Hugo Lavados en todos sus tiempos

Entre broma y broma, dice que sólo le falta trabajar en una isapre y en una farmacia para estar en todos los sectores polémicos. Hoy, se mueve entre la educación superior privada, la presidencia de una AFP y ostenta ser ex ministro de Economía de la misma Presidenta que hoy gobierna el país. Éste es Hugo Lavados en todas sus facetas.

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Hugo Lavados habla por etapas. Cuando se refiere a educación, lo hace pausado, y se le nota que piensa todas sus palabras. En economía se siente cómodo, y hace análisis sobre confianza empresarial y percepciones de mercado. Sobre las Administradoras de Fondos de Pensión (AFP) habla -irónicamente- de los marcianos y de los cambios, muy impopulares, que requiere el sistema para que las pensiones no sigan siendo paupérrimas.

Y ahí entonces es cuando se notan todos los Hugo Lavados: rector de la Universidad San Sebastián, presidente del directorio de la AFP Cuprum y ex ministro de Economía del primer gobierno de Michelle Bachelet.

Nacido en Talca, en agosto de 1949, este ingeniero comercial de la Universidad de Chile, sabe que la desaceleración de la que tanto se habla hoy obedece, y puede que en partes casi iguales, a factores externos y a los mensajes políticos que reciben hoy las empresas. Y por lo mismo, dice, que la peor noticia del último tiempo en Chile es la baja, por ya cinco trimestres consecutivos, de la inversión. “Si uno mira las declaraciones políticas, pero orientadas a lo económico, la forma de redinamizar la economía no va a ser del gusto de quienes quieren ocupar maquinarias de demolición u otras cosas”, dice refiriéndose a la tesis de la retroexcavadora sostenida por el senador Jaime Quintana. Y asegura que cualquier solución involucrará más mercado, pero no más Estado.

-En la última discusión presupuestaria, mucho se habló de financiar universidades que no eran estatales, pero sí cumplían un “rol público”, y ahí las universidades privadas no tomaron gran relevancia, aunque educan a alumnos vulnerables, ¿por qué no salieron también a pedir más apoyo?

El debate reciente tuvo que ver con cómo el Gobierno define sus prioridades del gasto público. La discusión ha estado centrada en dos temas. En primer lugar, en la manifestación clara de una  preferencia por las universidades estatales, y en eso estamos absolutamente de acuerdo con la posición que tienen la Universidad de Concepción, la Austral, las “Católicas”, en que se ha estado entendiendo que sólo lo estatal cumple un rol público en la educación, y yo creo que existen bastantes antecedentes como para pensar que ésa es una interpretación extremadamente estrecha que no aporta al desarrollo del sistema universitario. Y el segundo gran tema es que, mirado desde las perspectiva de las universidades privadas, uno de los centros de nuestra atención es que los estudiantes de esas universidades, como la San Sebastián, están siendo discriminados en el acceso de su financiamiento, por ejemplo, con las becas Bicentenario, que se incrementan para las entidades del Consejo de Rectores. 

-¿Y no piensan alzar la voz como universidades privadas?

Yo por lo menos la he alzado. Ahora, lo que ocurre es que ha habido una cantidad importante de frentes en el último tiempo. Y dado el proyecto sobre el cambio de ley en el sistema escolar, el debate sobre el financiamiento universitario puede pasar al segundo lugar.

-¿Qué le parece la idea de la educación universitaria gratuita que se ha prometido?

Yo creo que ya se está empezando a dejar de debatir ese tema como concepto. Uno tiene que tener algunas cosas de base, de soporte, y una de ésas es el cálculo aritmético. Si multiplicamos el número de estudiantes por el valor del arancel, los números no dan, desde la perspectiva que habría que entregar más de la mitad de lo que se ha pensado destinar a toda la educación en régimen con la reforma tributaria, y son cifras que no son posibles. Ahora, en realidad, el programa de gobierno, que es lo único que tenemos en cuanto a expresión, dice que se daría gratuidad en los primeros cuatro años y para el 70 por ciento más vulnerable. Si uno saca la cuenta de la estructura de los estudiantes en las universidades, llega a la conclusión de que esos alumnos son cerca del 40 por ciento del total, porque el 30 por ciento de segmento que corresponde a los ingresos más altos fácilmente llega a seis de cada 10 estudiantes, porque está sobrerrepresentado, son los que estudian en colegios particulares pagados los que sacan mejores puntajes.

