Hijas de víctimas arrinconan con preguntas a sus abuelas Femicidios: “¿Por qué no ayudaron a mi mamá…?”

En Chile, entre 2007 y 2012 ocurrieron 299 femicidios, y a esa estadística la Región aporta con 34. En este último grupo están los casos de Nicole Álamos y Daniela Cisternas, las hijas de Bélgica Álamos y Margot Zenteno, asesinadas en 2009 en Hualpén y en Dichato.  Uno de los agresores fue condenado a tres años y un día de libertad vigilada además del pago de una indemnización de 20 millones de pesos a la familia de la víctima; el otro, a 10 años y un día, pero en El Manzano se habría hecho evangélico para obtener beneficios extracarcelarios.  La directora regional del Sernam, Marissa Barro, asegura que están en contacto con las familias y con Gendarmería, y  “si por algún motivo se nos pasó algo, la familia llama a nuestros centros; si es necesario, nos contactamos con las máximas autoridades para que el condenado no pueda salir antes del cumplimiento de su condena”.

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Bélgica y Margot no se conocen; no creen haberse visto tampoco, una vive en Hualpén y la otra en Dichato, pero sus lágrimas se entrecruzan por el mismo y tremendo dolor de haber perdido a sus hijas a manos de sus respectivas parejas con apenas dos días de diferencia el mismo año: una, a Nicole, baleada con seis semanas de embarazo el primero de octubre de 2009 y la otra, a Daniela, la madre de Constanza, la nieta de 8 años que hoy le pregunta de manera insistente: “¿Por qué no ayudaste a mi mamá…?”
Daniela fue acuchillada a escasos metros de su casa, en el sector de Chacra Alicia, en Dichato, el 3 de octubre de 2009, después de haber sido golpeada en una fiesta y correr más de siete cuadras en busca de refugio. Lo halló en el antejardín del domicilio de su amiga Macarena Mella, pero cedió al llamado del padre de su hija, su compañero de curso en primero básico, y con 20 años terminó apuñalada. Sebastián Padilla Salas, de la misma edad, fue condenado a 10 años y un día, está recluido en El Manzano y Margot teme que pueda acceder a beneficios extra carcelarios como salidas dominicales o reclusión nocturna. “Su mamá me dijo que se había hecho evangélico sólo para eso, para hacer conducta”, y se conduele que -en casos como éstos- no haya mano dura para que cumplan “como dictaminó el juez, los 10 años adentro; a lo mejor nos faltó plata…”.
Nicole Nazaret Álamos Álamos tenía 18 años cuando su pololo la baleó. La niña estaba sentada en el brazo del sillón del living, en la casa de Daniel, cuando éste le disparó a un metro de distancia; en el tribunal alegó que fue un accidente, pero la tía y madrina de Nicole, María Álamos, asegura que “por culpa de esa yegua (polola actual y madre de una hija del agresor) mataron a mi sobrina”. Ese día, 29 de septiembre, Bélgica, su pareja y sus dos hijas menores habían ido a Yumbel a pagar una manda; la niña herida agonizó dos días y en el hospital, Bélgica se enteró de que sería abuela. Humberto Daniel Insulza Castillo (18) fue sentenciado a 380 días de pena remitida en el primer juicio que fue anulado y en el segundo, a tres años y un día de libertad vigilada además del pago de una indemnización de 20 millones de pesos a la familia de la víctima. Su madre, que hoy dice estar más tranquila, intentó varias veces quitarse la vida y aún en su dolor se compadece por el padre del agresor.
“¿De qué me sirve forrarme con $20 millones si no tengo a mi hija? Fui a hablar con el padre de Daniel, le pedí dos millones y que regularizara el pago de cuotas de la tumba en el Parque San Pedro para que me haga el traspaso. Lo vi harto mal, su señora se fue a Santiago y el hijo anda por Talca. Quedó de pedir un préstamo. Quiero cambiarles la lápida a ella y a mis padres. La de Nicole será de mármol y haré tallar una rosa negra y su nombre en letras góticas. A ella le gustaba lo gótico”, dice. Al igual que Margot, piensa que si hubiera dispuesto de algunos millones “habría conseguido que lo dejaran adentro. Si yo le hubiera disparado a él, me habrían secado en la cárcel ¿por qué a él no…?”.
