Hepatitis fulminante: Peligro Latente

epatitis.jpgLos males del hígado pueden ser tan sutiles como violentos. De hecho se estima que una gran cantidad de la población chilena presenta alguna alteración en este órgano sin siquiera un síntoma. Pero cuando la enfermedad llega a aparecer, lo hace en forma devastadora. A veces sin tener una anomalía previa. En el caso de las hepatitis fulminantes las opciones son dos: reemplazar el hígado o la muerte.
Aunque no son muchos los casos que se registran en Chile, la hepatitis fulminante es una condición dramática que tiene sólo una solución: el trasplante. Si a eso sumamos que una intervención de esta naturaleza únicamente se puede llevar a cabo en centros especializados en la capital, el panorama se hace aún más oscuro. Un paciente de provincia está obligado a llegar a Santiago buscando una opción para sobrevivir.
Casos como la de una familia completa que padeció esta patología hepática tras haber consumido hongos silvestres o el de la joven mujer que adoleció de un cuadro similar por reiterada ingesta de un fármaco contra el acné, nos lleva a alertar sobre el complejo panorama que amenaza al hígado. El corazón es el más popular entre los órganos del cuerpo. Llaman a su cuidado e, incluso, tiene un mes dedicado a difundir lo importante de su salud. Pero, ojo. El hígado cumple más de 500 funciones en nuestro organismo, metaboliza medicamentos y purifica nuestra sangre, entre otras tareas esenciales. Los gajes de la vida moderna lo han convertido en un órgano vulnerable dentro de nuestro cuerpo asociado a la obesidad, la diabetes y los malos hábitos alimentarios.
Los médicos enfatizan que, si bien los casos de la patología hepática fulminante son los que más alcanzan notoriedad pública por lo urgente de un trasplante, también hay que pensar en los cuidados necesarios para que este órgano no se convierta en una bomba de tiempo. El hígado graso es una de las enfermedades asintomáticas que más se repite y asocia a la población obesa y cualquier especialista determina que habrá secuelas nefastas si la persona no se ocupa de ponerle atajo.

Fulminante

Tres personas de una familia en Curicó saltaron a la primera línea de las noticias el año pasado. Presentaban vómitos, dolor abdominal, ictericia (coloración amarillenta de la piel y mucosas) y encefalopatía (toxicidad del cerebro), condiciones que se enmarcan para diagnosticar una hepatitis fulminante aguda. Tras un paseo, llegaron a casa a cocinar los hongos que habían recogido y un día después eran trasladados a la capital con esta falla hepática. En junio pasado, una mujer de 27 años con signos parecidos figuraba en la prensa por requerir urgente un trasplante, tras declarársele una falla hepática fulminante provocada por el consumo de un remedio para el acné.
Fernando Riquelme, médico gastroenterólogo y especialista hepatólogo, explica que la insuficiencia hepática fulminante es una falla aguda que tiene múltiples causas y que se puede dar en una persona que mantiene un hígado sano previo. “Hay casos de hepatitis virales que se transforman en fulminantes, fármacos o sustancias naturales tóxicas que pueden llevar a desarrollarla. Se deteriora tanto la función hepática que la única opción es reemplazar el hígado. El problema está en la baja cantidad de donantes que hay para nuestra población y eso hace que estos casos, que no son tantos, alcancen notoriedad pública”, asegura el especialista.
Sin embargo, el deterioro del paciente es impresionante y no pasa inadvertido. Es una sentencia a muerte si es que dentro de las opciones no aparece un donante: se paralizan más de 200 funciones hepáticas, el órgano comienza a presentar necrosis y simultáneamente se inician fallas en todos los otros sistemas. “Se produce edema cerebral por daño hepático, se puede generar infecciones. Hay riesgo de hemorragias. Cuando se establece que hay un paciente en estas condiciones, debería ser trasplantado ya. Cada minuto que se espera, la persona se deteriora más, hay riesgo de complicaciones o, incluso, de que el trasplante no evolucione bien”, recalca el doctor Riquelme.
Ya sea de origen viral, alcohólica o por intoxicación por medicamentos, el período entre que se declara una hepatitis fulminante hasta una posible muerte es variable. El doctor Riquelme explica que puede tardar desde cuatro semanas, en el caso de las hepatitis agudas. Las que se denominan hiperagudas suelen tardar menos de una semana. Hay también algunas subagudas que se extienden hasta por ocho semanas.

Chequear los fármacos

El caso de Katherine Mondaca, la joven que sufrió la falla hepática por el consumo de un medicamento para tratar el acné, ratifica lo importante de la supervisión médica en el consumo de cualquier fármaco. Carlos Vallejos Mora, presidente regional del Colegio de Químicos Farmacéuticos recalca que “cualquier fármaco que se utilice en forma crónica va a repercutir en el hígado, ya que es en ese órgano donde se metaboliza el 70 por ciento de los medicamentos”. No sólo los excesos de remedios comunes como paracetamol, antiinflamatorios o antibióticos lo alteran, sino cualquier sustancia que se administre con frecuencia. La recomendación es que transcurrido un tiempo de medicación, el paciente se someta a una prueba hepática para ver cómo reacciona al fármaco y qué consecuencia paralela está generando.
La aparición de la hepatitis fulminante también se asocia a la evolución de las hepatitis A y B paras las cuales existe vacuna en el mercado. Ésta se puede proporcionar desde los 12 meses de edad y protege por un largo plazo, aunque en el caso de los adultos se recomienda dos inoculaciones.