-Y la primera parte de la Reforma Educacional, sobre educación pre, básica y media ¿le parece que va en la línea correcta?

En general, uno puede encontrar buenos argumentos para algunos de los temas que están planteados en los proyectos de ley actual. El proyecto de los “No” (fin al lucro, a la selección y al copago) parte teniendo un problema de diseño esencial, de hacer extremadamente difícil de comprender por qué se parte por ahí. Y segundo, tiene un problema muy complejo que lo señaló la Conferencia Episcopal, y es que es bien difícil entusiasmarse con un proyecto que son No, No, No. Yo creo que todos sabemos que en el largo plazo, si tenemos un sistema realmente de calidad y que acoja a todos con los mismos niveles, eso lleva a un sistema con predominio estatal y de mucha menor selectividad. La definición de no al lucro es netamente operacional, porque es bastante sin sentido el argumento que se ha dado, que es que puede tener mejor calidad si no tuviera utilidades, yo creo que ahí se metieron en un enredo, por la enorme cantidad de tipos de establecimientos privados y estructuras societarias. Ahí hubo, algunos dicen, poca calle. Tiendo a pensar para el otro lado, creo que hay mucho escritorio, mucho modelo, mucho computador. 

-Varios dicen que se terminó por satanizar el lucro en la educación, y que luego vendrá el turno de atacarlo en la educación superior, porque aun cuando está prohibido por ley, se conoce de casos que sí lucran por medio de sociedades. 

En lo del lucro en la educación superior también hay que hacer un paréntesis, porque la definición jurídica y técnica dice que lucro es cualquier utilidad que se obtiene de un negocio. Sin embargo, yo creo que las personas sienten que cuando se habla de lucro, es utilidad obtenida con alguna forma de abuso, ilegítima. En las universidades esto fue resuelto en 1981, cuando salió el DFL 1. Por lo tanto, no es asunto de una ley sobre lucro o no lucro, es de supervisión, que son dos cosas distintas. Y ésa va a ser una de las funciones de la Superintendencia. Y está bien, siempre que no agobie con requisitos administrativos y de control, que en definitiva salen más caros. Si en eso tienen razón las universidades estatales: que una parte de sus problemas tiene que ver con una ineficiencia inducida por los organismos administrativos. Ése sería el peor de los mundos. 

-Usted trabajó en el mismo gobierno que el entonces ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, y lo conoce bien, ¿cómo lo ha hecho ahora como ministro de Educación? 

Nicolás fue un muy buen ministro de Hacienda, pero no está teniendo un desempeño igual de brillante como ministro de Educación. La tarea en Hacienda no es fácil, pero creo que la de un ministro de Educación hoy en Chile es casi imposible hacerla bien. Ahí hay que hacer un juicio matizado, y no sólo sobre Nicolás Eyzaguirre, sino de las dificultades inherentes al cargo mismo. Creo que Nicolás al comienzo tuvo una actitud excesivamente confrontacional, de descalificar a todos los que no estaban de acuerdo exactamente con lo que se estaba planteando. Al final esa posición, que es intelectualmente de soberbia, sobre todo en política, genera mucho anticuerpo.

Actitud arrogante

¿Cómo ha visto el manejo económico de este gobierno?