En Chile, entre 2007 y 2012 ocurrieron 299 femicidios y a esa estadística la Región del Biobío aporta con 34. En este último grupo están los casos de Nicole Álamos y Daniela Cisternas, las hijas de Bélgica Álamos y Margot Zenteno, al igual que otros 14 casos que recoge la investigación “Causas y consecuencias de los femicidios ocurridos en la Región del Bío Bío durante los años 2009-2010”, para una tesis de grado del Magíster Comunicación Creativa que imparte la Universidad Católica de la Santísima Concepción. En los 16 casos consignados, la mitad de los agresores se suicidó tras cometer femicidio y los restantes o fueron sobreseídos -como en el caso de Ana María Muñoz Isla, en San Carlos, aunque su madre insiste en que fue atropellada por la pareja- o están cumpliendo condena en libertad asistida especial, como en el caso de Doris Quintana Silva (23), asesinada por su hijastro de 16 años, o condenados por delitos de homicidio simple, homicidio calificado y parricidio con condenas que van desde cinco y un día a 20 años. Con la nueva Ley de Femicidio habrían arriesgado entre 15 y 40 años de cárcel.
El mismo estudio para la UCSC revela que la muerte violenta de madre y padre o encarcelamiento del agresor implicó un total de 33 víctimas indirectas (hijos e hijas) en el periodo 2009-2010. De este número, 17 eran menores de 18 años en la zona de estudio que comprende 15 comunas: Coihueco, Santa Bárbara, Cañete, Tomé, Hualpén, San Carlos, Concepción, Quilleco, Lebu, Yumbel, Hualqui, San Nicolás, Curanilahue, San Ignacio y Quirihue. Muchos de los huérfanos quedaron a cargo de sus abuelos, por lo general pensionados o trabajando en empleos de emergencia, quienes han debido hacer maravillas con sus exiguos ingresos para sacar adelante a sus nietos con poca o ninguna ayuda del Estado.
El concepto “femicidio”, como queda establecido en la legislación chilena, puede sintetizarse como la muerte violenta de una mujer por el abuso de poder de género que se produce en el seno de una relación de pareja, actual o pasada. Por lo general el detonante son los celos. En Chile, con la creación del Servicio Nacional de la Mujer, en 1991, bajo el primer gobierno de la Concertación, comenzó a visibilizarse el fenómeno de la violencia intrafamiliar aunque ésta existe desde tiempo pretérito y culturalmente aceptado por nuestras madres, abuelas y bisabuelas. Hoy ciertamente las cosas han cambiado. O, mejor aún, las mujeres esperan que esta situación cambie y de manera radical. Por eso han empezado a denunciar.
En la Región, durante 2012, tres comunas encabezan las tasas más altas de denuncias por violencia intrafamiliar: Contulmo, con 48 denuncias y una tasa de 967,1; Los Ángeles, con 1.649 denuncias y una tasa de 807,1 y San Rosendo, con 29 denuncias y una tasa -indicador proporcional entre denuncia y número de habitantes- de 813,4.
En el ámbito nacional, la encuesta de victimización por VIF y delitos sexuales de 2012 del Ministerio del Interior y Seguridad Pública arroja que esta Región está por sobre la media nacional en prevalencia de violencia según las denuncias, con un 43,5 por ciento; le sigue Arica y Parinacota con 41,7 por ciento, y La Araucanía con 36,8 por ciento, aunque el Sernam Bíobío estima que “hay una cifra negra que no nos permite conocer la realidad”. Poco se sabe de lo que realmente ocurre en el segmento ABC1.
En cuanto a las siete condenas por femicidio -tanto frustrado como consumado- entre 2011 y 2012, ninguna fue inferior a cinco años. En tres causas que se dictó sentencia este año, las penas fueron desde 5 años y un día para dos casos de femicidio frustrado y de 9 años (tres circunstancias atenuantes) en un caso de femicidio consumado. Aquellos ocurridos durante 2013 en la Región se encuentran en distintas etapas del proceso penal: en investigación o bien en preparación del juicio oral “por lo que no tenemos datos todavía”, precisó Tatiana Ramírez, abogada del Sernam.
