Hemos deshumanizado la sociedad con pseudo derechos

El país vive días de crisis. Cambian las formas, los temas de interés y los actores. Sin embargo, muchas cosas que se perciben o denuncian como malas, incorrectamente definidas o ejecutadas, siguen siendo las mismas que generaron el estado de malestar. Ese que llamamos crisis.
Esta situación, generalizando, es la que podría resumirse en la explosión de manifestaciones de universitarios y secundarios. Expresiones que, más o menos violentas unas, pacíficas otras, incluyeron a la “familia extendida”. Abuelos y guaguas también desfilaron.
Diversas opiniones se han manifestado. No hablo sólo de educación. Ya el terremoto, con sus saqueos, hizo pensar que algo profundo afecta a la sociedad. Es algo que no podemos identificar con un grupo social ni económico. Como recordó Alejandro Guzmán Brito, historiador del Derecho, no es “lumpen” lo que aflora en cada expresión que termina violentamente, sea post terremoto, post partido de fútbol, post marcha por la educación. A lo menos no es el lumpen que Marx describió.
El fenómeno es más profundo. El descontento ha llevado a que se expresen, con violencia, aparentes derechos, una facultad subjetiva, una capacidad que los manifestantes, como individuos, creen tener y que aflora con fuerza grupalmente.
Llevamos mucho tiempo en que los énfasis se han puesto en los derechos, no en los deberes. Nos hace falta pensar más en el bien común. En ese estado en que obtenemos bienes, materiales y espirituales, de la vida en sociedad. Es necesario que retomemos conciencia de que solos no hacemos ni podemos nada, que necesitamos a los demás y que los demás nos necesitan a nosotros.
¿Qué diferencia al encapuchado que destroza el semáforo de la conductora del todo terreno que dobla sin importarle quién viene en sentido contrario? En ambos, hay una omisión de comportarse como personas civilizadas, en que cada uno tiene facultades y responsabilidades y en que nos cuidamos mutuamente y procuramos el bien-estar de los demás.
No es necesario que lleguemos al conflicto para darnos cuenta de que los derechos no deben ser ejercidos de manera tal que uno se detenga sólo ante la práctica, por otra persona, del mismo u otro derecho. El conflicto debiera ser la excepción y, para zanjarlo, están los jueces. Ellos, al resolver, no eligen un derecho como mejor que otro, sino que restablecen el orden jurídico re-armonizándolos.
Los derechos se entrelazan unos con otros y están llamados a ser ejercidos en una cierta armonía, puesto que todas las personas son el origen, el destino y los titulares de los mismos derechos. Y éstos no son sino la manera como las potencialidades de cada cual se actualizan para lograr el desarrollo personal y social, unos con otros, nunca sin ni contra el otro.
El vaciamiento secular que se ha hecho de la noción de derecho, desligándolo de la persona para llenarla con la idea de la fuerza, es algo que está detrás de la actual crisis. La noción de que lo jurídico es la fuerza física sin respeto a la personalidad de donde emana, hace que intentemos reemplazarla con otra fuerza. Todo es cuestión de definición o de redefinición, de otra ley. Total la norma aguanta cualquier cosa.
Hay que volver la mirada a la humanidad del hombre, aunque suene tautológico. Hemos deshumanizado las normas, la sociedad y hemos llenado un concepto precioso, derecho personal (otra tautología), con cualquier cosa: con pseudo derechos.
Carlos Salazar Sazo
Director de Derecho
Universidad San Sebastián

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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