En el plano económico, de lo que se ha presentado, lo que afecta en esencia a la economía y a su dinamismo depende de la inversión. Pienso que la peor noticia que ha habido en los últimos meses no es que el crecimiento del PIB haya sido muy bajo, o que la inflación haya estado algo por encima de la meta, sino es que llevamos varios trimestres consecutivos con lo que podríamos llamar una recesión en la inversión. La pregunta es por qué se produce esto. Hay una parte que no se puede cambiar, que tiene que ver con la finalización de un ciclo de inversión de proyectos en el sector minero; pero es indudable que una parte no menor de esta marcha atrás tiene que ver con incertidumbre y expectativa.

-¿Y ve un fin a esa incertidumbre?

Las políticas económicas que se han definido como reformas estructurales necesariamente provocan reacción, paralización o enfrentamiento. Hoy lo que observo no es enfrentamiento, pero sí parálisis, y eso se ve en las cifras de inversión, y no se sostiene el argumento que es por un frenazo que venía de antes o por el escenario internacional. Hay un porcentaje de factores externos, pero, después de todo, el precio del cobre no ha bajado tanto, y hay factores internos que este Gobierno tuvo que asumir, como el tema de generación de energía. Si no se destraba eso (aprobación de proyectos energéticos) podemos tener un mago como ministro de Hacienda o de Presidente del Banco Central, pero las cosas no van a mejorar. Pienso que el tema de la energía se tomó livianamente, sobre todo en el gobierno anterior.

Si un gobierno que tiene amplia mayoría no tiene por qué no poder hacer cambios, pero lo que debe tener en consideración son los efectos de esas reformas, y los efectos que estamos viendo en Chile no eran difíciles de prever, eran los que iban a ocurrir. Entonces a mí me causa sorpresa que cause sorpresa.

-¿Qué le pareció el proyecto de AFP estatal? ¿Soluciona en algo el problema de las pensiones en Chile?

Los resultados que han tenido los fondos han sido tremendamente buenos en su función esencial, que es administrar fondos de pensión, y los fondos están constituidos por ahorros de los trabajadores. Eso no va a cambiar ni con una AFP estatal ni con una extranjera, o si llegan administradores de Marte. Lo que puede cambiar es que se modifiquen ciertas reglas del juego con las que entraron al sistema. Si las normas de comportamiento de la institución estatal son distintas a como se guían las privadas va a haber una competencia que no es correcta. Son ventajas competitivas injustas e ilegales en algunos casos.

-Analistas y las propias AFP dicen que el sistema, en cuanto a rentabilidades, ha funcionado bien, pero, ¿por qué está instalada esa sensación de que las AFP nos roban, que las pensiones son bajas?

Por varias razones. Una, porque los promedios son muy bajos, por lo tanto, los fondos se acumulan lentamente, y quienes se han pensionado por las AFP, reciben pensiones extremadamente bajas y han generado pocos ahorros a lo largo de su vida. Naturalmente, esto también ha sido alimentado porque durante mucho tiempo quienes estuvieron en el sector de AFP tuvieron una actitud absurdamente arrogante. Estuvieron permanentemente diciendo que éste era el mejor sistema del mundo, que las AFP eran fantásticas, que nos estaban mirando desde todos los países, y que si existieran marcianos, nos replicarían el modelo. Yo creo que ésta es una actitud absurda, porque no se había percibido esta enorme insatisfacción de las personas con sus pensiones. Cualquier análisis tiene que partir reconociendo que las pensiones que se pagan en Chile son extremadamente bajas.

¿Y qué se necesita para revertir eso?

Corresponde decir que las bajas pensiones son por ahorros bajos, que la administración de los fondos, que es la única función que la ley le entregó a las AFP, se ha hecho bien, pero que los ahorros son insuficientes para financiar cualquier pensión. Y eso pasa aquí, en Pakistán, en Estados Unidos, o en cualquier parte del mundo. Y lo que hay que hacer se ha venido hablando hace tiempo, pero tiene dos problemas severos. Uno, no tiene efectos rápidos, y segundo, todas son malas noticias, es negativo decir y sincerar que hay que pensionarse más tarde y aumentar la tasa de cotización, y eso va a pasar en Chile, con el sistema que exista, pero va a pasar. 

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