Margot Zenteno-1

Cruza los dedos

“Estamos terminando el año y solamente llevamos dos”, se felicita Marissa Barro Queirolo, la directora regional del Sernam, respecto de los casos de violencia extrema acontecidos en 2013. Cruza los dedos para que los guarismos se mantengan en la Región, porque “sin duda que los femicidios han disminuido a una cuarta parte desde que iniciamos las campañas en 2010 -de ocho a dos a la fecha- y me parece que todo lo que estamos haciendo va en el camino correcto”, dice.
A la campaña “¡Maricón es el que le pega a una mujer!”, con el fotógrafo Jordi Castell a la cabeza, se ha sumado una cuarta, bien llamativa también, que bautizaron “Me empelota la violencia”, con rostros televisivos como Diana Bolocco y su marido Cristián Sánchez, Emilio Sutherland y la jueza de Chilevisión, Carmen Gloria Arroyo, entre otros.
“Hemos llegado al corazón de las mujeres, hemos logrado que las mujeres hagan la denuncia -una mujer se demora en promedio siete años en denunciar- y las estamos empoderando para que se atrevan visibilizándoles nuestra oferta programática. No sacamos nada con empoderarlas si luego no tenemos las herramientas para apoyarlas, darles la protección necesaria. Tenemos el programa Chile Acoge y a través de ese programa, 13 centros en la Región, dos casas de acogida, un centro de hombres para reeducar a quienes ejercen violencia y acabamos de inaugurar un centro de agresiones sexuales, un fono ayuda violencia (800 104 008) y un plan nacional de prevención de violencia en contra de la mujer”, dice Marissa Barro.
En lo medular, el nuevo plan apunta a mejorar la red primaria de protección a las mujeres, conscientes que no puede haber un carabinero por cada agresor o víctima, y que el servicio no es lo suficientemente efectivo porque no son tantos sus funcionarios. “Queremos que la mujer pueda acudir a su red primaria de protección: vecinas, compañeras de trabajo, dirigentes de poblaciones, feriantes, presidenta de las juntas de vecinos; a ellos les entregaremos las herramientas necesarias para que puedan reconocer las primeras manifestaciones de violencia y, de esa forma, prestar un apoyo efectivo y oportuno”, precisa.
-En la mayoría de los casos de violencia extrema el agresor termina suicidado; pero cuando no, las familias de las víctimas reclaman porque “no se hizo justicia” ¿Cuánto está haciendo el Sernam para que se aplique todo el rigor de la ley?
Desde que ocurre un hecho de VIF, de connotación pública -consumado o frustrado-, el Sernam se hace parte siempre y cuando la víctima así lo quiera; no obtenemos el patrocinio a la fuerza. Nos acercamos a través de nuestros centros y habitualmente la ayuda es aceptada. Nosotros realizamos una buena labor de defensa en conjunto con la Fiscalía, hay una doble defensa. Eso en la parte legal y una vez que ofrecemos el apoyo de nuestros centros, la víctima recibe la ayuda de nuestra dupla sico-social. En caso que sea un femicidio consumado, este apoyo va para la familia. Estamos entregando un apoyo bastante integral y efectivo.
– La ley 20.048 de femicidios -del 18 de diciembre de 2010- y sus altas penas para los casos de femicidios íntimos: entre 15 y 40 años de presidio efectivo ¿ha contribuido al “escarmiento” de los agresores?
Sin duda la sola ley no basta. Es del 2010 y los efectos se van a ver a largo plazo, porque muchos de esos procedimientos aún están en curso. Como se trata aún de procesos es difícil dimensionar la efectividad de la nueva Ley de Femicidio. No me cabe duda que va a producirse algún impacto, pero tiene que haber un cambio cultural en el Poder Judicial, en los jueces que fallan, en definitiva, porque esto es un poquito subjetivo, se mide la subjetividad del agresor; el juez tiene que producir un cambio para que, en definitiva, las penas sean más altas.
