Incompresible: cárceles y más…

Hace más de treinta años lo sabíamos un enorme problema, de gran magnitud, y así lo denunciábamos pública y privadamente. Cuando fundamos el Instituto de Criminología de Chile no fue por un mero antojo, dado que entre las principales razones estaba la penitenciaria. Ya las cárceles estaban abarrotadas y la sobrepoblación penal la sabíamos progresiva. Además, venía la Reforma Procesal Penal, con su carga de sueños e ilusiones, en gran medida tronchados al haber dejado fuera la experiencia. Hubo y hay personas e instituciones que jamás así lo entendieron.

En el eslabonamiento de la seguridad nacional e internacional, los conceptos de entorno y esencia carcelaria son fundamentales. En alguna ocasión, acá, en nuestro medio, se constituía la mesa regional de Seguridad Ciudadana. Asistí en representación de las universidades, y al no ver presente en aquella mesa a Gendarmería, solicité expresamente su presencia para evitar abandonar aquella Comisión Regional.

Lo que para nosotros es Gendarmería de Chile – un auténtico orgullo nacional- para el universo criminológico es el “tratamiento criminal”, dado que su quehacer no se agota en la reclusión, sino que se abre bastante a los conceptos de resocialización, criminología clínica, y, por cierto, tratamiento, en la fórmula criolla de: prevención (Carabineros), tratamiento (Gendarmería), control (Policía de Investigaciones). Nuestras fronteras mantienen una sobrepoblación penal atentadora, victimaria, que no permite transitar con esperanza por los senderos criminodinámicos de última generación. La política carcelaria es – a la fecha- un fracaso en nuestro país. Incluso conlleva promesas públicas incumplidas en su forma y fondo, partiendo por la dilatada entrega de otros recintos carcelarios. En nuestra ciudad El Manzano presenta hacinamiento, a más del cien por ciento de su población: debía haber algo menos de 1000 y hay más de 2000 personas recluidas en su interior. Así no hay tratamiento ni resocialización posibles. Sólo hacinamiento y promiscuidad, que se traducen en factores criminógenos, en tanto, favorecedores de más conductas criminales entre aquellos hacinados ¡Toda una escuela delictual!

La culpa no es de Gendarmería, sino del Gobierno y de su ausente política criminal (en general ineficaz) y penitenciaria (en particular equivocada). En realidad: carecemos de auténticas políticas criminales y penitenciarias. De cara a la inconsecuencia entre medios y fines, no podemos concluir otra cosa. Es que hace rato la seguridad hay que pagarla y las excusas de la autoridad se suceden en cascadas de ineficiencia, mientras la delincuencia y la criminalidad nos ahogan. Incomprensible…

Marcelo Contreras H.

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