Los otros males del hígado

Según estimaciones de organismos internacionales, en el mundo 2 mil millones de habitantes se contagiarán a lo largo de su vida con el virus de la hepatitis B, anualmente morirá un millón de personas a causa de cirrosis o cáncer hepático, 1 de cada 1.200 infectados morirá por una hepatitis fulminante, uno de cada 375 por cirrosis y uno de cada 75 por cáncer hepático.
Las causas hepáticas son la cuarta causa de muerte en las personas bajo 75 años en Chile y ha ido aumentando mucho últimamente por el factor “hígado graso”. “Esta condición va de mano con la obesidad, que en estos días es considerada una pandemia a nivel global”, argumenta el doctor Riquelme. El facultativo señala que hace unos años, el hígado graso no se consideraba de mayor importancia. Pero ya es hora de preocuparse. “Esto asociado a una inflamación o esteatopatitis puede desarrollar una cirrosis hepática en una persona no bebedora, que es lo mismo que desarrolla la gente que ingiere permanentemente alcohol”, aclaró.
En Chile hay una alta incidencia de daño hepático por alcohol, pero ha cobrado también importancia la existencia de virus que lo afectan y generan la hepatitis C. Son virus que se descubrieron recién en 1989 en el mundo y que en Chile se mide en los bancos de sangre a partir del año 93. “Como no se conocía antes, la gente que fue sometida a transfusiones o a uso de elementos sanguíneos pudo haber sido contaminada con este virus y aún no se da cuenta. La infección es prácticamente asintomática. No se da un cuadro típico de la hepatitis aguda, sino que aparece de pronto gente con avanzado estado de cirrosis y nunca supo que estuvo enferma. De hecho, en el mundo es la principal causa de trasplante”, acotó el doctor.

Se salvó

La periodista Claudia Farías padeció también un cuadro hepático que la llevó a hospitalizarse semanas. Tenía ocho años. No tiene claro por qué. Tampoco puede puntualizar si fue un episodio de hepatitis fulminante a causa de un virus, pero sí sabe que pudo haber pasado lo peor. “Recuerdo que la reacción del médico después de revisar los exámenes fue: ‘cómo se salvó’. Me acuerdo de la larga hospitalización y de los exámenes que me obligaban a tomar muestras de orina para ver cómo evolucionaba. Pero no mucho más. En todo caso, sé que fue severo y que de alguna forma he tenido que cuidarme siempre. En los actuales exámenes no tengo problema aparente”, explica.
Efectivamente, en ciertos casos de hepatitis fulminantes se advierte una mejora en la evolución y el órgano se recupera. En el caso de la familia de Curicó, el menor de 13 años afectado se sometió un tratamiento con carbón que le impidió llegar al extremo de trasplantarse. Historias como la de él representan un porcentaje ínfimo.
Es innegable que entre más cuidado se tenga con este órgano, manteniéndolo saludable y no exigiéndole trabajar más de la cuenta (sobre todo en un mes de fiesta como septiembre), existen mayores probabilidades de que una amenaza resienta menos su funcionamiento. En Chile no hay estadísticas precisas de los casos más severos y ya recalcamos que lo que más se evidencia son los episodios más dramáticos que logran mediatizarse. La tarea por ahora es prever los riesgos, estar alerta a los síntomas y fortalecer las políticas de donación de órganos para que los escasos pacientes que sufren las fallas, sobre todo en los casos fulminantes, tengan una opción de recuperarse.
Las hepatopatías no duelen. Los pacientes suelen confundir los ataques de vesícula biliar con el hígado.
Hay una sola condición donde se produce dolor en el hígado y es cuando hay falla cardiaca y el hígado se llena de sangre.

Directo a la cirrosis

El hígado graso es una enfermedad que produce daño asintomático. Las personas obesas o con sobrepeso que padecen esto lo más probable es que presenten una inflamación que empezará a generar daño constante debido a la necrosis de las células del hígado. Cuando la fibrosis adquiere un aspecto redondo se transforma en una cirrosis hepática, prácticamente igual a la que se produce a las personas cuando consumen alcohol. Pueden llegar, durante años y sin tener conocimiento de ello, a transformarse en un cirrótico con todas las características de esta enfermedad: hinchazón, aspecto amarillo y vómito de sangre en ciertas circunstancias.
“Es vital que la gente y también la comunidad médica, tome conciencia de este factor. Se debe alertar aún en la más mínima alteración cuando se detecta en un examen, pues se puede prevenir un montón de enfermedades. Lo más importante es que se puede revertir bajando de peso y manteniendo hábitos saludables de alimentación”, enfatiza el doctor Riquelme.

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