-O sea, a tres años de promulgarse la ley no hay mucho avance…
Acabamos de obtener una sentencia de 5 años que nos deja conformes en un caso de femicidio frustrado, que fue confirmada por la Corte de Apelaciones de Concepción. Las penas van a depender de las lesiones que sufra la víctima, obviamente es más claro cuando el femicidio es consumado, pero ¿qué pasa cuando es frustrado?, si la víctima tiene un periodo de rehabilitación más o menos largo, probablemente la pena será más alta; si la víctima tenía buen estado físico y logró salir más o menos ilesa a pesar de las intenciones del agresor de causarle la muerte, la pena va a ser un poco más baja.
En los femicidios frustrados la pena es baja porque el juez considera que se trata sólo de lesiones graves o gravísimas. Estamos hablando de tres años, lo que reduce bastante la pena, pero si el juez lo considera un “femicidio frustrado” es mucho más alta.
En este caso que comento, y a pesar que la mujer se pudo reponer más o menos rápido y no tuvo un período de rehabilitación muy largo, el juez determinó que la intención que tuvo el sujeto fue causarle la muerte, estableció que era un femicidio frustrado y logramos una sentencia de 5 años.
– ¿El Sernam está atento a que las penas efectivamente se cumplan? ¿Revisa los beneficios de los condenados por VIF por femicidio o sólo le basta con que el agresor sea encarcelado?
Nosotros mantenemos una buena relación con aquellas mujeres que fueron víctimas de estas agresiones o con las familias, en caso de femicidios consumados. Estamos en contacto con ellos, con Gendarmería y si por algún motivo se nos pasó algo, la familia llama a nuestros centros para que nos pongamos en contacto si es necesario con las máximas autoridades de la Región para que el condenado no pueda salir antes del cumplimiento de su condena a la calle.
-Qué diría usted a aquellas familias que se quejan porque, en casos de femicidios, la autoridad llega junto con las cámaras de TV y luego “si te he visto, no me acuerdo”. Declaran sentirse en total indefensión.
Nosotros no nos desligamos de aquellas mujeres a las que les hemos brindado protección; no sé cómo sería antes. Nosotros nunca nos comprometemos a apoyar eternamente. Con aquellas mujeres víctimas de VIF se hace un trabajo reparatorio y luego de tres meses egresan de nuestros centros, las damos de alta. Frente a una futura agresión, pueden volver a ingresar, pero no pueden estar permanentemente porque no tenemos los medios para hacerlo.
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Globos blancos para su negra

El 24 de octubre Nicole Álamos habría cumplido 23 años y su familia fue a celebrarla al cementerio Parque de San Pedro. Llevaron una torta, bebidas, golosinas, serpentina; cantaron y, antes de regresar a casa, “soltamos 23 globos blancos que espero lleguen al cielo; así le celebré el cumpleaños a mi guagua que me enseñó a ser madre”, dice Bélgica. Y cuenta que las visitas se suceden para el día en que la balearon (29 de septiembre), el primero de octubre cuando expiró, el 3 de octubre cuando la fueron a enterrar, el 24 de octubre, día de su cumpleaños, y el 31 de octubre, cuando en el cementerio privado se realiza la ceremonia de la Luz. También llegan al camposanto en Pascua y Año Nuevo y en el Día del Niño.
“Es que yo le pedí a Nicole que me dijera qué iba a ser su guagua y en sueños me lo mostró. Mi nieto iba a ser hombre así es que lo bautizamos como Nicolás. Habría nacido el 2 de mayo; cuando vamos a ver a Nicole, a él también le llevamos sus juguetes de regalo para que sepan que no me olvidé de ellos”, dice.
Bélgica le agradece a la vida que hoy tenga a su lado a Mia Nicole, su nueva nieta, y cuenta que con 17 años, su segunda hija, Jetzemané, la hizo abuela. Con ella, dice, ha vuelto a sonreír; sacó las cortinas obscuras de la casa y está pendiente que la nueva pareja no se extralimite en sus discusiones, llegue a las groserías o a los golpes. “Soy capaz de acriminarme si toca a la Jetzemané; es suficiente que su padre, Fernando (hoy fallecido), me haya sacado la mugre y que a la Nicole le haya pasado lo que le pasó. Ahora estoy más tranquila y feliz; yo creo que el de arriba me liberó”, cuenta esta mujer que hoy trabaja como guardia en el Centro de Participación Ciudadana (CPC) en Hualpén, pero que a escondidas “sigo llorando por mi negrita”.

