay responsabilidades del paciente. Por ejemplo, es una tremenda irresponsabilidad entrar a un quirófano en un sitio donde no le han pedido exámenes, porque estos análisis son preventivos, para detectar algún problema que pueda ocasionar complicaciones durante o después de la operación. Eso en Chile afortunadamente no ocurre, pero sí se ve en países limítrofes. He tenido pacientes que no han quedado conformes con la cirugía inicial y me lo dicen casi en forma alegre “la verdad es que no me hicieron exámenes, no sé qué tengo adentro tampoco y no sé que me han puesto”, entonces en esas situaciones creo que efectivamente las responsabilidades son múltiples.
-¿Qué ocurre cuando alguien en la búsqueda de una mejor apariencia pone en peligro su salud. Por ejemplo, el caso de las modelos que se ponen estos implantes de silicona exagerados?
Lo veo peligroso porque creo que nunca estarán conformes. En un busto normal, con los años el tejido cede, te imaginas qué pasa mientras más peso tengas… más va  a caer. Si la persona se puso el implante por razones estéticas, su idea estética no variará con el tiempo y cuando el busto caiga al pasar los años, volverá a querer una nueva operación y esa nueva operación es desatar otra vez todo el abanico de posibilidades de complicaciones. Eso es lo que yo advierto. Y por eso he tenido gente que sale llorando de mi oficina porque le he dicho que no puedo hacer lo que me piden, gente que no lo entiende, pacientes que se enojan y otras que salen felices por el consejo, porque saben que están frente a un médico al que no le interesa operarlas y punto y cobrar una suma. Hay personas que no aceptan un consejo y corren donde el cirujano que acceda a su capricho. Pero yo no lo hago.

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