¿Por qué no ayudaste a mi mamá?

El tsunami del 27/F se llevó “el descanso” que la familia de Daniela Cisternas había construido a la subida del pasaje 1, en la esquina de calle Montserrat, en el sector de Chacra Alicia, en Dichato, para recordar el lugar donde murió. La niña había corrido más de siete cuadras, entre Villa Fresia y su casa para escapar del agresor; logró refugiarse en la casa de una amiga, pero al momento de la agresión fatal, y a pesar de sus gritos de auxilio nadie la ayudó.
Es lo que más le duele a Margot, su madre, ahora que Constanza, su nieta de 8 años, le pregunta de manera insistente por qué ella no la ayudó. “Y yo le contesto que el sueño me venció; me enteré de lo ocurrido cuando un joven me vino a avisar”, dice, con la mirada empañada. Estaba a cuatro casas de distancia y salió como estaba para encontrarse con el cuerpo de su hija tirado en la calle.
Fue un viernes y alrededor de las 22.30 horas Daniela le dijo que iba a un cumpleaños de una compañera de colegio. Por la hora, Margot le pidió que tuviera cuidado, que no la fuera a detener “el cabro” por ahí y ella la tranquilizó, porque iba a juntarse con sus amigas y amigos. “Lo que no me dijo es que iba a juntarse con él, que se iban a reconciliar. Esa misma noche, en la Villa Fresia, lugar de la fiesta, el agresor ya le había vuelto a pegar e insultado en la calle y Daniela, asustada, huyó en dirección a su casa, pero no alcanzó a llegar. La hizo salir de su lugar de refugio con engaños, que quería conversar sobre ellos y la hija de ambos; ella le pedía que la dejara tranquila, que ya no quería nada con él y eso lo enfureció. “Golpeó el portón, entró hasta el antejardín y la apuñaló. El cuchillo lo llevaba en la manga del chaleco…”, cuenta su madre.
Se conocían desde la escuela de Dichato. Ella avanzó en sus estudios y estaba haciendo su práctica como secretaria jurídica cuando la sorprendió la muerte. Él no despegó del primero básico, no trabajaba ni estudiaba. Pololearon 8 años y los padres nunca aceptaron esa relación. “No nos gustaba cómo la trataba: la insultaba, le pegaba y muchas veces llegó a la casa con machucones en las piernas, en los brazos. Pensamos que las cosas iban a cambiar después que nació la niña, pero fue peor… No sé si es porque estaba enamorada o por miedo, pero la Danielita no entendía; no entendió nunca”.
Aunque dice estar más tranquila, haber concluido el tratamiento sicológico y compartir con su nieta todos los fines de semana y feriados, las penas no abandonan a Margot. “La Constanza ha comenzado a hacer preguntas y este año, para el día de la madre, fue terrible: le trajo un regalito a Daniela, con una dedicatoria que hizo en el colegio y se lo dejó junto al computador donde tenemos una foto de ella. Nos hizo llorar a todos y yo quedé muy mal. Me dice que le hace falta su mamá Daniela para que vaya a las reuniones, a los paseos de cursos, aunque este año la acompañé yo…”.
Pero anticipa que la batalla final por esta niña “preciosa, alta, delgada y blanquita, igual a su madre” está por darse nuevamente en los tribunales de familia para su tuición. “Su abuela me ha dicho que ni ella ni nosotros podemos tenerla, porque tiene a su padre; no sé cómo será el asunto, pero la niña me pide quedarse con nosotros y yo le digo que el tribunal debe decidir. A mí ya me entregaron una vez su custodia, pero fue tanto lo que la otra abuela reclamó y molestó que opté por entregársela y someterme al régimen de visitas, pero ahora las cosas han cambiado, la niña está creciendo, haciendo muchas preguntas y decidida a quedarse con nosotros”.
Si la niña resuelve quedarse con ellos, su marido y ella han decidido que, desaparecidos ambos, “esta casa (de material, sólida y bonita) es para ella y Catalina, mi hija menor y de la misma edad de Constanza, las dos más chicas de la familia”. Un hogar, el mismo hogar de su madre para compensar en algo su tristeza.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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